Opinión | El ángulo
Será el calor, será el alcohol
El calor, el fútbol o las vacaciones pueden elevar el riesgo, pero no explican la raíz de una violencia basada en el dominio y el control

Minuto de silencio en Antequera por la mujer víctima de violencia machista. / Amanda Pinto
Cuatro mujeres asesinadas en un solo día. Y vuelve la búsqueda de explicaciones, que si la ola de calor, que si el Mundial de fútbol, que si las vacaciones, que si la convivencia durante el verano. Como si necesitáramos encontrar un acontecimiento extraordinario para comprender una violencia que, precisamente, tiene muy poco de extraordinaria. La evidencia científica existe y merece ser escuchada. Nos enseña que las olas de calor pueden incrementar determinadas conductas violentas. Sabemos que en el Reino Unido aumentan las denuncias por violencia machista tras las derrotas de la selección inglesa. Sabemos que las vacaciones, la Navidad o cualquier periodo excepcional de convivencia intensifican los factores de riesgo porque alteran las rutinas, aumentan el control sobre las víctimas y reducen sus espacios de protección.
Todo eso es cierto, pero una cosa son los desencadenantes y otra muy distinta las causas. El calor no convierte a un hombre en maltratador, un partido de fútbol tampoco. Ni unas vacaciones, ni la Navidad, ni una discusión familiar. Lo que hacen esas circunstancias es aumentar el riesgo cuando ya existe una relación basada en el dominio, el control y la violencia. El agresor estaba antes. Sin embargo, da la impresión de que necesitamos encontrar siempre una explicación coyuntural. Cada asesinato viene acompañado de un contexto como si el crimen necesitara de una circunstancia excepcional para resultar comprensible. No solemos construir así el relato de otras violencias. Cuando España sufría el terrorismo de ETA nadie explicaba un atentado porque hubiera llegado el verano, porque hiciera cuarenta grados o porque hubiera un partido importante. Se distinguía con claridad entre el detonante de un momento concreto y la ideología que sostenía la violencia. Entre el contexto y la causa.
¿Por qué cuesta tanto hacer esa misma distinción cuando es sobre violencia machista? Quizá porque seguimos mirando alrededor en lugar de mirar al centro del problema. Porque es más sencillo hablar de una ola de calor que de una cultura de la dominación. Más cómodo atribuir un asesinato a un episodio de tensión que asumir que hay hombres que interpretan cualquier pérdida de control como una amenaza a un poder que consideran suyo. Los estudios sobre el calor, el deporte o las vacaciones son útiles. Nos ayudan a identificar ventanas de riesgo y a reforzar la prevención precisamente cuando sabemos que el peligro puede aumentar. Pero no deberían desplazar la pregunta esencial.
Será el calor. Será el Mundial. Serán las vacaciones. Será cualquier alteración de la rutina que aumente el riesgo. Nunca serán ellos.
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