Calles vacías. Vallas vigiladas por policías rodeando la plaza de San Pablo. Apenas algunos vecinos caminan a paso rápido por la valla Trinidad. Son las siete de la mañana y el alba empieza a romper en el cielo de Málaga. Es Sábado de Pasión y eso significa que el barrio de la Trinidad tiene una cita con Jesús Cautivo y la Virgen de la Trinidad. O al menos la tendría en circunstancias normales. Pero no lo son. La pandemia ha arrebatado muchas cosas: vidas, negocios, encuentros, trabajo, familia, amigos, tradiciones... las calles de la Trinidad llenas de vecinos en la mañana del Sábado de Pasión no se han podido ver por segundo año. Ni familias esperando emocionadas, ni vendedores de claveles o recuerdos del Cautivo y la Trinidad, ni balcones llenos. Nada. Solo calles vacías y silencio. Salvo en la plaza de San Pablo, donde se celebró la Misa del Alba. Muy reducida, con apenas 268 invitados. Pero también como promesa o adelanto de que la normalidad llegará antes o después. 

Pocos minutos después de las siete de la mañana las imágenes de Jesús Cautivo y la Virgen de la Trinidad salieron de interior De la Iglesia de San Pablo y se colocaron en el dintel de la puerta principal, adornado con un elegante arco de flores y dos grandes banderolas de damasco burdeos con los emblemas cristíferos y marianos de IHS en un sol y la paloma del Espíritu Santo saliendo del triángulo que representa la Trinidad. 

La fachada de San Pablo volvía a vestirse de gala, tras la ausencia de 2020. Es verdad que ante un público reducido. Todos sentados y a distancia de seguridad. Hermanos antiguos de la cofradía, representantes vecinales y comerciantes del barrio, de los sanitarios y policías que han trabajado en esta pandemia y de colectivos que ayudan a los más necesitados. Unos pocos que, esperamos, en el futuro vuelvan a ser muchos. Alrededor de la plaza un doble anillo de vallas con agentes de la Policía Local y Nacional, así como seguridad privada, controlaba los accesos. Solo los que tenían invitación. Ni siquiera Protección Civil pudo acceder a la zona, por lo que terminaron marchándose. No hubo aglomeraciones. Ni problemas. Ni quejas. “Si no puede ser, hay que aguantarse. Es una pena, pero el Cautivo está todo el año en la iglesia”, señala Guille, vecino de toda la vida de la Trinidad, portador del trono de traslado durante 12 años y que regenta Comestibles “Las Niñas”, en la calle Trinidad. Él mismo señala que tuvo la oportunidad de ir a la Misa del Alba, pero prefirió que fueran sus hermanas “porque el aforo está muy limitado”, comenta desde la valla en la calle María La Faraona.

Control de acceso en la calle María la Faraona que ha establecido la Policía en La Trinidad M. Ferrary

Pese a que sólo fueron aquellos que tenían invitación, algunos devotos se acercaron a vivir la Misa del Alba, aunque fuera desde la valla. Es cierto que con algún despiste, como una enfermera que va todo los años a la Misa del Alba y llegó directa del trabajo para encontrarse que no podía entrar. “No lo sabía”, se resignó y la escuchó desde fuera.

Carmen Cardenal sí sabía que no podría entrar, pero le dio igual. Quería estar aunque fuera desde una valla. En la calle María La Faraona se colocó con su madre y siguió la misa con atención y devoción. “Todos los años vengo a la Misa del Alba y salgo de promesa descalza tras el Cautivo. Sabía que no podía entrar, pero tenía que estar porque lo llevo aquí”, comenta señalándose el corazón. La devoción encuentra sus caminos. 

Junto a Carmen y su madre estaba Isabel María Ruiz, una vecina mayor del barrio, que apuntaba con orgullo que lleva 51 años saliendo detrás del Cautivo. Tampoco quiso perderse la oportunidad de estar en la misa, aunque fuera a distancia. “Vengo todos los días a ver al Cautivo, lo tengo metido en el alma”, apunta, al tiempo que se emociona al recordar a su hijo fallecido hace dos años. 

Mientras la conversación avanzaba se escuchó un “Viva el Cautivo” en la plaza, respondido con entusiasmo desde la calle María La Faraona. No fueron muchas voces. Apenas tres. Otro año serán miles. 

Álex Zea

Misa

Mientras las emociones y las ausencias se entrecruzan, la misa avanza con un recuerdo especial a todos los que han padecido la pandemia. Las mociones y las preces recuerdan a los enfermos por el COVID, los fallecidos y sus familiares; así como los desempleados. Las lecturas elegidas también traían de fondo esta situación, tan presente en estos días. 

El obispo de Málaga, Jesús Catalá, fue quien ofició la misa, que contó con el Coro de la Catedral, dirigido por Antonio del Pino, para la parte musical, con el tenor Luis Pacetti y la soprano Lourdes Martín-Leiva. No podían faltar las saetas, que acompañan al amanecer en la plaza de San Pablo el Sábado de Pasión. En esta ocasión de la mano, la voz, de Isabel Guerrero.

Vista panorámica de la plaza de San Pablo, que ha acogido la Misa del Alba. Álex Zea

Hospital Civil

Uno de los grandes momentos de la mañana del Sábado de Pasión, durante el traslado de Jesús Cautivo y la Virgen de la Trinidad es la visita a los enfermos del Hospital Civil. La suspensión del traslado y las lógicas restricciones de acceso al recinto hospitalario redujeron este acto a la visita de una reducida comisión de la hermandad a los enfermos. Se tuvieron que hacer antes una PCR para asegurar que podían entrar sin problemas. Una vez allí le impusieron las medallas de la hermandad a 18 de los pacientes, en un sencillo acto en el patio del Hospital y precedida por una Celebración de la Palabra. De algún modo, el Cautivo se sigue haciendo presente pese a las dificultades.

Mientras, las imágenes fueron trasladadas de forma discreta a la casa hermandad, cubiertas para que no se provocaran problemas, y sobre las 12.00 horas, se abrieron las puertas de la cofradías para que los vecinos del barrio pudieran acercarse a rezar y ver a Jesús Cautivo y la Virgen de la Trinidad. Desde mañana estarán para la veneración pública, pero ya en sus respectivos tronos procesionales.

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El Cautivo y la Trinidad visitan a los pacientes del Hospital Civil La Opinión