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Opinión | Tribuna

Joan López Alegre

Joan López Alegre

Periodista y exdiputado del PP en el Parlament de Cataluña

Políticos sin vacaciones

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Sánchez visita el puesto de mando en el incendio en la Vall de Uxó, en Castellón.

Sánchez visita el puesto de mando en el incendio en la Vall de Uxó, en Castellón. / Foto Manolo Nebot Rochera

Los incendios o la invasión de Ceuta son sucesos que requieren la atención de los responsables de los servicios públicos, o sea, de los políticos.

Feijóo ha criticado que Sánchez siga de vacaciones en La Mareta mientras España vive una situación excepcional en su frontera, pero ¿el hecho de que un político se persone en un lugar mejora la situación?

Ejercer de político es una elección voluntaria y vocacional. Un cargo público es alguien que ha decidido servir a la sociedad y que además de ser competente ha de mostrarse cercano.

En las últimas décadas, la política ha tendido a ser una actividad cada vez más endogámica en la que sobreviven aquellos que siempre se han movido en un entorno político. Los profesionales de éxito que han desembarcado en política, como Manuel Pizarro, Marcos de Quinto o Jaume Giró, han fracasado porque los elementos de evaluación y de promoción de un político no son los que rigen en el sector privado.

En la política cuenta la lealtad y la disponibilidad absoluta, en la empresa prima la capacidad y los resultados.

En la dana, en Adamuz, en los incendios o en Ceuta la presencia del presidente del Gobierno fue fugaz, incluso parecía ir de mala gana.

En la crisis de la dana, uno de los argumentos de defensa de Mazón era que el Cecopi debía funcionar sin necesidad de su presencia. Es posible que legalmente fuera así pero el tema de fondo es que el mundo público cada vez está más desconectado de la realidad. Los políticos son ajenos a los problemas de la gente. Aquellos que empatizan y se implican tienen la victoria en el bolsillo.

La presencia de un responsable político en un lugar de conflicto o desastre natural no resuelve los problemas, pero es una muestra de interés mínima y exigible. Volver a Adamuz tras el fatídico 18 de enero o trasladar las vacaciones de La Mareta al Parador de Ceuta hubieran sido gestos que, por sí mismos, no hubieran arreglado nada, pero hubieran demostrado un compromiso por parte de los responsables políticos que hoy la mayoría pone en duda..

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