Pocas cosas de los años 90 son ya repetibles. Y en el mundo de las cofradías pasa exáctamente igual. Fue una década de consolidación, una edad de oro. La Semana Santa venía de la nada y encaminaba una época de resurgimiento y redescubrimiento. Comenzaba, además, a poner los ojos en el extrarradio. Aquel 29 de noviembre de 1997 fue un día realmente bonito e inolvidable. Una nueva imagen de María 'colonizaba' la Carretera de Cádiz. Se bendecía la Virgen Mediadora de la Salvación y se sembraba una semilla que pronto arraigó y que, 25 años después, ha dado un fruto inmejorable. Su corporación conmemora este importante aniversario durante 2022 y este sábado la imagen ha salido a las calles de Las Delicias. Cofradía y barrio. Feligresía y hermandad. El agradecimiento es mutuo.

Desde el principio, Mediadora puso el listón muy alto. Tanto, que lo que se presumía que iba a llegar tenía que ser, como mínimo, igual de bueno que hasta entonces. Demostraba, en aquellas primeras salidas de cada Viernes de Dolores, incluso aún sin palio y sobre una sencilla 'tabla', que aunque no se pasase por la calle Larios, las cosas podían hacerse incluso mejor. Y tal cual. Esta extraordinaria es un reflejo, una recreación, de aquellas primeras salidas que servían para abrir el telón de la Semana Santa. No eran tiempos de móviles. Ni de selfies, ni de palos selfies. Los protagonistas eran los sagrados titulares. No se patrimonializaba la devoción en las redes. Los jóvenes, que no tenían ni media 'mili' cofradiera, no es que no opinaran aún en los primeros chats, es que, si existiera, no se hubieran atrevido a pontificar en space. Era todo aún muy analógico. Natural y espontáneo. Sin imposturas. Todavía se veían VHS de retransmisiones y alguna que otra cinta de cassette de marchas quedaba extraviada en el walkman dentro del cajón. Y los hombres de trono cumplían con toda dignidad su función, sin tener por qué presumir de ello.

La víspera de ese primer Domingo de Adviento de 1997 cambió la historia de la Semana Santa sin que los impulsores de la incipiente devoción en el Ave María fueran conscientes de ello. La Virgen de García Palomo, con manto negro de la antigua dolorosa de Portada Alta, de donde procedía el grupo, y saya verde lisa, rodeada de claveles de color rosa en las ánforas cedidas por la Merced e iluminada por las 'Marías' de la Trinidad, presidía la eucaristía desde el presbiterio bajo de su parroquia, que ya ha dejado de serlo. Sonaba la escolanía del colegio Los Olivos en el coro del templo. Y a partir de ahí. La historia.

Con Mediadora se impuso el estilo. Sin pausa pero sin prisa. Dando sobradas muestras de madurez, con decisión, tenacidad y fe, ingresó en la Agrupación de Cofradías. Con todo, cada Viernes de Dolores la Virgen, en su traslado al tinglao de Ayala, seguía pasando por las calles de siempre, que seguramente este sábado habrá recorrido por última vez. La corporación se ve obligada ahora a afrontar un reto inesperado: el cambio de sede canónica tras la supresión de la Encarnación como parroquia, que queda como capilla del colegio del Ave María. El 12 de octubre se mudará a San Patricio.  

Así que la salida de este sábado, con toda la carga de alegría y satisfacción que bien merecía la ocasión, no habrá estado exenta de nostalgia. Sobre todo para quienes han vivido la cofradía, en su parroquia, a diario, involucrados en la pastoral, y a duras penas aciertan a concebirla ahora sin ella. Pero todo se andará.

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La salida extraordinaria de Mediadora de Salvación, en imágenes Gregorio Marrero

Antes de la salida, por la mañana, a las 10.30 horas, se celebraba en la iglesia una solemne eucaristía conmemorativa, oficiada por Gustavo Mills, nuevo director espiritual y párroco de San Patricio, con la participación de una representación de la Agrupación de Cofradías, encabezada por su presidente, Pablo Atencia. Y a las 17.30 horas de este sábado primero de octubre se echaba a andar la comitiva.

