05 de julio de 2010
05.07.2010
OPINIÓN | BLOGS

Verano en la ciudad

"El verano casi es una cuestión de edad y además joven, al menos, en espíritu", por José Luis González Vera

05.07.2010 | 12:16

Primer lunes tras el primer domingo de julio. El verano llega inevitable y uno lo recibe según sus años. El verano casi es una cuestión de edad y además joven, al menos, en espíritu. El verano significa desorden y arena en rincones inexplicables de la casa y del ánimo. Sé que soy muy mayor porque hace años que me molestan estos meses invasores de mi intimidad, igual que si un conocido lejano se alojase en mi casa y usurpara mi sillón favorito. Añoro el largo invierno (lo que aquí comprendemos como inverno) con su vocación de método y hasta de metrónomo que me permite, sin embargo, un ritmo ajeno a todo compás cuando yo me lo imponga. En Málaga vivimos del verano y habrá que saludarlo como al benefactor que permite descensos en el paro –algunos miles así a bote pronto- y el aterrizaje de billetes desde más allá del Guadalhorce. El desorden de los foráneos ordena nuestra existencia. Una Costa que respira a contrapié de otras ciudades. Málaga no se despuebla ni permite así a sus incondicionales el disfrute de locales medio vacíos, ni de museos que se abren a la curiosidad del vecino, quien ahora busca entre su soledad amarilla de estío unos minutos para encontrarse con lo que tenía, como quien revisa el fondo de sus armarios y con ello calma las horas. Málaga se oculta desde hoy para los malagueños. Y que así sea, y mucho, tendremos que escribir. La Junta urdirá campañas para que arriben aquí indecisos de última hora. Un aeropuerto de primera hacia donde apunten las brújulas náufragas, con espetos, luz y salitre como imanes. Una estación marítima con los brazos abiertos como un amor de alquiler. Alta velocidad sobre los raíles. Carreteras colapsadas. Cada viajero disimula en su maleta la idea imprecisa de una felicidad ahumada por perfume ambiente a protector solar, y a orquestina de bailables en hoteles donde atardece entre un runrún de idiomas lejanos con rosa subido en las mejillas. Euro a euro, sobre las barras de los bares queda el sustento de muchísimas familias malagueñas que hacen posible el desorden de los demás...(sigue leyendo)

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