17 de abril de 2019
17.04.2019
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Protestar así, no

Hay muchas formas de mostrar disconformidad, pero no todas son acertadas ni justas

17.04.2019 | 00:02
Vallas en la Alameda.

El nuevo recorrido oficial está dando mucho de qué hablar. Los problemas de los abonados para encontrar su silla, el retraso en el montaje de las tribunas o la falta de acomodadores, que se han convertido además en los que afrontan el grueso de las críticas de los abonados, están generando un mal ambiente entre muchos de los que tienen sillas en el recorrido oficial. Ese malestar tuvo su punto álgido en la noche del Lunes Santo. La protesta, no sé si improvisada u organizada, pidiendo más luz al paso de las procesiones pasará a ser uno de los momentos más bochornosos de la Semana Santa de Málaga. Al menos según mi opinión. Porque el enfado acumulado durante estos días de los abonados no justifica que se reviente así una procesión, donde también hay mucho esfuerzo de personas que intentan hacerlo lo mejor posible para que se encuentren con gritos y móviles encendidos.

El origen

Las protestas que se vivieron el Lunes Santo por la noche tienen su origen en la falta de iluminación de las tribunas de la plaza de la Marina. Las actuales farolas son insuficientes para dar un poco de iluminación mínima para la gente que se sienta allí. Esto ha provocado más de un problema, tanto de encontrarse con dificultades para llegar a sus asientos como de accidentes, con al menos dos personas accidentadas, incluido una que terminó con la cara ensangrentada el Domingo de Ramos.

La visera que cubre la tribuna, además de ser más que cuestionable estéticamente, aporta una mayor oscuridad a los abonados que se sientan allí, en especial los que tienen asientos en la última fila.

A estos se le ha ido sumando el descontento generalizado por la falta de organización de las sillas y la ausencia de acomodadores en número suficiente para atender a los abonados. Muchos, incluso, se han tenido que poner a colocar las sillas antes del paso de los tronos porque nadie las había puesto.

La protesta

Es difícil saber cómo surgió la idea de protestar el Lunes Santo. Quizá porque en Estudiantes sale el presidente de la Agrupación de Cofradías, Pablo Atencia, o porque la paciencia llegó al límite tras dos días de despropósitos. El caso es que con Dolores del Puente, al paso de los tronos, empezó esa protesta con las linternas de los móviles encendidas y el público coreando «Queremos luz». La escena se repitió con el Cautivo y Estudiantes. Lo siento mucho, pero no es de recibo el espectáculo que se armó. Entiendo que hay enfado, frustración y desconcierto, al no saber exactamente a quién dirigirse o si sus quejas son escuchadas. Pero no puedo comprender en ningún caso que la protesta se convierta en un espectáculo que sólo perjudique a los muchos hermanos de cofradías que dedican su tiempo y su dinero a lograr estaciones penitenciales dignas.

Habrá quien piense que eso da igual. Que si los operarios se dedicaron a poner focos en la mañana del Martes Santo es gracias a esto. Pero eso no deja de ser una demostración de desprecio por el trabajo de los hermanos. Las cosas se pueden conseguir de muchas formas y si alguien paga un abono por ver la Semana Santa, además de unos derechos por el abono, se le presupone que quiere y aprecia la Semana Santa de Málaga. No confundamos un problema de gestión de las tribunas con las procesiones. Es hacer víctimas a inocentes. Y no, no todo vale.

Opiniones

Cuando termine la Semana Santa será momento de analizar lo que hemos visto y vivido. Queda mucho por mejorar y hay cosas que se han conseguido y que son muy positivas. La apertura de la segunda puerta de la Catedral es una de ellas. Los problemas iniciales se están solventando, aunque me temo que llegaremos al Domingo de Resurrección con muchos todavía pendientes. Esto nos debe ayudar a reflexionar para mejorar en 2020. Pero no nos olvidemos de que el derecho al pataleo no puede estar por encima de la educación y el respeto. Hay muchas formas de mostrar disconformidad, pero no todas son acertadas ni justas. Me dio mucha pena. Eso sí, lo que demuestra lo ocurrido el Lunes Santo es que todos nos podemos equivocar y en algún momento necesitaremos de comprensión. No sólo montando tribunas, también protestando.

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