11 de junio de 2013
11.06.2013

El viejo faraón

11.06.2013 | 18:28

Todos los años aparecía al poco de iniciarse la procesión. Se situaba en una de las esquinas traseras del trono por delante de la banda de música. Lo más próximo a los varales que le dejaran. Y allí permanecía en silencio, durante todo el recorrido.

Al terminar el encierro pedía una ramita de romero que hubiera llevado la Virgen en el trono. Con los ojos vidriados musitaba una oración y tiraba un beso a la imagen. Así un Jueves Santo tras otro.

Nadie sabía su historia. Nadie sabía su nombre. Nadie le preguntó nunca nada; pero todos le conocían.

Aquel año al entrar en la Alameda se produjo un revuelo. Alguien se ha desmayado en la banda, -decían-. Lo sacaron de la procesión, lo tendieron en el suelo y, al abrir su camisa para reanimarlo, apareció. Un viejo faraón verde cubría aquel corazón que había dejado de latir.

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