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Opinión | Málaga de un vistazo

Playas fecales

Bandera roja en las playas malagueñas.

Bandera roja en las playas malagueñas. / L.O.

El plan alternativo en esta semana de feria, para quienes prefieren algo más tranquilo y sosegado, es la playa. Históricamente hemos sufrido una injusta comparación con las playas de la costa gaditana, cuya arena no quema y no te deja los pies como si vinieras de trabajar en un polvero. Y sí, aunque suene mal, hay quienes opinan que tenemos unas playas de mierda, a excepción de las de Maro. Pero ahora lo son, literalmente. Se ha tenido que cerrar la práctica totalidad del litoral de la capital malagueña por contaminación fecal, mientras el Ayuntamiento, fiel a su principio rector de no hacerse cargo de nada y culpar al destino de todo, achaca este incidente a la tormenta del pasado sábado. Como mucho, si se cumplieran los veteranos deseos de Juan Luis Guerra, podría culparse a la tormenta de que lloviera café en el campo, pero no de esto. Aunque, pensándolo bien, culpar a la tormenta de una contaminación fecal supone admitir que hay un problema importante de infraestructura, sobre el que no he oído autocrítica alguna. Me parece un buen síntoma del mal que nos persigue: Málaga hace tiempo que sólo se preocupa de las apariencias, de poner bonito el Centro, y poco más, pero no afrontamos los problemas de fondo. Y así estamos, con un Centro muy bonito pero unas playas impracticables. Y no quiero caer en la falacia del falso dilema. No hay que elegir entre adecentar el Centro o mantener en un estado razonable de salubridad las playas. Ni elegir entre las luces de Navidad o arreglar los problemas de aparcamiento. Es posible hacer ambas cosas, pero hace falta voluntad política y apostar por una ciudad para vivir y no sólo para mostrarla. Una ciudad a la que podamos abrazar sin miedo a que se rompa.

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