Opinión | La señal
La otra orilla tras la niebla
Aquí tenemos playas, aunque contaminadas, hasta seis clausuradas durante la Feria, para que la gente vaya al Real y la fiesta no decaiga, y olé

Caballistas en la Feria del Real / Álex Zea
Desde La Mareta estoy de acuerdo en que las cosas se ven de otra forma. Desde Ceuta, también. Sobre todo, si en Lanzarote estás rodeado de guardias civiles para que no te pase nada. A los caballas, sí les faltan guardias civiles y policías. El CGPJ ha tenido que reforzar el servicio de guardia y el juzgado de Violencia sobre la Mujer ante la crisis migratoria y el incremento de agresiones sexuales, y es que en menos de 15 días nueve casos, pero no hay que relacionar una cosa y otra, en absoluto. Bueno, y un detenido con antecedentes por delitos de terrorismo, que tampoco se me ocurre que tenga relación con nada, ni consigo mismo.
Que el Gobierno no haya querido defender nuestras fronteras por los motivos que sean parece claro, y no ya esta vez sino otras, pero creo obligado decir que, si el Reino Unido y la UE han negociado un modelo muy singular para un territorio, Gibraltar, cuya soberanía reclama España desde hace tres siglos, ¿no le ponemos en bandeja a Marruecos -aunque no tengan ni por asomo que ver, por supuesto, Ceuta y Melilla con la Roca- un debate sobre un status propio de las dos ciudades españolas y el reino alauita? España debió negarse a ese acuerdo que, además, no negoció, eso también es ceder soberanía y no pensar en la otra orilla tras la niebla.
Lo que no me sorprende es que nuestros diputados y senadores no rindan cuentas a sus electores y no les digan qué piensan hacer en una situación tan grave para España; no planteo que suspendan sus vacaciones parlamentarias, ni se me ocurriría, ¡vive Dios!, pero en septiembre al cole, digo a las Cortes, para dar a luz leyes de emergencia nacional por la inmigración y contra el tumor del narcotráfico que ya hace metástasis. Eso sería responder a la situación, lo que no sé es si resulta demasiado para las costuras del traje que nos hemos hecho.
Pero el almuerzo, en La Titi, Muelle Gallinera, propicia el debate sobre los últimos datos - obtenidos por Gallup en 2024 y difundidos por Sigma Dos- sobre un asunto cada día más pertinente: el 53 por ciento de los españoles no estaría dispuesto a luchar por su país en caso de conflicto bélico, mientras que solo un 29 por ciento se muestra favorable a tomar las armas, y el 18 por ciento no sabe o no contesta. Hay que añadir que, a nivel mundial, el promedio de personas dispuestas a luchar por su nación se sitúa en el 52 por ciento, porcentaje que sitúa a España a la cola del mundo en cuanto a la disposición civil a la defensa armada de su nación. Eso de Si vis pacem, para bellum, si quieres paz prepárate para la guerra, aquí no rige, que nosotros estábamos en concierto con La Oreja de Van Gogh. Pero ya se sabe que desde pequeñitos nos adoctrinaban en otros mantras, aunque nos matara ETA, Marruecos fuera un león a las puertas de casa, sufriéramos el mayor atentado yihadista de Europa o Tío Sam tuviera que plantar bases en España para defender el Mediterráneo. Da igual, que mueran los yanquis, mis niños no van a la mili. Ahora, parece que los yanquis ya se han cansado de morir, no solo en Normandía, quieren hacerlo en Florida, cuanto más mayores mejor y cerca de un campo de golf.
Aquí tenemos playas, aunque contaminadas, hasta seis clausuradas durante la Feria, para que la gente vaya al Real y la fiesta no decaiga, y olé. Pero me quedo tranquilo porque el Ayuntamiento dice con mucho arte que esto se debe a una tormenta que afectó al saneamiento «puntualmente!. ¡Ah!, que es algo «puntual», no para toda la vida, ya digo, que no cunda el pánico.
Más triste es que se nos vaya el médico, humanista y escritor, Ángel Rodríguez Cabezas. Visité su consulta en Muelle Heredia en una ocasión y me encantó su trato. Por cierto, que la frase esa de «que la tierra te sea leve» debe tener poco sentido para un ateo, porque si te has muerto cómo te va a ser leve, o pesada, la tierra, no te supone nada, digo yo, que no me he muerto todavía. Luis López Anglada a Ceuta:
Mi tierra es una niña,
entre la arena y la muralla;
se fue a la madre de la mano
y quiso bajar a la playa.
