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Opinión | Andà p’allá, bobo

Infantino como el rey emérito

Las críticas arrecian contra el presidente de la FIFA y su equipo después de las acusaciones de falta de transparencia y los planes económicos vinculados al Mundial

Los presidentes Aleksander Ceferin (UEFA) y Gianni Infantino (FIFA), en la Eurocopa de 2024.

Los presidentes Aleksander Ceferin (UEFA) y Gianni Infantino (FIFA), en la Eurocopa de 2024. / EFE

Como diría Luis Figo, son tan «sinvergüenzas» que siguen a la suya, es decir, chupando del cargo y haciendo ver que no ha pasado nada, que no han sido traviesos (por decir algo suave), infieles a la organización que dirigen, a las 211 federaciones que componen la FIFA y, sobre todo, como si nadie se hubiese dado cuenta de que les han pillado con las manos en la masa. En la masa de millones y millones de euros que pensaban llevarse y/o repartirse. El primero, cómo no, el más descarado de todos, el presidente, perdón, el aún presidente, Gianni Infantino, que se había puesto un sueldo de 30 millones de dólares anuales.

Digo que son tan descarados, tan sátrapas («persona que gobierna despótica y arbitrariamente y que hace ostentación de su poder», dice la RAE), que, sin temor de Dios (ni de nadie), se han reunido en un lugar demasiado sospechoso, Rabat (Marruecos), para asegurar que todo está bajo control y que el Mundial ha sido un éxito, especialmente, gracias a ellos.

Las preguntas de Figo que la FIFA no respondió

De ahí que hayan enviado una carta a las 211 federaciones, firmada por Mattias Grafström, secretario general de la FIFA, otro que tal, otro que, seguro, ya se había designado un sueldo similar al de Infantino en el nuevo orden mundial, en la que pedían disculpas y aseguraban que nada de todo eso volvería a ocurrir, en plan rey emérito. Se fueron a cazar elefantes y salieron en la foto, pero ellos ni pestañean.

Ni que decir tiene que en la reunión de Rabat no respondieron a ni una sola de las preguntas que Figo describió en su impecable carta: «Si era tan buena idea, ¿por qué no se lo dijiste a tus miembros cuando los tenías reunidos antes de la final del Mundial? Si se trataba de un plan tan sólido, ¿por qué no informar a sus miembros sobre los riesgos, así como sobre los beneficios que usted describe? Si el plan era tan obvio, ¿por qué no ser honestos sobre el hecho de que al final te iba a dar un trabajo de 30 millones de dólares al año?».

Pero nada de eso se hizo, ¿por qué? «Porque no es una buena idea. No es sólido cuando no se es transparente sobre las ganancias exorbitantes que siempre buscan las firmas de capital privado (…) Es demasiado tarde para salvar su dignidad (Gianni Infantino), pero no es demasiado tarde para salvar el fútbol. Debería irse. Ahora».

Los apoyos que mantiene Infantino

Ese es el punto que tiene a todo el fútbol con la boca abierta: nadie entiende, nadie, que Infantino, el tal Grafström y la colección de vividores que chupan de la FIFA, no hayan dimitido de sus cargos, devuelvan la VISA y se vayan a sus casas a vivir del y con el dinero que ya han acumulado a lo largo de los últimos años. Ya tienen suficiente, ahora que dejen que el fútbol tenga algo más de suerte y sabiduría para encontrar otros dirigentes, que no necesiten la ayuda de la familia Trump para seguir dirigiendo este negocio.

Si uno quiere ver de qué gente estamos hablando, solo tiene que repasar la lista de las federaciones que, de momento, han mostrado su apoyo a Infantino, pese a su trilerismo, ocultismo y maquinación para ser aún más rico, troceando y vendiendo el Mundial: Marruecos, Catar, República Democrática del Congo, Yibuti, Emiratos Árabes Unidos, Mauritania, Kuwait, Niger, Sri Lanla, Indonesia, Libano y Bután.

Como puede comprobarse. países punteros en el mundo del balompié. Es increíble, inexplicable y demuestra la catadura del máximo responsable de la FIFA que, tras semejante desaguisado, se reúnan en Rabat, se premien entre ellos y le prometan al mundo que no volverá a ocurrir. No volverá a ocurrir porque ustedes, si tuviesen un mínimo de decencia, deberían haberse ido hace ya muchos días. Demasiados.

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