12 de abril de 2019
12.04.2019
Viernes de Dolores

Elegancia por las calles del Perchel

El traslado de la Expiración nos traslada cada Viernes de Dolores a otra época

12.04.2019 | 22:35
Elegancia por las calles del Perchel

Una estampa que nos devuelve a años atrás. Balcones con macetas marcados por el paso del tiempo, tabernas y cervecerías abiertas, la luz sepia de las farolas que se niegan a convertirse en la luz blanca de las nueva LED... Así son las calles de uno de los barrios más simbólicos de nuestra ciudad que aún en estos tiempos de modernización se niegan a perder su ausencia. Pero falta algo, solo algo hace que el Perchel sea Perchel: sus cofradías.

Junto a la mañana del domingo posterior al día del Carmen, el Viernes de Dolores las calles del Perchel vuelven a cobrar vida. El asfalto contemporáneo se convierte en adoquines antiguos, la llama de los cirios ilumina los rincones a los que no llegan las luces de las farolas, el silencio de la calle se rompe por los instrumentos que interpretan 'Saetas del Silencio'. Es solo en ese momento en el que todos los elementos nos transportan a otra época, cuando Jesús expira sobre los hombros del cuerpo de la Guardia Civil.

La imagen de Benlliure sobrecoge a todo el que la contempla. Las conversaciones se acaban, los móviles se apagan y los niños dejan de corretear por las aceras. Parece que el tiempo se detiene cuando el Santísimo Cristo de la Expiración pasa frente a nosotros Todas las miradas se centran en la boca entreabierta que aún sabiendo que no tiene vida, deja escapar el último aliento del hijo de Dios en un cuerpo que se debate entre la vida y la muerte. En silencio Jesús en la cruz avanza hacia su casa de hermandad.

Tras Él, llega su madre, María de los Dolores, enlutada entre bordados sobre terciopelo negro. Su trono de plata con una candelería encendida en su totalidad nos demuestra que por muy grande que sea su dolor, María siempre caminará hacía nosotros con elegancia. Las notas musicales de la Banda de Música de la Expiración se unen a los sentidos del olfato, y entre redobles de tambor, solos de corneta, el olor de las rosas y del incienso todos los malagueños nos envolvemos de la dulzura que María nos muestra en su rostro. A paso lento, sus hombres de trono enchaquetados la introducen cada vez más en su barrio hasta llegar a la casa de hermandad desde dónde Dios expira cada Miércoles Santo.

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