Opinión | Lady K-Drama
'Acaramelados': la comedia maldita de Ha Young dentro y fuera de la serie
Mafia, amor y amnesia dentro de la ficción; bullying, herencia y lealtad fuera de ella: una comedia que no deja de incomodar

Los protagonistas de 'Acaramelados' / Netflix
Hay semanas en las que una empieza una serie y sabe perfectamente que vas a escribir sobre ella. Y luego están esas otras en las que una empieza dos series a la vez, se mete en sus tramas hasta las cejas y acabas preguntándote cómo demonios vas a salir de ahí.
Esta semana tenía dos candidatas: 'El Palacio del Este' y 'Acaramelados'. La primera me tenía especialmente entretenida pero de pronto recordé que su protagonista, Joo Hyuk, arrastra una polémica de hace unos años que merece ser contada con cuidado. Me tomé mi tiempo porque no quería escribir sobre un personaje sin contar también de dónde venía el actor que lo interpreta, pero tampoco quería que la historia quedara reducida a aquello.
Así que decidí dejarla reposar.
Y me fui con 'Acaramelados'.
Mala decisión si lo que pretendía era encontrar una serie sencilla de la que escribir, porque 'Acaramelados' sencilla no es precisamente.
Un espléndido reparto
Empezando por su reparto. Ha Young ya me había gustado muchísimo en 'Doona!', 'Novio a la carta' y 'Héroes de guardia', y aquí vuelve a demostrar que es una actriz con una capacidad enorme para cambiar de registro. Jung Hae-in tampoco necesita demasiadas presentaciones para quien haya seguido el drama coreano: 'Start-Up', 'Una noche de primavera', 'Amor en la puerta de al lado', 'Bajo la lluvia'... Es de esos actores que una reconoce inmediatamente aunque cambie por completo de personaje.
Y luego está Kim Young-ok.
La señora.
A sus 88 años sigue trabajando, sigue estudiándose sus diálogos y sigue actuando con una naturalidad que ya quisieran muchos actores bastante más jóvenes. Eso sí, yo tengo una relación complicada con ella porque cada vez que aparece en una serie suelo terminar llorando como si me hubieran atropellado emocionalmente.
Todavía recuerdo lo que lloré con 'El amor es como el cha cha cha' o con 'Mañana'. Así que cuando la vi aparecer en 'Acaramelados' pensé: "Estupendo, aquí también viene a hacerme sufrir". Y, efectivamente pasé algún que otro susto.
Pero vamos con la serie, que tiene tela.
Comedia romántica con polémica desde su argumento
'Acaramelados' empieza con una escena que no parece precisamente el comienzo de una comedia romántica. Una mujer recibe una paliza y una tortura brutal a manos de unos gánsteres. La dan prácticamente por muerta y entonces aparece él: un gánster guapísimo, que no sabemos por qué, bueno yo si, decide salvarla, llevarla a un hospital y esconderla en su pueblo. Como la mujer ha perdido la memoria y no tiene familia que pueda reclamarla, él construye para ella una identidad nueva y le hace creer que es su novio.
Y aquí ya tenemos el primer pequeño problema de la serie y que levantó muchas voces.
Porque sí, lo hace para protegerla. Pero sigue siendo manipulación.
Ella no sabe quién es. Él sí sabe quién es ella. Ella no sabe qué le ha ocurrido. Él conoce la historia. Ella cree que está viviendo una vida que no recuerda, mientras él decide qué parte de esa vida puede conocer.
Que sus intenciones sean buenas no convierte automáticamente sus métodos en buenos.
Y eso me parece interesante porque la serie juega constantemente con esa frontera entre lo que podemos comprender y lo que podemos justificar.
Memoria e identidad
Go Eun Sae, una fiscal exitosa, materialista y un poco petarda, pierde la memoria y de repente tiene que reconstruirse prácticamente desde cero.
Y aquí aparece una de las cosas que más me gustan de la serie: la amnesia no sirve únicamente para esconder información al espectador. También permite preguntarnos qué queda de una persona cuando desaparece la identidad que se ha construido durante años.