Tras la cruz guía, que caminaba en silencio, se disponían presidencias de corporaciones vinculadas a la hermandad: las de la zona, como Dos Hermanas, San Andrés o el Carmen de Huelin; de fuera, como la Mediación de la Roda de Andalucía o de Tocina; o del Miércoles Santo, como Salesianos, Rico o la Sangre. Y tras ellas, un nutrido número de hermanos con cirios de color azul pavo. También figuraba en la comitiva una representación de la hermandad de la Victoria, con el simpecado de la Patrona.

La Virgen lucía su saya de color guinda con bordados asimétricos. Sobre su cabeza, la corona de Santos, impuesta en el décimo aniversario, en 2007. Abrigaba su espalda su manto de color personalísimo e inconfundible. En su cintura, un fajín con los colores de España y que, a modo de banda, también le recorría el pecho. Y su rostro enmarcado con sumo gusto, de manos con un sentido artístico superior: las de Manuel García Gordo. La candelería, rematada en pico, a diferencia del Miércoles Santo, iba desnuda, sin los clásicos sellos iconográficos cuyo uso esta hermandad ha sabido instaurar y generalizar. Las flores, rosas blancas esta vez en su mayoría, con una disposición también distinta que en Semana Santa, en ánforas en fanal y un pequeño friso ondulante a modo crestería para rematar un cajillo que aún es provisional y que suspira por que el definitivo pueda ser en breve una espléndida realidad. Y como iluminación de cola, los cuatro faroles que este año ha estrenado su Hijo, el Redentor del Mundo.

En cada mecida de sus hombres de trono, con túnicas de color negro de la sección del Cristo, parecían estremecerse los pilares en los que se asienta la devoción de todo un distrito. En cada cimbreo de palio, las plegarias de sus vecinos, ya a pie de trono, ya desde un séptimo piso. Allí un mantón. Allá un retrato de la Virgen. Más allá, su nombre. Jóvenes y mayores con Ella. Un todo, junto a la Mediadora, que se hacía a la calle de manera puntual a los sones de 'Mediadora de la Salvación', obra de estreno, original del compositor Francisco Javier Moreno, donada por un hermano con motivo del aniversario de la dolorosa. Sonaba La Paz, con un repertorio de corte alegre.

No era la única novedad , ya que el trono de la Virgen se dirigía al toque de una nueva campana que han regalado los hombres de trono, que además han tenido a bien donar un broche alusivo a la jábega que la imagen porta en su mano izquierda y que da nombre también a quienes la portan cada Miércoles Santo, que ha sido realizado en los talleres jerezanos de joyería El Oribe, y que la imagen lucía en el encaje del rostrillo. Del mismo modo, la Virgen iba sobre una peana de procesión nueva, de Emilio Méndez, según el diseño del hermano mayor e ideólogo del patrimonio de la corporación, Salvador De los Reyes.

En los jardines de la antigua Fábrica de Tabacos se celebraba un acto de Consagración al Inmaculado Corazón de María. Entrar en Tabacalera siempre fue una aspiración de la cofradía, al menos en sus orígenes. Poder salir del recinto cuando aún no se había hecho la obra de la puerta de la iglesia. Una quimera que este sábado se ha cumplido.

Tras un giro completo de 360 grados a los sones de ‘Corpus Christi’, la Mediadora ingresaba en la Tabacalera, donde numeroso público se congregaba y la esperaba. A los pocos metros, justo en la plaza del patio central, las distintas representaciones y hermanos se situaron en los márgenes para permitir el tránsito del trono. Otra vuelta, esta vez de 180 grados y con ‘Malacitana’, para encarar a la Virgen. Cuánta emoción condensada en tan histórico lugar. Cuánta precisión en la maniobra. El hermano mayor, postrado ante Ella, pronunciaba el voto de la hermandad. La banda interpretaba a continuación la ’Oración por los caídos’ antes de que el cortejo volviera a formarse y seguir su camino. ‘Coronación de Nuestra Señora del Carmen’ fue la marcha elegida para la despedida.

La cofradía recorría un itinerario de calles de altos edificios de ladrillo visto que quisieron engalanarse al paso de la Virgen con reposteros conmemorativos, colchas y mantones. Grandes banderas de España atravesaban las avenidas con lemas alusivos a la imagen, como la propia advocación, en Manuel Altolaguirre, o 'Delicia de Virgen', en Vázquez Claver, donde la Virgen fue recibida con una salva de cohetes.  Y un imponente arco confeccionado a base de reposteros pintados que pendían de un cuarto piso de la calle Lepanto y desde donde el palio iba a recibir una interminable petalada.