La cofradía del Sepulcro es inmutable. Segura. No hay lugar a los cambios en el luto. Aunque ha sabido encontrar un sitio equilibro en esta procesión Magna. La cruceta ha dado lugar a algunos cambios, con marchas como “Llanto y dolor”, interpretada en la calle Larios bajo un desconcertante montaje navideño, o “Soledad”. Marchas de corte fúnebre, por supuesto, pero ofreciendo un repertorio diferente a la clásica Marcha Fúnebre con la que suele ir este trono. También ofreció un cambio con sus hombres de trono, que fueron con túnica en vez del habitual traje.

La salida se hizo con alguna confusión con el Descendimiento, que obligó a esperar a que pasara este cortejo antes. No obstante, la cofradía reaccionó rápido y de forma eficaz. Los integrantes del cortejo se quedaron a un lado y, en cuanto pasó el Descendimiento, se recompuso la hermandad. La sobriedad y seriedad no se perdió en ningún momento. 

Una representación de la Armada acompañó al trono, con marineros procedentes de varios barcos desfilando tras el Señor.

La hermandad realizó el traslado del Señor desde la Abadía de Santa Ana hasta su trono procesional, apenas una hora antes del inicio de la procesión, en el último traslado de la jornada. Una imagen que siempre impresiona verla tan cerca, quizás por la lejanía habitual que se vive en procesión. 

Procesión Magna de Málaga | Sepulcro

Procesión Magna de Málaga | Sepulcro Miguel Ferrary

La entrada en la plaza de la Constitución y la calle Larios ofreció una imagen extraña. El gran árbol de Navidad en la plaza y el túnel de luces de Navidad en Larios era todo un contraste con el sentido fúnebre de la procesión. Al final, es verdad que no deja de ser una anécdota, ya que está hermandad es ajena a todo lo que salga de su carácter en la calle.