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Opinión | La señal

Eclipse de la estrella verde

La Marcha Verde: España tuvo un plan de guerra contra Marruecos

José Luis Roca

La resaca del tsunami de Ceuta durará hasta la próxima gran ola, y volveremos a indignarnos como cada cierto tiempo si no hay respuesta por nuestra parte, como haría cualquier país que se precie, para disuadir de nuevas aventuras, y es que lo que sale gratis anima a repetir. Esta del 30 de julio, que por poco nos ahoga, tuvo más mala intención que la del 17 de mayo de 2021, y más muertos, incluso más que en la valla de Melilla en junio de 2022. Tanto la de hace cinco años como la reciente -y la Marcha Verde, de noviembre de 1975, y la ocupación del islote de Perejil de 11 de julio de 2002- son ingeniosos artefactos del régimen marroquí contra España, bueno, y la guerra de Ifni (1957-1958) también, y las bombas en Ceuta y Melilla, tan olvidadas y que, sin embargo, guardo en la memoria de los hechos vividos en mi ciudad natal.

Aquel 26 de junio de 1975 una explosión conmocionó la tranquila ciudad. Estalló entre el aparcamiento del Hotel La Muralla y la Comandancia General, y a las cuatro y media de la tarde otra detonación en la Comandancia de Marina, que entonces se encontraba en la calle Calvo Sotelo 26. El explosivo fue colocado en el portal, alcanzando a dos trabajadores, y uno de ellos murió. Años más tarde, el 24 de octubre de 1978 estalló otra bomba en el Paseo de Colón, resultando herido un inspector de Policía. El atentado lo reivindicó un supuesto ‘Frente Patriótico de Liberación Marroquí’, ¡buah! Y las bombas de Melilla, del 27 de junio de 1975 en la cafetería Metropol -con otro muerto-, y la que les estalló a dos terroristas, también muertos, cuando se dirigían a los depósitos de Shell. No sigo porque no tengo más espacio, no porque los reinados ayer de Hassan II y hoy de M6 no sean pródigos en desafectos a España y los españoles. Pero Marlaska y compañía le agradecen a Marruecos su inestimable colaboración en la reciente crisis, es de bien nacidos.

Un día de estos escribiremos de los políticos invitados a conocer Marruecos y así estrechar lazos… ¿cómo se dice, culturales?, o de la Universidad Hassan I, en Settat, también muy atractiva para los juegos troyanos, precisamente en marzo falleció uno en Málaga, pero quedan otros en activo, y durmientes, claro.

Pese a todo, Óscar Puente critica al Rey por saludar en Colombia a Javier Negre, al que tilda de ultraderecha el ministro de Transportes de Adamuz, aunque no dijo nada en su día cuando el mismo Rey saludó a Pablo Iglesias, gerifalte de la extrema izquierda, igual que el exalcalde vallisoletano, ni tampoco de los herederos políticos de ETA, ya en el colmo del arco parlamentario. ¡Qué dos varas morales de medir! Esta pesadilla que vivimos resulta ya demasiado larga y parece escrita por Stephen King.

Ahora bien, Mariano Ruiz Araujo, posiblemente candidato socialista a alcalde en Málaga, va a poner fin a la escabechina de dirigentes socialistas que, uno tras otro, han caído frente a Paco de la Torre, estoy seguro. Más me preocupa Josele Aguilar, jefe de filas de las malheridas huestes sanchistas -blasón que quedará en su currículo para los restos-, que no comparece en combate, y es que es mucho riesgo y el partido con un derrotado al frente proyectaría una estética desarreglada, que pierdan otros.

Tampoco debe dejarse de reseñar el comisariado que se empeña en visar las estatuas del puerto de Málaga, otra aduana ideológica más. Desde luego, lo que ha sido un éxito, y casi lo olvido, fue el «piquete informativo» para que Plaza Mayor no abriera por las noches y no sentará ese nefasto precedente de un centro comercial, ¡pero a dónde vamos a llegar en una ciudad turística!, y es que los piquetes y su política de comunicación siempre han sido muy convincentes. Y se nos ha ido Fernando Bandera Doblas, quien fue presidente de los consignatarios de buques, interesante observador del paisanaje desde aquel Gorki de Strachan, tertulia a la que se sumaba su gran amigo Jerónimo Pérez Casero y otros ilustres paseantes. DEP. Clara Janés escribió allá por 1973:

Vemos sin ver y en la tiniebla estamos.

Somos y somos lo que no sabemos.

Hay en nosotros de la llama viva

solo un reflejo.

Caen los días en otoño eterno.

Pasan las cosas entre sueño y sueño.

Llega la noche de la muerte. Y calla

nuestro silencio.

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