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Opinión | Málaga en mi memoria

Otra revolución sexual

El viejo aforismo reza: «La mitad de la población mundial es mujer, la otra mitad son sus descendientes»

"Hombres y mujeres no somos enemigos naturales, somos necesarios, complementarios". Imagen de la película 'Tres mujeres'

"Hombres y mujeres no somos enemigos naturales, somos necesarios, complementarios". Imagen de la película 'Tres mujeres' / L.O.

¿Qué pasaría si las mujeres, en protesta por siglos de subordinación, nos negásemos a tener sexo con los hombres por un tiempo indefinido? Hasta que el respeto se mostrase equilibrado en la balanza de la ética y la moral. Si las mujeres sostenemos la mitad del cielo, como parece que un día dijo Mao Zedong, no entiendo el odio que suscitamos.

Ponte la mano como si fuera un catalejo delante del ojo y mírame a mí en el 411 a. C. en plena Guerra del Peloponeso. Voy con un quitón blanco y un zoné ajustado a mi cintura. Atenas y Esparta llevan décadas enfrentadas y estoy desesperada porque, en la guerra, todos pierden. Así que me propongo reunir a mujeres de distintas polis griegas, incluso de ciudades enemigas como Esparta, para proponerles mi plan de revolución. Enfoca ahora un poco mejor tu catalejo, porque el plan se está convirtiendo en algo que debería ser muy actual. Les propongo negarnos a mantener relaciones sexuales con nuestros maridos hasta que firmen la paz. Y ocupar la Acrópolis de Atenas, donde se guarda el tesoro público, para impedir que los hombres sigan financiando la guerra. Y sé que esto también es un sacrificio para mí y para todas, porque la abstinencia (atención) también es para nosotras. Y ahí estalla la verdadera revolución: reconocer que el deseo sexual de las mujeres también decide.

«Huelga de sexo»

Cierra el catalejo, ya no te va a hacer falta. Sí, soy yo en Atenas en los tiempos de Aristófanes, y una Lisístrata moderna en el siglo XXI. Se conoce como «la obra de la huelga de sexo», pero esto sería demasiado simplista. El sexo aparece como un recurso teatral para hablar del poder, la política y la irracionalidad de la guerra. Han pasado más de dos mil años y sigo haciéndome las mismas preguntas. ¿Qué ocurre con la obstinación de los dirigentes mundiales? Solo veo una vieja lógica de poder, históricamente masculina, alimentando conflictos. Los mismos que manchan nuestra cultura, asfixiando nuestra libertad de desearnos en paz. Esta es una revolución que sigue pendiente.

No se trata solo de mí, quiero volver a reflexionar sobre la pregunta que, en el fondo, se hizo Aristófanes en esta obra, Lisístrata, hace mucho tiempo: ¿qué ocurriría si quienes no tienen poder político encontraran otra forma de ejercer influencia?

Mi derecho a ser yo

Es lo que pasa hoy cuando verbalizo mi derecho a ser yo, mujer, respetada y completa; capaz, importante y segura, silenciada al día siguiente por haber expresado unos deseos distintos. Aunque, no hay nada que temer, no todas las mujeres podrían negarse a estas cuestiones, ni tampoco muchas querrían. Yo solo quiero recordar mi protagonismo absoluto, mi inteligencia viva y mi sentido común frente a la violencia. Hombres y mujeres no somos enemigos naturales, somos necesarios, complementarios. Lo que hiere a unos, acaba alcanzando también a las otras. Estamos destinados a entender que no podemos construir la paz sin el otro. Lisístrata es una estratega. No quiere abandonar su sexualidad, quiere vivirla contigo en paz.

La otra revolución sexual consiste en que ninguna mujer tenga que plantearse jamás una huelga de sexo para recordar que su deseo también decide. Solo entonces el respeto habrá encontrado el lugar que siempre debió ocupar en la balanza de la ética y de la moral.

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