El regreso de las trece imágenes que han participado en la exposición “El Verbo Encarnado” en la Catedral volvió a galvanizar a la Málaga cofrade y a miles de malagueños que vivieron con intensidad estos traslados. 

Mucha gente recorrió el Centro, una vez más, aromatizado con incienso. En pleno noviembre. Con trece imágenes devocionales de la Semana Santa de Málaga en una estampa extraña, pero no por eso menos emotiva. Volvimos a experimentar el reencuentro con la devoción más callejera. La de las vías estrechas, curvas ajustadas y balcones desde los que casi se puede tocar las imágenes. Al ir en pequeñas andas, se volvieron a recuperar calles que habían quedado relegadas en la Magna, que optó por avenidas anchas. Hubo música de capilla, coros, agrupaciones musicales, bandas de música y de cornetas y tambores. Pese a ser traslados menos imponentes que los tronos de la Magna, se pudo ver mucha variedad de propuestas y momentos que quedarán para el recuerdo. Quizás difíciles de repetir.

El ambiente del Centro era el de las grandes ocasiones, aunque con esa extraña mezcla de ocio y turismo con devoción cofrade. De una calle en la que la música de capilla se escuchaba en silencio, a otra a 15 metros en las que un guía explicaba la historia de Málaga a un grupo de turistas. O cuando las andas de Viñeros, la Agonía y Servitas pasaban junto a una terraza repleta de extranjeros cenando y con cara de perplejidad ante el paso de las imágenes. Pizza con incienso. Curiosa mezcla que dice mucho de esa diversidad que se vive en el Centro de Málaga. 

Como no podía ser de otro modo, la salida de la Catedral se inició puntual con el Redentor del Mundo, que esta vez iba abrazado a la cruz en su imagen habitual, y el Nazareno de la Misericordia (Chiquito), que además tenían los recorridos más largos y, en parte, común. A partir de ahí el tiempo se fue estirando. Mucho público en la calle y un regreso en el que no había un recorrido común a todas, hizo que los plazos se fueran alargando. El Cautivo cerraba las salidas de regreso a las 19.00 horas, aunque al final salió pasadas las 19.30 horas, precedida de la Soledad de San Pablo. 

Las cofradías trinitarias realizaron su propia procesión, unidas en su vuelta a San Pablo y la ermita de Zamarrilla. De hecho, fue una jornada historia para este barrio, con tres de sus grandes devociones coincidiendo en la calle. Cautivo y Soledad de San Pablo solicitaron a sus vecinos que engalanara la calle Trinidad para recibir a las imágenes de vuelta a casa. Eso también fue la oportunidad para volver a ver en la calle a la Banda de Cornetas y Tambores de Jesús Cautivo y la Banda Sinfónica de la Trinidad, que se incorporaron en la plaza de la Constitución para acompañar el regreso a la Trinidad. Mientras, el Cristo de los Milagros abría esta pequeña procesión trinitaria con su banda incorporada desde la plaza de la Constitución. 

Encuentro en San Julián durante el traslado de las imágenes. Eduardo Nieto

En la calle Nosquera, por su parte, se vivió un momento único, con la coincidencia del Nazareno de Viñeros, el Cristo de la Agonía y la Virgen de Servitas. Habían llegado juntos desde la Catedral y se separaban a la altura de San Julián. Pero la despedida no podía ser cualquier cosa. El Nazareno de Viñeros se situó en el tramo final de Nosquera y el Cristo de la Agonía entró en la iglesia de San Julián, que fue su sede durante mucho tiempo. Después esperaron el paso de la Virgen de los Dolores (Servitas), convirtiéndose en uno de los grandes momentos de la noche. 

Por delante ya habían pasado la Reina de los Cielos y el Señor de la Puente Cedrón, que llegaron por otro recorrido, más corto. Reina de los Cielos entró en San Julián antes que la Agonía. Esta Virgen ha vivido un especial protagonismo con estos traslados y exposición, ganando así un público que por desgracia no tiene como debería en el Domingo de Resurrección. Cuando llegó a San Julián, se quedó en el dintel esperando al Cristo de la Agonía, al que saludó a su llegada a la que fue su sede durante tantos años. Iba bien acompañada. El Señor de la Puente, que iba en el trono de traslado de la Sentencia, iba impresionante sobre sus andas, con una capilla musical que realzaba la extraordinaria sobriedad de uno de las imágenes de Jesús más impresionantes de la Semana Santa de Málaga. Verlo solo, sin su grupo habitual, realza las facciones de esta talla.

Otros barrios también se engalanaron esta noche. El Molinillo recibió a la Virgen de la Piedad, que lleva demasiados días alejada de sus vecinos y de su capilla, que tanta cercanía aporta. Hizo el recorrido en un ambiente de recogimiento con una capilla musical que le iba como anillo al dedo.

La Victoria fue testigo de la vuelta del Cristo del Amor y la Virgen del Rocío. Un maridaje exquisito para una jornada diferente. Ambos cortejos apostaron por dos tonos diferentes. El Cristo del Amor fue acompañado por el Coro Spinola, del Colegio de las Esclavas, aportando un plus de juventud a su recorrido por el Centro. En la plaza de la Merced se incorporó la banda de cornetas y tambores de la Esperanza. La Virgen del Rocío apostó por otro coro, pero más adulto. Fue el coro de Viñeros, que le fue dedicando varias interpretaciones desde la Catedral hasta la plaza de la Merced. Allí se incorporó la Escuela de Música Virgen del Rocío, formación musical que está mejorando a pasos agigantados, de lo que doy fe por la vecindad con sus ensayos, y con una encomiable labor con jóvenes del barrio de la Victoria.