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Aniversario

Toda la pujanza cofrade de La Unión va con su Virgen

Humildad y Paciencia conmemora el 25 aniversario de la llegada de Dolores y Esperanza a la parroquia de San Vicente de Paúl con una extraordinaria, extraordinaria, que revoluciona las calles de La Cruz del Humilladero y la convierten en epicentro devocional de Málaga

Ignacio A. Castillo

Ignacio A. Castillo

Málaga

Comenzó siendo el sueño de unos monaguillos que servían el altar en distintas parroquias de Málaga. Una locura que, en las vísperas de Semana Santa, recorría el entorno de la calle Ollerías para llegar hasta el convento de las Carmelitas, que todo tiene un por qué y he aquí el origen. Todavía era 1996. Aún no era más que una utopía nazarena en aquellas primeras salidas, ya desde San Vicente y desde 1999, con estación en la ya desaparecida Capilla de la Estación de la Cena y, a la iglesia del Carmen, presente siempre. Y hoy es una espléndida realidad, que ha echado raíces y que muestra su imponente vigor en un vastísimo núcleo poblacional que supo responder desde el primer momento a esta poderosa llamada. Desde entonces, 1999, hasta ahora, han pasado 25 años, y la ya cofradía agrupada de Humildad y Paciencia ha querido conmemorar este aniversario de la llegada de su Virgen al barrio de manera extraordinaria

¿Quién lo iba a decir? Los cofrades que fueron testigos de este germen procesionista lo celebran también. Cuánto más, si no, sus promotores, como Juanma Sánchez Quiñones, ideólogo, artífice y mediador imprescindible, en su día, para convencer a la familia Ravina-Albarracín Ramírez, y en concreto a María Angustias, de que donara la imagen que hasta entonces recibía culto doméstico en un urna de cristal en su domicilio de la calle Parras número 9. Y, por supuesto, todos los hermanos de la corporación y los devotos de la imagen, que son muchos y cada vez son más. Sin duda alguna, aquel tesón de sus fundadores, aquella constancia e insistencia, se tornaron en contagiosa ilusión que se extendió rápidamente por toda La Cruz del Humilladero. Lo que viene siendo evangelizar. Sus vecinos, cofrades de otras hermandades clásicas del Centro o de barrios históricos, ya contaban con un referente cercano y a la mano. Y ya se sabe de dónde nace el cariño. 

Dolores y Esperanza: 25 años de la Virgen de la Cruz del Humilladero

La Virgen lució el manto de la Soledad de Mena de Leopoldo Padilla. / Gregorio Marrero

"La imagen nos sedujo a todos. Encontrarte con Ella en tu parroquia, de repente, supuso un punto de inflexión. Plantó una semilla y desde el primer momento se convirtió en la Virgen del barrio", recuerda el actual hermano mayor, Antonio Río, cofrade incombustible. De hecho, lo que la cofradía ha venido a conmemorar es, precisamente, la llegada de la imagen a su sede canónica. Ese cuarto de siglo de historia en que la dolorosa se ha transformado en núcleo singular del día a día de sus dominios. Porque, por otra parte, además de que ya saliera con anterioridad por el Centro, y aunque posiblemente ya estaría bendecida, tras ser cedida por la familia para la cofradía, "esa imagen de la que me enarmoré cuando aquel día de mayo fui a adornar un balcón para el paso de la Pastora", recuerda Quiñones, el eterno Monaguillo, volvió a recibir las aguas santas en 1998 en la sacristía de los Mártires de manos de Emiliano Fortea, de manera privada. 

Manuel Delgado, los hermanos Díaz o Rafael González (hermano mayor durante 20 años y que en la procesión ejercía de mayordomo de trono) son también nombres propios de aquellos primeros años para que la Virgen echara anclas en San Vicente. Y este sábado, La Cruz del Humilladero se ha convertido en epicentro cofradiero y devocional de Málaga en torno a este aniversario, con la procesión extraordinaria, pero extraordinaria con su significado más pleno, de la Virgen por sus calles. 

Dolores y Esperanza: 25 años de la Virgen de la Cruz del Humilladero

Antonio Río, hermano mayor, y el director espiritual, Ángel Antonio Chacón, en la presidencia. / Gregorio Marrero

La extraordinaria de La Cruz del Humilladero

Extraordinaria por la fecha elegida. Por el motivo elegido. Por la puesta en escena procesional de la Virgen elegida: bajo el antiguo palio de terciopelo verde de la Virgen de Gracia y Esperanza, obra de los años 40 del siglo pasado bordada por las Madres Trinitarias para la cofradía de los Estudiantes; y abrigando su espalda con el antiguo manto procesional de la Virgen de la Soledad de Mena, en terciopelo negro bordado en oro por Leopoldo Padilla en 1948. Además, lucía tocado de encaje francés de oro con toca de sobremanto del Carmen Coronada, de nuevo el Carmen, como signo de unión e identidad carmelitana. Y como estrenos más destacados, vestía una nueva saya, obra de los talleres de Manuel Mendoza bajo diseño de Salvador Aguilar, asimétrica sobre terciopelo verde y, a sus pies, una media luna que ha realizado el orfebre Emilio Méndez, según el proyecto de Francisco Navarro.

