Un sábado por la tarde cualquiera en el Centro de Málaga: escuchas conversaciones en hasta seis idiomas distintos, te cruzas con despedidas de soltero con vestidos de hadas y árabes del Golfo en una promesa de humillación pública, sorteas mesas atestadas de gente comiendo y bebiendo y, a lo lejos, se escucha un murmullo mezclado con tambores. Unos pasos más y aparece la imagen del Cristo de la Agonía con toda su rotundidad. Rodeado de los malagueños. Con la música de la Banda de Cornetas y Tambores de la Esperanza meciéndole en una demostración de clase. No, no es un sábado por la tarde cualquiera. Es la salida procesional extraordinaria por el 50 aniversario de la imagen. 

La Hermandad de las Penas llenó las calles del Centro de Málaga. Ella sola. O mejor dicho. El Cristo de la Agonía consiguió convertir esas calles en una escuela cofrade, lejos del ordinario bullicio turístico. Era el momento de aprender de la elegancia y la clase de la hermandad, que libre de las ataduras lógicas del Martes Santo ofreció una imagen sobria, elegante y contenida. Pero con detalles que mostraron ese saber pensar las cosas que suele caracterizar a la hermandad. Una túnica morada de Nazareno, ricamente bordada, descansaba a los pies del Cristo, en medio del un monte agreste que formaba su exorno floral. Tenía su mensaje, su guiño a los orígenes de la hermandad, cuando el Cristo se pensó con un grupo escultórico en el que los romanos se rifaban la túnica de Jesús. Al final quedó el Cristo sólo, decisión acertada por la fuerza de la imagen, pero no quiso la hermandad dejar pasar la oportunidad de enlazar su presente y su pasado con ese gesto, gracias a la túnica cedida por la hermandad del Nazareno de Alhaurín de la Torre.

Todo se aliaba en la tarde de este sábado en favor de la hermandad. El clima era perfecto para salir. El sol iluminaba el dorado del trono con una calidez inusual, haciendo que volver a salir de San Julián fuera todo un ejercicio de nostalgia reparadora. La historia de Las Penas se iba engarzando poco a poco a cada paso por el Centro, cosiendo sus 50 años de historia con el presente. Los hombres de trono, que se repartieron en dos turnos, vestían un traje de chaqueta oscuro y corbata negra. El monte a sus pies y marchas clásicas para su recorrido. Aquí habría que hacer un inciso importante, no se entendería al Cristo de la Agonía en la actualidad sin la Banda de Cornetas y Tambores de la Esperanza. Su música ha hecho mucho por engrandecer la imagen en la calle. La comunión entre el trono y la hermandad con la banda es total y los músicos son conscientes, respondiendo con su mejor toque. Para esta ocasión, además, regalando una versión de la marcha “Cristo de la Agonía” de Abel Moreno, que han adaptado para cornetas y tambores. 

El trono no lleva prisa, ni debía tenerla en un día así. El paso corto, lento, al ritmo de la música, dejando mecer la imagen. Apenas se escuchaban órdenes de los capataces. Casi se podría decir que la banda era el capataz del trono, marcando el paso a cada momento. Con ‘Un cielo para mi Virgen’ dio una clase de cómo dar una curva al paso.

Salida del Cristo de la Agonía en su procesión extraordinaria

Salida del Cristo de la Agonía en su procesión extraordinaria I. A. Castillo

Detalles para la historia 

La salida del Cristo de la Agonía por este 50 aniversario de la imagen escribe una página de la historia de la hermandad. En esa página quedarán detalles como la presencia de una presidencia en el cortejo procesional, algo inusual en la hermandad y que viene de la mano de un evento extraordinario como el celebrado el sábado. Una representación de las hermandades del Martes Santo y de las hermandades de Viñeros y Huerto, con las que mantiene unos fuertes vínculos, ocupaban este lugar de privilegio en el cortejo, abierto por la cruz parroquial con ciriales y formado por un centenar de hermanos con cirios tiniebla. 

Otro elemento que llamaba la atención era el cráneo a los pies del Cristo, realizado por Ruiz Montes y que tiene una historia curiosa, ya que está sacado de punto de un cráneo real, cedido por un estudiante de Medicina para este trabajo. 

También queda para la historia el paso por la calle San Juan, primera vez en la que pasa por esta vía, que parece diseñada especialmente para los tronos de crucificados. Quizás sea porque la estampa del Cristo de la Redención, o por sus dimensiones, pero allí el Cristo de la Agonía ha encontrado un entorno acorde, como lo es la calle San Agustín.