Porque la fiscal brillante, ambiciosa y desagradable sigue siendo ella.
Pero también lo es la mujer que empieza a relacionarse con la gente del pueblo, a descubrir otra forma de vivir y a recuperar determinadas partes de sí misma.
Y mientras ella intenta descubrir quién es, él lleva catorce años enamorado de ella.
Catorce, no diez, no seis, catorce años.
Esto es importante porque el muchacho ya no está enamorado: está amortizando una hipoteca emocional.
Se conocieron mucho tiempo atrás, cuando el boxeaba, años después se encuentran fyera de corea y el adquiere una deuda con ella, que promete pagar.
Pasaron juntos aquella noche, aunque siendo coreanos podemos decir que estuvieron a punto de darse un beso y poco más, no llegan a intercambiar prácticamente nada.
Y él se quedó enamorado de ella durante ocho años más.
Pero aquí comienza la chicha: la mujer a la que él recibe la orden de hacer desaparecer es precisamente aquella chica. La reconoce, ella a él no y decide devolverle la deuda que llevaba catorce años esperando saldar.
A partir de ahí tenemos corrupción, mafiosos, un alcalde metido hasta las cejas, una fiscal que estaba investigando a toda esa gente, un boxeador que acabó convertido en gánster, un pueblo lleno de personajes maravillosos y una historia familiar que, cuando finalmente se descubre, parece escrita por alguien que tenía un serio problema con la felicidad de sus protagonistas.
Porque esta serie es una auténtica tragedia griega disfrazada de comedia romántica.
Hay secretos familiares, abandono, orfandad, corrupción, niños desaparecidos, identidades ocultas y un pasado que termina alcanzando a prácticamente todos los personajes.
Y, sin embargo, me he reído muchísimo viéndola.
Ese es probablemente uno de sus mayores encantos.
Puede tener una escena angustiosa y, poco después, aparecer alguien del pueblo haciendo una absoluta barbaridad y devolvernos a la comedia. No son dos series pegadas una encima de otra: la propia exageración de la tragedia termina generando situaciones disparatadas.
Por eso empecé a pensar que 'Acaramelados' es, en realidad, una comedia maldita.
No porque sea mala. Todo lo contrario.
Porque parece que cada vez que la historia está a punto de concederle cinco minutos de tranquilidad a alguien, aparece una nueva desgracia.
Y controversia también fuera de la trama
Y cuando ya creía que no podía meter más cosas, la serie todavía tenía otra sorpresa.
Y entonces apareció la realidad: justo cuando pensaba escribir sobre Ha Young, saltó la polémica relacionada con su bisabuelo y su vinculación con el régimen colonial japonés y aquí tuve que pararme. Porque una cosa es hablar de la serie y otra muy distinta juzgar a una actriz por algo que hizo un antepasado suyo.
Yo puedo entender perfectamente que se investigue el pasado de una familia si existen dudas sobre patrimonio adquirido ilegítimamente. Si alguien heredó bienes obtenidos mediante apropiación indebida, eso se puede investigar y, si corresponde, reclamar o expropiar.

Una imagen de 'Acaramelados' / Netflix
Pero la responsabilidad no se hereda por sangre.
Una persona no es responsable de los actos de su bisabuelo. Ni tiene que pedir perdón por ellos. Ni tiene que demostrar públicamente que condena a un familiar muerto para que el público considere que es una persona moralmente aceptable.
Y digo esto con bastante claridad porque, si una se pone a escarbar en los árboles genealógicos, probablemente encuentre más de un hecho o alguien cuestionable.
No sabemos necesariamente qué hicieron nuestros bisabuelos, algunos no conocen ni su nombre. A veces ni siquiera sabemos bien qué hicieron nuestros abuelos. Hay familias que hablan de determinadas cosas y familias que las esconden. Hay personas que mueren sin haber contado prácticamente nada de su vida.
Yo misma conozco historias familiares que descubrí escuchando conversaciones que no estaban destinadas precisamente a mis oídos.
