Opinión | Tribuna
Guerra y paz en Ucrania
El parlamentario ucraniano Danuilo Gemantsev señala la existencia de dos facciones enfrentadas en el país, 'el partido de la paz' y 'el de la guerra'.

Sigue la guerra en Ucrania. / Europa Press
El viernes pasado, el parlamentario ucraniano Danuilo Gemantsev pidió la palabra en la Duma para hablar de que en el país hay actualmente dos facciones enfrentadas, que designó como «el partido de la paz» y el de «la guerra».
En el primero situó al presidente del país, Volodímir Zelenski, al jefe del grupo parlamentario del partido gubernamental Servidor del Pueblo, así como a «numerosos militares».
Frente a ellos están otros, a los que calificó de «propagandistas» como los que han protagonizado últimamente ruidosas manifestaciones a favor del destituido ministro de Defensa Mijailo Fedórov.
También incluyó en este segundo grupo a las organizaciones de la sociedad civil y a las autoridades encargadas de la lucha contra la corrupción, que investigan actualmente a parlamentarios y altos funcionarios del Gobierno de Zelenski.
Que Gemantsev calificase de «partido de la guerra» al grupo en torno a Fedórov no debería extrañar. El exministro anunció, al asumir el cargo, que uno de sus objetivos era eliminar por lo menos a treinta mil rusos cada mes.
Si Fedérov criticó a Zelenski no fue precisamente por su ardor guerrero, sino acaso por su estrategia, que impedía ganar cuanto antes el conflicto.
De ahí que el exministro propusiese, según la revista estadounidense ‘The Atlantic’, lanzar miles de drones contra los aeropuertos civiles de la capital rusa como la fórmula mágica que debería llevar a negociar a Putin.
La pregunta que hay que hacerse, que se hacen algunos, entre ellos el diario alemán de izquierdas ‘Junge Welt’, es por qué de pronto esa caracterización de unos y otros.
Y una respuesta posible es que el diputado del partido de Zelenski demagógicamente llamado ‘Servidor del Pueblo’ sólo trataba de descargar a Zelenski de la fuerte presión a la que está sometido por la marcha de la guerra.
Vale que hay algo de corrupción en el Gobierno, pero ¿qué es eso frente a un valor superior como es intentar la paz?
Presentar a Zelenski como «candidato de la paz» es puro sarcasmo. Lo que esa supuesta querella interna del partido gobernante parece reflejar, sin embargo, es el cansancio de la sociedad con una guerra que está destruyendo al país.
El problema, sin embargo, es que defender la paz en Ucrania es arriesgarse, lo mismo que en Rusia, a acabar en la cárcel por no se sabe cuánto tiempo.
Todos los partidos, organizaciones y medios de comunicación que ese parlamentario asignaba al imaginario «partido de la paz» fueron prohibidos al comenzar el conflicto y hasta ahora no han podido expresarse libremente en ese país en el que nuestros dirigentes dicen que «defendemos nuestra democracia».
Sucede, sin embargo, que la estrategia de Zelenski de llevar la guerra al interior de Rusia con los drones y misiles proporcionados por británicos, alemanes y otros ha tenido el efecto opuesto al esperado: el bloqueo por Rusia de Odesa y otros puertos del mar Negro ha supuesto un durísimo golpe para las exportaciones agrícolas y de mineral ucranianas.
Mientras tanto, los dirigentes europeos son incapaces de reconocer que se equivocaron al animar a Ucrania a seguir luchando en lugar de aceptar unas condiciones de paz como las que se negociaron hace cuatro años en Estambul, que habrían evitado la división del país a cambio de su neutralidad permanente y de la autonomía para las regiones del Donbás, pero que eran inaceptables para los nacionalistas más radicales y rusófobos.
Y así, el ministro de Exteriores de Alemania, el país europeo más beligerante con Rusia junto al Reino Unido de entre los grandes– los bálticos son sólo perritos ladradores- no tiene ya mejor idea que viajar por cuarta vez a Ucrania para garantizarle a Zelenski que presionará a los aliados de la OTAN para que le suministren los misiles de defensa antiaérea que ese país urgentemente necesita. Y que sólo servirán para prolongar un conflicto que lo está desangrando.
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