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Opinión | El adarve

Moscas y abejas

Pongas donde pongas a una abeja, va a encontrar la flor que necesita libar para sobrevivir y para polinizar las plantas. Pues bien, Isabel es una abeja

La azafata Isabel García Vadillo se jubila tras 40 años de dedicación a Iberia.

La azafata Isabel García Vadillo se jubila tras 40 años de dedicación a Iberia. / L.O.

Acabo de llegar al Hotel Emporio de la Ciudad de México. El Gobierno del Estado organiza estos días el II Congreso sobre Educación en cuatro sedes: Jilotepec, Atlautla, Ixtapan de la Sal y Huixquilucan. Pero no quiero hablar en este artículo del Congreso, que todavía no ha empezado, quiero hablar del vuelo de Iberia que me ha traído desde Madrid a esta ciudad increíble de 23 millones de habitantes. Y, concretamente de la sobrecargo del vuelo, la azafata Isabel García Adillo. El lector verá por qué.

No es igual volar con una compañía que con otra (la única petición que hago para mis viajes es que deseo volar con Iberia. Algún día escribiré un artículo que se titulará ‘Lo mío con Iberia’). Y no es igual volar con unas personas que con otras. A veces te encuentras con alguna persona fuera de serie. Hoy me he encontrado con la sobrecargo Isabel García Adillo que hacía el penúltimo vuelo de su vida profesional. Le queda un vuelo Madrid-Montevideo y pondrá punto final al ejercicio de una profesión que ha consistido, fundamentalmente, en tratar bien a la gente, en comprenderla y cuidarla. En ayudarla a volar felizmente. Ella siente pena al dejarlo pero, por lo que veo, es mayor la pena de quienes la ven decir adiós. Y eso dice mucho de ella.

Hay dos tipos de personas. Unas son moscas y otras son abejas. ¿Por qué esta distinción? Porque pongas donde pongas a una mosca va a encontrar el camino para llegar al minúsculo trozo de caca que busca. Y porque pongas donde pongas a una abeja, va a encontrar la flor que necesita libar para sobrevivir y para polinizar las plantas. Pues bien, Isabel es una abeja. Y, ¿cómo lo he sabido? Por varias razones.

Me ha enseñado el texto que leyeron sus compañeras y compañeros a los pasajeros del vuelo de despedida. La voy a reproducir íntegramente porque dice mucho de su trayectoria profesional y de su condición de abeja.

«Señoras y señores, les pedimos que nos permitan compartir unas palabras muy especiales.

Para nuestra sobrecargo, Isa, este no es un vuelo más. Hoy completa 40 años de dedicación a Iberia, 40 años surcando los cielos, cuidando de miles de pasajeros y compartiendo con innumerables compañeros una profesión que ha sido una parte esencial de su vida.

Quienes hemos tenido la suerte de trabajar a su lado sabemos, además, que detrás de esa gran profesional hay algo todavía más importante: una persona maravillosa. Una compañera siempre dispuesta a ayudar, a cuidar, a escuchar y a hacer que quienes estaban a su alrededor se sintieran bien. Y por eso queremos darle las gracias ante la tripulación y el pasaje.

Gracias, Isa, por tu profesionalidad, por tu generosidad y por todos estos años en los que has cuidado no solo de nuestros pasajeros sino también de tus compañeros.

Y qué bonito que en este último vuelo de tu vida profesional tengas contigo a tus dos hijas, a tu familia, a tus amigos y a tantos compañeros que te quieren y te aprecian. Porque no hay mejor manera de cerrar una etapa que hacerlo rodeada de las personas que forman parte de tu historia.

Hoy se cierra una puerta pero se abre otra. Una etapa nueva, más tranquila, más tuya y, estamos seguros, todavía más bonita.

En nombre de tus compañeros, de tus amigos y de toda la familia Iberia, gracias por estos 40 años, gracias por todo lo que has dado y, sobre todo, gracias por la persona que has sido. Te vas por la puerta grande, dejando una huella que permanecerá entre nosotros

Y ahora comienza tu nuevo viaje: que sea el más bonito de todos. Feliz jubilación, Isa. Te lo has ganado».

El momento de la jubilación dice mucho de lo que ha sido la trayectoria profesional de una persona. Hay quien lamenta dejar atrás «una fuente inagotable de felicidad y de vida», como dijo al llegar a su jubilación el profesor universitario Emilio Lledó y hay quien va poniendo cruces en la agenda a medida que van pasando los últimos días de una tortura. Por otra parte, cuando se va un compañero que se jubila, los que se quedan, algunas veces, hacen lo que han hecho con Isa sus compañeras y compañeros y otras veces brindan con champán por la liberación que supone su ausencia.

Una segunda razón es la carta que le escriben sus dos hijas, Inés y Andrea. Me gustaría reproducirla íntegramente, pero el espacio de que dispongo no es suficiente.

