Opinión | Tribuna

Catedrático emérito de la UMA
Cangrejos en la UMA
La Universidad de Málaga pretende amortizar ocho de las quince plazas de profesorado ya adjudicadas en el área de Pediatría de la Facultad de Medicina

Facultad de Medicina. / Álex Zea
Con impotencia y tristeza me comunican que el Equipo Rector de la UMA ha cambiado, una vez más, las reglas del juego mientras se juega el partido y, como consecuencia, estamos en riesgo de perder la mitad de los profesores contratados el curso pasado en la que fue mi Cátedra de Pediatría en la Facultad de Medicina hasta hace dos años.
Les pongo en antecedentes.
La UMA arrastra desde su creación, como universidad joven que es, un déficit crónico de profesorado, más en unas áreas que en otras, que poco a poco y con el paso de los años se ha ido paliando. Carencias que sin embargo permanecen especialmente sangrantes en las áreas clínicas, con ratios profesor/alumno sonrojantes para una universidad moderna. El problema es evidente y doloroso en la Facultad de Medicina, por la idiosincrasia propia y casi única de profesores médicos ejerciendo como especialistas clínicos, a tiempo completo y con dedicación exclusiva en su mayoría, en hospitales y centros de salud de nuestra provincia. Para que quede claro: dando prestación de asistencia sanitaria a la población que la precisa, y docencia práctica en el lugar donde se realiza el acto clínico con el enfermo. En un único espacio y tiempo. Aparte las clases teóricas en la facultad, que debe obligatoriamente compatibilizar con su trabajo. De aquí su limitación de horas docentes, cosa que el profesorado permanente de la UMA no tiene.
Aquella Facultad de Medicina que costó tanto esfuerzo levantar, con la ayuda nunca suficientemente reconocida de eminentes médicos que trabajaron en y por Málaga en aquellos años iniciales de la UMA, y que nos trasmitieron su saber y experiencia en las decimonónicas aulas del Civil, y de la que hoy presumimos con justo orgullo los malagueños; esta en la que hoy estudian nuestros hijos y nietos teniendo como profesores, en muchos casos, a los profesionales que nos atienden en el Regional – Carlos Haya-, Clínico – heredero del Hospital Civil – o Materno Infantil. O en cualquiera de los centros de salud y hospitales de la provincia, incluyendo Antequera, Marbella, Ronda, Vélez y otros. De estos hospitales y centros de salud procede hoy el profesorado de la Facultad de Medicina de Málaga. Y este profesorado, que antes forzosamente había de venir de fuera – cómo fue mi caso y el de tantos otros que me precedieron - al fin, empieza a ser malagueño y formado en su universidad. Un gran paso adelante.
El anterior Equipo Rector hace ahora unos dos años solicitó de las distintas Áreas Clínicas, como es preceptivo, sus necesidades de profesorado. Y así se hizo, con luz y taquígrafos previo aval de los Consejos de Áreas – cátedras - y departamentos implicados, más el preceptivo informe positivo de la Junta de Gobierno de la facultad de Medicina – Decanato -. Al jubilarme por imperativo legal y no tener profesorado permanente adscrito al Área de Pediatría -estamos en ello - la carga docente pasó a profesores contratados y ayudantes doctores, lo que se solvento – y así lo firmó y aceptó la UMA – con la contratación de profesores con dicho perfil. Una vez convocadas, adjudicadas y firmadas las plazas es cuando, en Junta de Gobierno, el Consejo Rector de la UMA se desdice de lo firmado y pretende amortizar, entre otras, ocho de las quince plazas ya adjudicadas a nuestra área. Dos pasos hacia atrás.
Es muy difícil avanzar así.
Por último, y sin ánimo de polemizar, pero sí de que la verdad llegue a través de este medio, les digo que la pensión mensual de un catedrático jubilado de la UMA con más de cincuenta años de asistencia clínica en el SAS supone – chispa más o menos, como decimos aquí -lo que cobran los ocho profesores – todos ellos profesionales de reconocido prestigio – cuyas plazas la UMA considera amortizar.
No hagan cuentas 2.667 euros, es decir unos 300 euros mensuales por profesor. Si yo fuera una universidad privada me lo pensaría. Pero no lo soy, y a las madres se las quiere incluso cuando, a veces, se comporten como madrastras.
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