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Opinión | Málaga de un vistazo

Orillas huérfanas

El avance de las prohibiciones en las playas de Málaga ha conseguido eliminar una de las clásicas estampas veraniegas de litoral: los tradicionales juegos en la orilla

Playa de Pedregalejo de Málaga

Playa de Pedregalejo de Málaga / Álex Zea

Ser malagueño significa tener recuerdos de pequeño jugando en la playa. Recuerdo ir en el coche con mi padre, escuchando Tony Ronald, camino de La Misericordia y su legendaria alberca en La Térmica, ya por entonces abandonada, con la que se refrigeraba en su momento la Central Térmica de San Patricio. Por entonces, en la orilla, que me parecía como el doble de grande que ahora, jugaba con mi hermano a la pelota y a las palas. Ahora, en no pocas playas, y las nuestras entre ellas, está prohibido jugar a las palas en la orilla. Una actividad que ha formado parte inescindible de la imagen de las playas españolas en verano y que ahora escasamente se ve. ¿Tan molesto es para el resto de personas que haya gente jugando a las palas?

Una ola de prohibiciones

Es cierto que la ola de prohibiciones que nos acompaña desde hace algunas décadas se justifica, en muchas ocasiones, en nuestra falta de civismo y respeto, lo que puede comprobarse con la basura y, especialmente, las colillas que se siguen dejando en las playas al finalizar cualquier día de verano. Sin embargo, me pregunto si el tema de las palas es tan molesto como para que tenga que ser prohibido. La gente tampoco jugaba partidas de dos horas a un alto nivel. La mayoría de las veces se trata de un peloteo que no dura más de diez minutos.

Tengo la sensación de que queremos que la ciudad sea, cada vez, menos interactiva y más contemplativa. Mírame y no me toques. Comprendo que no se permitan partidos de fútbol en la orilla de una playa repleta de bañistas. Pero dos personas peloteando con dos palas no creo que vayan a provocar grandes molestias ni daños a terceros. Algún día tendremos que decidir si queremos una ciudad para disfrutar con ella o sólo para enseñarla.

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