«Querida Monmmy: Uno de los regalos más bonitos que nos has hecho nunca ha sido compartir tu profesión con nosotras. Qué bonito ha sido verte todos estos años disfrutar con tanta pasión de lo que haces (…). No solo nos has enseñado el mundo sino que hemos aprendido tantos valores, culturas, historias desde pequeñas que ahora eso es una parte intrínseca de nosotras, y no seríamos quienes somos ni veríamos el mundo como lo vemos, si no hubiese sido por ti (…). También creemos que no podrías haber elegido mejor profesión; con lo inquieta que eres no te imaginamos sentada en una oficina. Es apasionante ver cómo te interesa el entorno que te rodea, tu necesidad de aprender constantemente y la inquietud que tienes por lo desconocido, la aventura, el conocimiento (…). Qué valioso y que bonito que tu madre te enseñe a eso, a ser una mujer empoderada, que sabe liderar y que no se deja pisar por nadie…».

Añadiré otro motivo que muestra su cercanía emocional y su capacidad de despertar empatía. En el vuelo pude revisar desde su móvil un libro de más de cien páginas que su amiga Patricia Pepperell, diseñadora gráfica, ha confeccionado artísticamente con fotos, recuerdos y momentos importantes de su trayectoria profesional. No todas las personas dejan una huella tan larga y tan profunda.

Otra amiga, María Rosa Rueda, le dice, entre muchas otras cosas hermosas: «Creo que es la despedida más bonita en la que he estado nunca y de nuevo te agradezco mucho haberla podido compartir contigo… Ahora te quedan pocas líneas para dejar de vivir dependiendo de progras, retrasos, recogidas y turbulencias y todas esas cosas que recordarás una mañana cualquiera mientras afrontas la vida de otra manera…».

Hay otra razón por la que considero que Isa es una persona-abeja. Y es lo que ella misma me ha contado sobre el ejercicio de su profesión y sobre este momento que está viviendo de decir adiós a sus cuarenta años de vuelos. Ella también ha escrito algo:

«40 años volando, media vida con las alas puestas… porque no fue solo un trabajo, fue mi manera de estar viva. 40 años de historia desde las nubes. Del cartel de ‘NO FUMAR’ al ‘DISPOSITIVOS ELECTRÓNICOS EN MODO AVIÓN’. 40 años siendo testigo del mundo cambiando… desde la cabina del avión. 40 años coleccionado destinos, y guardando de cada uno de ellos un fragmento en mi corazón, pedacitos que han brillado en mi sonrisa de TCP.

Los colores de la ciudad de México, la energía reparadora de Ipanema, Miami Beach y San Juan. El pulso trepidante de Manhattan, Chicago y Boston. La locura perfecta de Tokio. La nostalgia de Buenos Aires. La luz del casco histórico de Quito. Y lo mejor: 40 años de personas. Compañeras que se volvieron amigas para siempre. Pasajeros que me confiaron sus miedos o que celebraron su dicha de viajar. Tripulaciones que se separan tras el kissing point… y aun así vuelves a subir para ser el rostro tranquilo en las turbulencias, la líder, la psicóloga, la enfermera, la rzaveapagafuegos…la amiga a 325.000 pies.

He dicho hasta luego en muchos idiomas sin saber si volvería y aprendí a despedirme sin romperme… 40 años de maletas hechas y siempre con el corazón puesto en casa, en mi familia, mi mejor tripulación. Ahora me toca la parte más bonita. Aterrizar para quedarme».

Hay una última razón que me permite calificar a Isabel de abeja: su forma de atenderme en el vuelo. Pendiente de sus múltiples tareas y pendiente también de que me sintiera cuidado en las doce horas de vuelo.

Suelo decir que hay dos grandes grupos de viajeros: los inclasificables y los de difícil clasificación. Lo que habrá tenido que ver Isabel en cuarenta años… Cuántas demandas ridículas, cuántas quejas injustificadas, cuántas exigencias peregrinas, cuántas actitudes egoístas… Ha tenido que atenderlos a todos con buena cara, con una sonrisa que ha sacado de no sé dónde. Y eso independientemente de que ese día haya tenido un fuerte dolor de cabeza, un problema familiar grave, una profunda tristeza… Pero ella, como buena abeja, recuerda especialmente los momentos agradables, la satisfacción de la ayuda, la alegría del cuidado, del aprendizaje inesperado, de los gestos amables, de la gratitud sentida…

Con estas líneas me sumo al homenaje que los compañeros de Iberia y los amigos le han hecho, y, por supuesto al de su familia que, como dice, ha sido y será su mejor tripulación, con su marido Jamie (que no Jaime, como ella precisa) Downing al frente. No hay señal más clara de inteligencia que desarrollar la capacidad de ser felices y de ser buenas personas. Va por ti, Isa.

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