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Opinión | En corto

La crisis de los menores

Lo que parecía «nada más» que un movimiento de masas inducido por poderes aún no identificados (seguramente no los más evidentes), ha mutado, tras el retorno de la mayoría de invasores, en un embrollo de consecuencias impredecibles ante la resistencia a irse de al menos 3.000 menores de edad, que Marruecos reclama y España no puede devolver sin seguir las engorrosas, tutelares y cautelosas reglas nacionales y europeas en la materia. El riesgo es triple: a corto plazo, qué hacer con el contingente de menores mientras se tramitan los expedientes; a medio, cómo gestionar esa compleja tramitación (y sus efectos) con tal volumen de casos; a corto, medio y largo, cómo se sutura esa brecha agrandada en el sistema para que no se convierta en vía migratoria habitual a gran escala. La legalidad debe tener respuesta para situaciones excepcionales. Y si no la tiene debería crearse sin dilación.

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