El trono, el suyo de cada Domingo de Ramos mientras se mantiene la espera del anhelado dibujado por Francisco Naranjo (que será revolucionario porque retoma las propuestas estilísticas que definieron la configuración procesionista de la Málaga cofrade de los años veinte del pasado siglo), iba arreglado con nardos, rosas, orquideas blancas y phericum rosa, con vistosos aunque medidos centros en las esquinas. Como también lo eran los ramilletes de flores rizadas repartidos en número de diez en algunos cirios de la candelería, que rompían así su estricta verticalidad. 

Al ritmo que imponía la banda de cornetas y tambores del Carmen, que abría la comitiva, la procesión se echó a andar desde la casa hermandad poco después de las 19.00 horas, tal y como estaba previsto. En toda una declaración de intenciones, lo hacía por Reboul en sentido contrario al de cada Domingo de Ramos. Numerosas salvas lanzadas desde el patio del instituto Miguel Romero Esteo anunciaban la salida del trono. Provocó cierto revuelo que las varillas de algunos cohetes cayeran sobre las cabezas de parte del público, que desde bien temprano ocupaba la calle, de acera a acera, como si fuera a pasar un catorce varales.

Dolores y Esperanza: 25 años de la Virgen de la Cruz del Humilladero

El paso de la Virgen por la iglesia de la Asunción. / Gregorio Marrero

Ni un rincón sin pisar

La Virgen, repleta de bordados, con el escapulario carmelita y su incensario, atributo característico, de siempre, en la mano derecha se hacía a la calle con el Himno de Andalucía y la marcha 'Dolores y Esperanza', de Sergio Bueno. La procesión era extensísima y tras la cruz guía figuraban representaciones de distintas cofradías. Las del Domingo de Ramos, aunque no todas; Nueva Esperanza, Esperanza y Expiración, por la íntima relación con la advocación mariana de la imagen protagonista de la jornada; o de la Cena, Misericordia y el Carmen, por el vínculo histórico con estas hermandades. También participaron la Vera+Cruz de Almogía y los Dolores y el Carmen de Yunquera.

180 hermanos con cirios componían la comitiva que discurrió por un itinerario engalanado de principio a fin con multitud de guirnaldas de flores de papel, banderas y pancartas en leyendas alusivas a la imagen. Y mucha gente. En cada calle cada vez más, y eso que en el Centro estaba María Auxiliadora, todo un portento devocional. Y ambiente cofrade de barrio. Casi de pueblo, que se siente plenamente identificado con su hermandad.

Hombres y mujeres de trono se repartieron en dos turnos de 164 personas y lucián túnicas conmemorativas de color negro con cíngulo verde. Imprimían una mecida briosa a las largas morilleras del palio.

Dolores y Esperanza: 25 años de la Virgen de la Cruz del Humilladero

Cuerpos de acólitos, ante el trono. / Gregorio Marrero

El paso por la parroquia fue significativo. Ante San Vicente de Paúl y para entrar a una calle La Unión a reventar, la banda de La Cruz del Humilladero, también muy unida a la hermandad y que acompañaba al trono, interpretó 'Del Dolor a la Esperanza', de Gándara. Y más adelante, para entrar en Andarax, del mismo autor 'Pasa la Virgen de la Candelaria'. Cuando el trono terminaba la maniobra de acceso a esta vía, salía ya la cabeza por Amarguillo, la paralela.

El serpenteante camino para no dejarse ni un solo rincón del barrio sin pisar condujo a la comitiva a la calle Enrique Herrera Moll, donde se montó el primer tinglao y donde la hermandad levantó un espectacular arco de estructura arquitectónica cubierto de flores de papel de cuatro metros de ancho, cinco de profundo y siete de alto. Tenía decoraciones con los dogmas de la Santísima Virgen, obra de Ignacio Rangel y tondos de Francisco Navarro Juanjo Galiano. El paso por este punto fue de los más aguardados y la Virgen cruzó con 'Carmen Coronada' en lazada con 'Coronación de la Macarena' y seguidamente por 'La Estrella Sublime', cuando la Virgen recibió una petalada. Los vecinos se asomaban desde sus casas para ver la procesión. Desde un séptimo, un octavo, un noveno y hasta un décimo piso. Es la Málaga habitada y viva, tan distinta al Centro actual, víctima de la gentrificación, y en cuyos balcones casi que solo se asoman ya las toallas tendidas.

Dolores y Esperanza: 25 años de la Virgen de la Cruz del Humilladero

La Virgen, ante el altar levantado por Juanma Quiñones en la calle La Unión. / Gregorio Marrero

El paso por La Unión, nervio del barrio, fue también multitudinario. Sobre todo cuando la Virgen llegó al altar efímero levantado por Juanma Quiñones, bajo una gran pancarta alusiva en la que podía leerse "Madre del Monaguillo", y que era presidido por una réplica de la Virgen de Dolores y Esperanza, realizada por Nicolás Torres.

Bendición de un nuevo retablo cerámico

Por la mañana, a las 11.00 horas, bajo una fina lluvia tuvo lugar el acto de presentación y bendición de un nuevo retablo cerámico, una obra de Javier Aguilar, de Puente Genil, de tamaño real, que ha sido colocado a ras, a la altura de los viandantes, en la calle Enrique Herrera Moll, porque fue allí de donde salió la primera procesión de la Virgen. Estuvieron presentes, entre otras autoridades, el alcalde de Málaga, Francisco de la Torre, y la concejala del distrito, Teresa Porras, otra de las personas que, desde su papel institucional, ha prestado destacadísima colaboración a la corporación a lo largo de estos 25 años. De hecho, este mosaico se ha podido realizar gracias a una subvención del junta municipal de La Cruz del Humilladero.

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