Saltar al contenido principalSaltar al pie de página

Opinión | Lady K-Drama

Málaga

"El Palacio del Este": El Palacio del Este: fantasmas, poder y el precio de enterrar la verdad

Nam Joo-hyuk y Roh Yoon-seo frente a frente con una corte donde los vivos dan más miedo que los muertos en un nuevo estreno coreano en Netflix

Los protagonistas de 'El Palacio del Este'

Los protagonistas de 'El Palacio del Este' / Netflix

En la pasada entrega, cuando escribí sobre 'Acaramelados',terminé hablando bastante más de lo que esperaba sobre las polémicas que pueden rodear una serie y a las personas que trabajan en ella. Y precisamente por eso esta semana tenía una pequeña deuda pendiente conmigo misma: 'El Palacio del Este'.

Me había propuesto escribir sobre ella desde hacía unas semanas, pero quería pensar bien cómo hacerlo. Su protagonista, Nam Joo-hyuk, al que muchos recordaréis de 'Start-Up' o de 'Los archivos de la enfermera escolar', estuvo en el centro de unas acusaciones de violencia escolar en 2022. Él y su agencia las negaron y el asunto tuvo recorrido judicial, mientras antiguos compañeros y profesores salieron públicamente en su defensa. El procedimiento no está cerrado, así que no me corresponde a mí convertir esta columna en un juicio paralelo y tampoco quiero que lo sea; porque 'El Palacio del Este' merece que hablemos de ella y mucho.

¿De qué va la serie?

La serie, cuyo título internacional es 'The East Palace', nos lleva hasta la corte de Joseon, donde los príncipes herederos comienzan a morir uno detrás de otro. Todo parece apuntar a una presencia sobrenatural relacionada con una antigua masacre ocurrida en el palacio y con el fantasma de un estanque que ha regresado después de décadas.

El rey, desesperado por proteger al último heredero, recurre a un hombre bastante particular: Gu-cheon, un cazafantasmas capaz de moverse entre el mundo de los vivos y el de los espíritus. El pequeño inconveniente es que Gu-cheon no quiere ayudar al rey, así que el rey decide llevárselo a palacio por las malas.

Una vez allí, Gu-cheon descubre que la única manera de recuperar su libertad es enfrentarse al fantasma y averiguar qué hay detrás de la maldición. Para vigilarlo y acompañarlo durante la investigación, el rey asigna a Saeng-gang, una mujer de la corte capaz de escuchar a los muertos y aquí tenemos a nuestros dos protagonistas.

Nam Joo-hyuk interpreta a Gu-cheon, un personaje que parece haber alcanzado un nivel de indiferencia casi profesional. Es nihilista, apático, sarcástico y tiene esa actitud de quien lleva demasiado tiempo viendo cosas horribles y ha decidido que lo mejor es no implicarse demasiado en nada o eso quiere hacernos creer.

Porque cuanto más avanza la historia, más evidente resulta que debajo de esa fachada de «a mí todo me da igual» hay bastante más de lo que parece.

Y la superheroína

Saeng-gang, interpretada por Roh Yoon-seo, es prácticamente su opuesto. Ya me había encantado esta actriz en 'Nuestro horizonte azul' y 'Una chica del siglo XX', y aquí vuelve a demostrar esa capacidad para transmitir una enorme sensibilidad.

Saeng-gang ha vivido toda su vida en un auténtico nido de avispas. Puede escuchar a los muertos y eso no parece precisamente una habilidad que facilite llevar una existencia tranquila. Es sensible, intuitiva y mucho más vulnerable de lo que parece, pero también tiene una fortaleza enorme.

Y, para mí, termina siendo una especie de superheroína de esta historia. La relación entre ambos es uno de los puntos que más me han gustado de la serie.

No tenemos al típico protagonista misterioso que conoce a la chica y automáticamente empiezan los fuegos artificiales románticos. Aquí hay dos personas completamente distintas que se ven obligadas a convivir en una situación bastante complicada.

Él parece no sentir nada, ella siente demasiado. Él quiere terminar cuanto antes, ella no puede ignorar lo que escucha.

Y poco a poco se crea entre ellos un vínculo muy particular, basado más en la confianza y en el cuidado que en las grandes declaraciones. Gu-cheon puede pasarse la mitad del tiempo fingiendo que nada le importa, pero sus actos cuentan otra historia.

El adorable Ggeomeoksali

Y entonces aparece uno de mis personajes favoritos, el Ggeomeoksali, un pequeño espíritu que se cruza varias veces en la historia y que acaba desarrollando con Gu-cheon una relación casi de mutualismo, aunque en este caso diría que es bastante más emocional que biológica.

