La imagen de Nuestro Padre Jesús de la Salvación Despojado de sus Vestiduras ha vuelto al culto este sábado tras los trabajos de restauración de la talla llevados a cabo por Enrique Salvo Rabasco. La imagen estará expuesta en veneración en su capilla de la calle Ingeniero Díaz Pettersen, junto al Mercado Municipal de la barriada Dos Hermanas en horario de 11.00 a 14.00 y de 17.00 a 20.30horas.

La Asociación de fieles comenzó las gestiones para llevar a cabo estos trabajos alarmados por los problemas estructurales que se estaban produciendo. Los ensambles habían comenzado a mover y abrirse, siendo especialmente relevante en la cabeza, zona del torso y piernas.

Durante la redacción del proyecto, los representantes de la Asociación manifestaron su descontento con el tono que había adoptado la pintura, así como algunos detalles de la Imagen que no presentaban un acabado óptimo o desmerecían del conjunto y de la iconografía que representa. También requirieron la corrección de algunas partes de la anatomía y proporciones.

Había partes de la talla que no permitían un uso correcto de la imagen sin poder vestirlo debidamente como corresponde. De esta manera se ha ahuecado el pelo por la espalda, se han igualado las medidas de los brazos (ya que uno era más largo que el otro – 8cm.) y se han reducido las proporciones del perizoma.

Durante estos trabajos en el Paño de Pureza se pudo observar que las piernas no estaban bien ensamblados con un hueco interior cada una de unos 3mm, que no permitían que asentara bien el conjunto, todo lo cual se ha consolidado debidamente, así como el ensamble descrito de la cabeza y la unión a la peana cuyas cuñas habían perdido adhesividad y se estaban soltando.

Se han realizado manos nuevas que acompañen el movimiento y escorzo de la obra, realizadas en madera de cedro perfectamente anatomizadas e integradas en el conjunto.

Como reza en su advocación, Nuestro Padre Jesús de la Salvación representa el momento en que Jesús es Despojado de sus Vestiduras en el Monte Calvario.

Advocación

Los soldados... cogieron su ropa, haciendo cuatro partes, una para cada soldado, y apartaron la túnica. Era una túnica sin costura, tejida toda de una pieza de arriba abajo. Y se dijeron: «No la rasguemos, sino echémosla a suertes, a ver a quién le toca». Así se cumplió la Escritura: «Se repartieron mis ropas y echaron a suerte mi túnica». Esto hicieron los soldados”.

El Señor experimenta todas las fases y grados de la perdición de los hombres, y cada uno de ellos, no obstante su amargura, son un paso de la redención: así devuelve él a casa la oveja perdida. Recordemos también que Juan precisa el objeto del sorteo: la túnica de Jesús, «tejida de una pieza de arriba abajo» (Jn 19, 23). Podemos considerarlo una referencia a la vestidura del Sumo Sacerdote, que era «de una sola pieza», sin costuras (Flavio Josefo, Ant. jud., III, 161). Éste, el Crucificado, es de hecho el verdadero sumo sacerdote.

Todos estos detalles y precisiones iconográficas han sido reflejadas en su nueva policromía, ya que nos encontramos ante uno de los momentos más cruentos de la Pasión, ya que al quitarle la Túnica se reabrireron de nuevo las llagas que se produjeron durante el Camino del Calvario.