La tristeza de los días previos se convierte ahora en gozo y alegría para los cristianos. Tras la Pasión, Muerte y Resurrección de nuestro Señor Jesucristo, festejamos que Cristo ha resucitado y vuelve entre los vivos. Prueba de esa alegría es el arcoíris que recorre la ciudad en esta mañana de Domingo de Resurrección. Capirotes verdes, morados, cardenal, azules, negros o blancos llenan las calles para anunciar que llega Cristo Resucitado y la Virgen Reina de los Cielos.

Es una mañana de sol y calor, de esa que los cofrades pediríamos para un Domingo de Ramos y que hoy también pediríamos, pues este día conjuga la alegría de su significado litúrgico con la tristeza que supone el fin de una semana que llevaba esperándose tres años.

Cristo Resucitado avanzaba glorioso sobre la magnífica obra diseñada por Fernando Prini y que sirve de trono para la imagen, que va acompañada por un exorno floral de color blanco, símbolo de pureza y alegría.

Desde hace unos años, el cortejo incorpora penitentes propios que anteceden a los titulares iluminando su camino con cera blanca. Cada año, esta sección es mayor, mostrando una actividad cada vez más viva en torno a los titulares de la Agrupación de Cofradías.

“Por mi madre y por los difuntos que se ha llevado esta maldita enfermedad durante dos años”. Con esas palabras dedicadas a los que se fueron, el capataz levanta el trono del Resucitado para dar el tirón que llevará al trono hasta la plaza Uncibay.

El sol se refleja en el Señor y el humo del incienso nos hace revivir en primera persona la escena que dictan los evangelios: “¿Por qué buscáis entre los muertos al que vive?”

Resucitado | Semana Santa 2022

La Reina de los Cielos en su procesión del Domingo de Resurrección. Álvaro Cano

Pétalos de claveles y rosas de todos los colores reciben al último palio de Málaga que saldrá a las calles en esta Semana Santa. Con la marcha ‘Puerta del Cielo’, la Reina de los Cielos se adentra en la calle Méndez Núñez bajo una enorme petalada que cae desde los balcones.

El público sabe que en apenas unas horas, cuando el Resucitado vuelva a cruzar el dintel de San Julián, las procesiones de Semana Santa llegan a su fin, por eso, los devotos arropan a la Virgen y caminan junto a Ella.

La pasión acaba y llega la Pascua. Las bambalinas de malla de la Reina de los Cielos se mecen al compás de las alegres melodías como preludio de lo que está por llegar. Pronto serán las vírgenes gloriosas las que paseen las calles. Sonarán vivas y cohetes. Las avenidas se llenarán de carretas y los cirios se convertirán en ramas de romero. La Semana Santa acaba con la Reina de los Cielos, pero tras Ella continúa un manto de devoción a la Madre De Dios.