Hay momentos de alegría, de emoción, de reencuentros, recogimiento. De silencio o de escuchar música. Todos esto se ha vivido en la procesión Magna que desde el mediodía recorre Málaga. Pocas veces se han vivido todas juntas en un momento. Es verdad que todo es muy personal y a cada uno le toca una cosa, pero la Virgen de los Dolores de San Juan es una debilidad personal. El reencuentro en la calle tuvo mucho de emoción y oración. El silencio se imponía en la calle Calderón de la Barca desde que abrieron las puertas de la Iglesia de San Juan. La Archicofradía se impone siempre. Sea como sea. No por nada, sino porque siempre ha sabido transmitir su carácter. Solo la elección del Liceo De Música Municipal de Moguer (Huelva) como su banda, dice mucho de su carácter. Vestidos la mayor parte de sus miembros con chaqué, encajaban a la perfección con la propuesta estética de la Archicofradía. Porque en los Dolores de San Juan cada detalle se convierte en oración. Y así sigue siendo.

La Virgen salió con su candelería encendida completamente. Le ayudaba la buena tarde que se ha quedado en Málaga, sin apenas viento ni frío.

La calle Calderón de la Barca acogió en silencio a la Virgen. Incluso algún amago de aplauso fue callado por el público. Muchos extranjeros sacaban partido a sus teléfonos para tomar imágenes y vídeos y enviarlos por los WhatsApp a amigos y familiares. Porque si de algo ha servido esta Magna es para dar a conocer la Semana Santa de Málaga más allá de nuestras fronteras.

Las flores blancas acompañan a la Virgen de los Dolores, con su rostro delicado y doliente. Cruzarse con ella es ponerse frente a un espejo que mira más allá.

La entrada en Fernán González lo hizo con “Redención”. Curva precisa, con las órdenes justas. Sin aspavientos.