La iglesia de Santiago ha vuelto a registrar largas colas que llegaban a cruzar la calle Alcazabilla a la altura del Cine Albéniz por la veneración al Cristo de Medinaceli. Como novedad, y por la situación pandémica, este año el Cristo no estará solo expuesto a los fieles este primer viernes de marzo, como es tradicional, sino que podrá recibir la visita de los fieles y devotos también este sábado de 10.00 a 13.00 horas y de 17.00 a 20.00 horas.

Asimismo, se ha acortado el recorrido para la veneración del Señor, que se ha ubicado en la parte trasera de la nave central del templo, para evitar tener que acceder hasta el presbiterio. Los canceles de las puertas también han estado abiertos durante todo el día, uno de entrada y otro de salida. Alrededor de la iglesia se encontraba un equipo de Protección Civil atento a que en la cola se cumpliese la distancia de seguridad. Además, justo en la puerta, se le tomaba la temperatura a todos los fieles y se les ofrecía gel hidroalcohólico.

“Me trajeron mi padre y mi madre con tan solo tres meses y desde entonces no he fallado a la tradición. He tenido la suerte de mostrarle esta devoción tan grande a mis hijos porque siempre que le pedimos algo, nos ayuda”

En la cola, cientos de historias repletas de devoción al cristo de Medinaceli. “Me trajeron mi padre y mi madre con tan solo tres meses y desde entonces no he fallado a la tradición. He tenido la suerte de mostrarle esta devoción tan grande a mis hijos porque siempre que le pedimos algo, nos ayuda”, recuerda emocionado Antonio Domínguez. Lo mismo ocurre con Consolación Fernández. Su madre le traía año tras año, desde que era pequeña, a visitar al Cristo de Medinaceli. Desde que falleció, no falta a la tradición en su honor acompañada de su marido y su hijo.

La mayoría de los devotos coinciden en que acudir a ofrecer al Cristo de Medinaceli las tres monedas viene de tradición familiar. En la espera para entrar al templo se podían observar a madres e hijos acudir juntos. “Mi hijo lo ha vivido siempre en la familia y prácticamente no hemos tenido que inculcárselo. Mis padres ya están mayores y he querido seguir la tradición con mi hijo”, señala Maribel, otra devota.

“Lo primero que le voy a pedir es que se vaya este virus maldito”, dice Mari Pepa Salazar. Una petición que se repite en todos los fieles que esperan para entrar a la iglesia. José Cueto, miembro del consejo parroquial de Santiago, señala que el número de personas que se han acercado a venerar al Cristo de Medinaceli es similar al de otros años. “El COVID-19 frena a venir a muchos, pero por otra parte como hay tanta necesidad de pedir al Cristo vienen más aún.”

Pese a que la mayoría suelen acudir a Santiago todos los años el primer mes de marzo siempre hay alguien que lo hace por primera vez, como Irene e Isabel, ambas de El Burgo. “En nuestro pueblo veneran siempre al Cristo y le ofrecen las tres monedas, pero como este año no hemos podido ir allí por la situación que estamos pasando hemos decidido venir al centro.”

Carmen Caro, por su parte, remarca que de camino a la iglesia temía que hubiese demasiada gente porque le da miedo el virus. “Si esto no hubiera estado tan bien organizado, con aglomeraciones, me hubiese ido a casa. Una cosa es el cariño y la fe y otra cosa es la salud”, reconoce.

Tampoco faltan peticiones de trabajo y para toda la familia. “Mi nieta tiene dieciocho años. Voy a pedir porque le vaya fenomenal en sus estudios y porque apruebe su examen de conducir”, dice sonriendo Mari Pepa. Carmen, por su parte, pide trabajo para toda su familia, que es bastante grande, y lamenta que hace mucho tiempo que no se reúnen todos. “A ver si se marcha el virus de una vez y podemos estar toda la familia unida.”

¿De dónde viene la tradición de las tres monedas?

La devoción hacia el Cristo de Medinaceli viene del s. XVII cuando los musulmanes apresaron como a un vivo al Cristo de Jesús de Medinaceli en una de las colonias del norte de África. Para su rescate, pedían su peso en monedas, lo que equivalía a treinta unidades. De ahí procede la tradición de las tres monedas del mismo valor que se depositan ante la imagen y por las que se hace una petición por cada una de ellas.

Además, a raíz de este hecho, empezaron a circular determinadas leyendas como el hecho de que a la hora del pago, los monjes trinitarios, que se encargaban de abonar el rescate de la imagen a los sarracenos, pagaran tres monedas que equilibraron la balanza donde estaba la imagen para recibir su peso en oro a cambio de la devolución. Este hecho milagroso, difundido como historia apócrifa en el siglo XVIII, hizo que se hiciera muy popular.