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Semana Santa Málaga

Un pregón con mucho fondo y pegado a los problemas actuales

Flores de olor a primavera, un escenario austero y un concierto con muchos guiños malagueños marcan el pregón, que por fin se pudo celebrar tras la suspensión en 2020 y 2021

Aplausos para Javier González de Lara a la conclusión de su pregón.

Todo reencuentro tiene un sabor agridulce. Por un lado está la alegría de volver a ver a quien llevabas tiempo sin contacto. Es un éxtasis, una alegría inmensa. Es el momento de retomar las cosas donde se dejaron. Pero también tiene un lado amargo. El de tomar conciencia del tiempo perdido sin ese contacto.

El Teatro Cervantes fue escenario de esta peculiar sensación. El de la alegría de los reencuentros y de recuperar la bendita rutina cofrade. Pero también la sensación de un tiempo perdido sin remedio por la pandemia. Aunque quizás sea el pregonero, que ha hecho un ejercicio de estoicismo y resilencia notable durante estos dos años de espera, el que más habrá vivido esos sentimientos encontrados en este pregón del año 2020, 2021 y 2022.

La Orquestra Sinfónica de Málaga arrancó el acto con un concierto muy sencillo, con tres piezas muy bien elegidas y con guiños muy malagueños: ‘Benigne Fac Domine’, de don Manuel Gámez; ‘Soledad’, de Perfecto Artola; y ‘Padrenuestro’, de José María Cano. Esta última interpretación contó con la soprano María Lourdes Benítez y se dedicó, por deseo del pregonero, al pueblo ucraniano, que está sufriendo los horrores de la guerra iniciada por Rusia.

Tras un receso se levantó el telón y se pudo ver un escenario donde el exorno floral, realizado por La Victoria Arte Floral, tenía como eje el olor a primavera, con guirnaldas de eucalipto, romero, laurel, boj y retamas adornando el palco de butacas, mientras que en el escenario se levantaban dos columnas en blanco (alelíes, rosas y hortensias) y morado (iris, cardos, siempreviva y jacintos).

Momento en que se interpreta el Padrenuestro sinfónico antes del pregón. Gregorio Marrero

El escenario, austero, desnudo, mostraba fotos de gran tamaño al fondo. A cada lado, dos pequeñas tribunas de aspecto metálico. Casi industrial. El pregonero en el centro. La puesta en escena de Miguel Ángel Blanco recogió el espíritu del pregón, que viene en un momento duro, tras una pandemia con muchas muertes, pobreza y soledad. Con una guerra en marcha que se llevó varios comentarios del pregonero. Además, recreaba una calle. La ansiada calle de la Semana Santa, tan esperada por muchos y este año recuperada. En las tribunas, personas queridas por el pregonero, de su familia y círculo cercano. , en recuerdo de los que no están y donde, en un momento, depositó un ramo de flores blancas.

Javier González de Lara quiso hacer un pregón fuera del encorsetamiento clásico. No buscó el aplauso y sí un texto con mucho fondo e ideas de calado. Las advocaciones fueron trufando su texto en distintos momentos, mezclando la parte más lírica con otras más pegadas a la realidad. Hizo una defensa encendida de la labor social de las cofradías, de su entrega para ayudar a los que más sufren y lo necesitan. También de cómo los cofrades son personas normales, son los mismos malagueños que se ganan el pan día a día. Las cofradías son Málaga. Subrayó la presencia de imágenes y estampas en las casas, como faros en la tristeza y la desesperanza. No olvidó el papel de la mujer, que resaltó por su papel en las cofradías y en toda la sociedad, reclamando su reconocimiento y una mayor valoración de su presencia.

Y destacó una parte en la que hizo una reclamación muy aplaudida, que se quite la verja al Cautivo y esté más cerca del pueblo.

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