Y eso me hace pensar que hay una pregunta bastante incómoda: ¿hasta dónde llega nuestra responsabilidad por aquello que hicieron nuestros antepasados?
Para mí, hasta nuestros propios actos, ni un centimetro más allá.
Otra cosa sería que una persona justificara aquellas actuaciones, las reivindicara o se beneficiara actualmente de ellas de una manera que pudiera ser cuestionable. Ahí estaríamos hablando de otra cosa; pero exigirle a alguien que responda moralmente por un bisabuelo me parece convertir la genealogía en un tribunal.
Y lo curioso es que 'Acaramelados' también habla, a su manera, de algo parecido: de lo fácil que resulta construir una identidad sobre una persona a partir de una parte de su historia.
Sí, más polémicas
Y ahí aparece la segunda parte de esta comedia maldita.
Porque mientras estaba pensando en todo esto, también estaba pensando en 'El Palacio del Este' y en su protagonista y, en cómo hace unos años aparecieron acusaciones de bullying escolar contra Joo Hyuk justo cuando su carrera parecía estar despegando. Él lo negó, su agencia también, pero es que además aparecieron profesores y compañeros que negaron las acusaciones y salieron públicamente en su defensa.
Y entonces pensé que quizá había algo mucho más interesante que contar que simplemente quién tenía razón o quién no.
Y el espectador, ¿qué debe hacer?
¿Qué hacemos con una obra cuando conocemos algo polémico sobre la persona que aparece en ella?
¿Tenemos que dejar de verla?
¿Tenemos que exigirle a un actor que se pronuncie sobre cada cuestión política o social?
¿Tiene una persona famosa una obligación especial de significarse porque dispone de una plataforma mayor que la de cualquier otro ciudadano?
Y aquí volvemos otra vez a 'Acaramelados'.
Porque también Jung Hae-in ha quedado envuelto en polémicas ajenas a la serie, en este caso por su apoyo público a su amigo Kim Soo-hyun durante una crisis personal que generó una enorme reacción pública.
Y aquí me interesa separar las cosas.
Apoyar a un amigo que está atravesando un momento personal terrible no significa necesariamente apoyar todas sus decisiones ni todas las acusaciones que puedan existir alrededor de él.
Y, sin embargo, en las redes sociales parece que cada vez resulta más difícil aceptar esa diferencia: o estás con alguien o estás contra él; o condenas o apoyas; o eres bueno o eres malo. La misma lógica que aplicamos a los personajes de una serie la aplicamos después a las personas reales.
Y quizá por eso esta 'Acaramelados' me ha resultado tan curiosa.
Porque hasta dentro de la propia serie tenemos personajes que hacen cosas cuestionables por motivos que podemos entender. Él manipula la realidad de una mujer amnésica para protegerla.
Es comprensible. También está mal.
Él se convirtió en gánster por amor a su abuela. Podemos entenderlo, pero sigue siendo un delincuente y la serie juega a veces peligrosamente con esa idea de que basta con darnos una razón emocional para que romanticemos y perdonemos automáticamente aquello que hacemos. No, comprender no es justificar y quizás esa sea la mejor manera de acercarse también a las polémicas que rodean a quienes trabajan en la industria.
Podemos entender una situación sin convertirnos en jueces. Podemos cuestionar una conducta sin convertir a una persona entera en esa conducta. Podemos disfrutar de una interpretación sin convertir al actor en su personaje. Y podemos disfrutar de una serie y, al mismo tiempo, señalar aquello que nos parece problemático dentro de ella.
Al final, 'Acaramelados' ha resultado ser exactamente lo que no esperaba cuando empecé a verla: una historia de mafiosos, corrupción, amnesia, amor, boxeo, tragedia familiar y pueblo costumbrista que consigue hacerme reír mientras me mete debajo de la alfombra unas cuantas preguntas bastante incómodas.
Y, por si todo esto fuera poco, ha terminado haciendo que escriba sobre ella mientras pienso también en 'El Palacio del Este'.
Una comedia maldita, vaya.
Nos vemos la próxima semana con 'El Palacio del Este'.
[Acaramelados está disponible en Netflix]
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