Hace un poco de aire, pero la cruz guía de Jesús El Rico va acompañada por cuatro faroles que alumbran su camino. Detrás, varios agentes de la Policía Nacional portan diversos estandartes y luego un sobrio cortejo de hermanos y hermanas con velas, vestidos de riguroso negro, acompañan al Cristo para embocar la plaza de la Merced desde la plazuela homónima. Hay quien mira al cielo. El público es menor que en otras salidas, pero El Rico gana conforme avanza la procesión, con su paso majestuoso y sincero. La candelería va apagada, pero sale con el Himno Nacional y luego, cómo no, Nuestro Padre Jesús, su marcha eterna, la de siempre. Hay silencio. Lo acompaña la Banda de Música de la Trinidad Sinfónica. Son casi las cuatro.

Esta vez el Rico es más sobrio: cruz lisa, sin potencias, corona de plata y cuatro ángeles a sus pies, emulando la talla cristífera de la hermandad destruida en 1931. Incluso en su sobriedad es excelso, excesivo en compasión. Hoy no va a liberar a ningún preso, sino que, con su bendición, nos liberará a todos, a un pueblo entregado a la fe. Lleva la túnica bordada por Sebastián Marchante bajo diseño de su túnica original estrenada en el 75 aniversario de su bendición.

Procesión Magna de Málaga | Salida de El Rico

Salida de El Rico José Antonio Sau

Magnífica la curva de entrada a la Merced con la marcha Maiestas, estrenada para la ocasión, y compuesta por Pablo Cortés. El sol asoma levemente a ratos mientras que el viento obliga a que el Nazareno lleve la candelería apagada, aunque se gana al pueblo con esa sobriedad recién estrenada que tan bien le sienta al Señor de Santiago.