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Opinión | Lady K-Drama

Málaga

'Las hermanas': cuando el verdadero villano es el sistema

Las protagonistas de 'Las hermanas'

Las protagonistas de 'Las hermanas' / Netflix

Si has descubierto a Wi Ha-joon gracias a 'El juego del calamar' o acabas de reencontrarte con Kim Go-eun en 'El precio de una confesión', hay una serie que no deberías dejar escapar: 'Las hermanas' ('Little Women'). Pero cuidado: bajo la apariencia de un elegante thriller coreano se esconde una de las críticas más afiladas al poder, la corrupción y las élites que ha dado la televisión en los últimos años.

Porque sí, hay asesinatos, conspiraciones, dinero desaparecido y una inquietante sociedad secreta obsesionada con una misteriosa orquídea azul. Pero todo eso no deja de ser el envoltorio. La verdadera historia habla de otra cosa.

Tres hermanas en una compleja red

Las protagonistas son tres hermanas que han crecido en la pobreza y que, de un día para otro, quedan atrapadas en una compleja red de corrupción política, especulación inmobiliaria, dinero oculto y familias tan poderosas que parecen situarse por encima de la propia ley. A medida que la trama avanza descubrimos que el verdadero antagonista no es una persona concreta, sino un entramado donde el poder económico, político y social se alimentan mutuamente.

Uno de los grandes aciertos de la serie es precisamente ése. Nunca reduce el conflicto a un villano caricaturesco. La familia Won no domina únicamente porque tenga dinero. Domina porque ha conseguido convertir su posición en algo aparentemente natural, elegante e incuestionable. El lujo, la educación, el prestigio o la influencia funcionan como una armadura invisible mucho más eficaz que cualquier arma.

El misterio detrás una orquidea azul que se convierte en un símbolo de la élite convencida de que las reglas no fueron escritas para ella, sino por ella.

A partir de ese momento, la serie despliega una sucesión de alianzas, traiciones y secretos donde cada personaje debe decidir hasta dónde está dispuesto a llegar para sobrevivir. Y aquí es donde la ficción deja de hablar únicamente de Corea del Sur para empezar a hablar de cualquier sociedad contemporánea.

Una serie incómoda

El sociólogo Zygmunt Bauman describía la modernidad líquida como un tiempo en el que incluso aquello que parecía sólido termina disolviéndose. En 'Las hermanas' esa liquidez no afecta únicamente al dinero que desaparece en cuentas opacas o circula por sociedades pantalla. También alcanza a la confianza, la amistad, la familia y el amor. Nada permanece estable. Toda relación parece estar atravesada por intereses, deudas, favores o miedo.

Quizá por eso la serie resulta tan incómoda. No porque muestre personajes corruptos, sino porque plantea una pregunta mucho más inquietante: ¿qué ocurre cuando el propio sistema convierte cualquier vínculo humano en una negociación?

Mientras las tres hermanas intentan conservar aquello que todavía las mantiene unidas, el poder hace exactamente lo contrario: fragmenta, compra voluntades, enfrenta a unos contra otros y convierte la supervivencia en una guerra moral donde cada decisión tiene un precio.

Ése es, probablemente, el mayor logro de 'Las hermanas'. Nos atrapa con un thriller impecablemente construido, personajes memorables y giros que funcionan con una precisión casi quirúrgica. Pero cuando termina la serie uno comprende que la historia nunca trató únicamente de un dinero desaparecido, una familia poderosa o una extraña flor.

Trataba de algo mucho más cercano.

Porque los buenos K-dramas nunca hablan solo de Corea. Hablan del poder. De cómo se acumula. De cómo se protege. De cómo acaba infiltrándose en la política, en la economía, en la justicia y, finalmente, en las relaciones humanas. La ficción cambia los nombres y los escenarios. El mecanismo, sin embargo, resulta inquietantemente familiar.

['Las hermanas' está disponible en Netflix]

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