No voy a contar demasiado porque parte de la gracia está en descubrirlo, pero digamos que el pequeño tiene una relación muy particular con la energía yang de Gu-cheon y que, a cambio, termina siendo bastante más útil de lo que uno podría imaginar y adorable, especialmente adorable.

En una serie en la que hay fantasmas vengativos, cadáveres, maldiciones y gente que toma decisiones que dan ganas de salir corriendo del palacio, aparece este pequeño ser y consigue convertirse casi en la mascota del cazafantasmas. Y, de paso, le salva el pellejo en más de una ocasión.

Es uno de esos detalles que podrían parecer simplemente un alivio cómico, pero que terminan aportando algo más al personaje de Gu-cheon. Porque ese hombre que va por la vida aparentando que todo le da igual resulta tener bastante capacidad para cuidar de otros. Y ahí está una de las cosas que mejor funciona en la serie: los personajes no son exactamente lo que parecen.

Terror, sí, pero algo más

Pero volvamos al palacio, que aquí es donde empieza lo bueno.

'El Palacio del Este' es una serie de terror, pero no se limita a utilizar fantasmas para provocar sustos. El verdadero interés está en descubrir por qué esos fantasmas están allí. La serie mezcla elementos del chamanismo coreano con una ambientación histórica muy cuidada y con un mundo espiritual que resulta realmente inquietante. Se han hecho comparaciones con 'Stranger Things' o 'Constantine', y entiendo perfectamente de dónde vienen, pero la serie consigue llevar esas referencias a un terreno completamente coreano.

Y lo hace especialmente bien cuando nos introduce en el mundo de los espíritus. El palacio sigue siendo el mismo, pero todo cambia. Cambian los colores, las texturas, la iluminación, la sensación del espacio. Lo que antes parecía familiar empieza a resultar extraño y, por momentos, realmente agobiante.

Hay escenas en las que la atmósfera consigue algo que no siempre es fácil en el terror: no necesitas que ocurra nada especialmente espectacular para sentir que quieres salir de allí cuanto antes y eso tiene mucho mérito.

¿Más terrorífico que los fantasmas? Los humanos, claro

Pero lo más interesante es que cuanto más investigan Gu-cheon y Saeng-gang, más descubrimos que la historia de los fantasmas está ligada a algo mucho más humano y turbio, el poder y los secretos.

Decisiones que se tomaron décadas atrás y que alguien creyó que podía enterrar para siempre. Porque si algo deja claro esta serie es que los vivos dan muchísimo más miedo que los muertos.

Llega un momento en que son tantos los personajes que hacen cosas cuestionables que una empieza a pensar que quizá la solución más rápida sería lanzar un meteorito directamente sobre el palacio y empezar de nuevo. Pero entonces dejaríamos sin trabajo a Gu-cheon... y no queremos eso.

El concepto de han, ese sentimiento de dolor, resentimiento y sufrimiento acumulado tan presente en la cultura coreana, está muy presente en la historia. Los fantasmas no son simplemente criaturas que aparecen para asustarnos: tienen un pasado, una razón y una herida.

También hay que hablar de Jo Seung-woo, que interpreta al rey y qué señor. Este hombre entra en escena y parece que lleva la corona puesta desde que nació. Tiene una presencia impresionante y consigue transmitir autoridad con la voz, con una mirada o incluso con una pausa antes de terminar una frase.

Ya lo había disfrutado en 'Shin, abogado de divorcios', pero aquí está en un registro completamente diferente y demuestra una vez más por qué es uno de esos actores capaces de sostener una escena prácticamente sin esfuerzo, y eso, sumado a la química entre Nam Joo-hyuk y Roh Yoon-seo, hace que el trío funcione especialmente bien.

Desenterrar injusticias

Hay algo que me ha gustado especialmente de 'El Palacio del Este': no intenta convertir el terror en una sucesión de sustos; quiere contar una historia sobre el poder, la codicia y el resentimiento. Sobre lo que ocurre cuando una injusticia queda enterrada durante demasiado tiempo y de cómo el pasado puede seguir presente aunque todos los que participaron en él crean que ya lo han dejado atrás.

Un juego donde las cosas que los vivos preferirían olvidar, los muertos se niegan a dejar desaparecer.

Y mientras tanto, tenemos a Gu-cheon y su nihilismo, intentando no morir y a Saeng-gang empeñada en que eso no pase y un pequeño espíritu adorable que parece haber decidido que aquel hombre es su persona favorita, dentro de la podredumbre de una familia real en la que, sinceramente, cuesta encontrar a alguien que no necesite urgentemente unas vacaciones.

Y, como suele ocurrir en las buenas historias de terror, los fantasmas son probablemente lo de menos.

[El Palacio del Este está disponible en Netflix]

Tracking Pixel Contents