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Aniversario

Cien años de Hermandad: siglos de fe y devoción en Casarabonela

La Hermandad de Nuestro Padre Jesús Crucificado y María Santísima de los Dolores de Casarabonela celebra un centenario que conmemora siglos de devoción, tradición y compromiso con la fe religiosa

La imagen del Crucificado de Casarabonela en procesión.

La imagen del Crucificado de Casarabonela en procesión. / L. O.

Josemi Sepúlveda

Josemi Sepúlveda

Casarabonela celebra este año el centenario de la Hermandad de Nuestro Padre Jesús Crucificado y María Santísima de los Dolores, una efeméride que va mucho más allá de la mera conmemoración cronológica. Porque estos cien años no representan un punto de partida, sino la continuidad de una historia de fe que hunde sus raíces en siglos de tradición y devoción popular.

Para comprender la verdadera dimensión de este aniversario es necesario remontarse al siglo XVII. En 1630 se funda en la localidad la Cofradía de la Vera Cruz, considerada la raíz espiritual de la actual Hermandad. Incluso antes, en el siglo XVI, ya existían en la villa ermitas y cofradías organizadas que vertebraban la vida religiosa y social del municipio, evidenciando una intensa religiosidad popular que ha perdurado hasta nuestros días.

Siglos de devoción de padres a hijos

La devoción al Cristo no nació en 1926. Fue el fruto de generaciones que entendieron la fe como una forma de vida, transmitida de padres a hijos, sostenida en el tiempo por la tradición, el compromiso y el sentimiento colectivo. Durante siglos, la Vera Cruz fue referente de culto y procesión, aunque, como tantas realidades históricas, atravesó etapas de interrupciones, pérdidas y silencios.

El siglo XX trajo consigo momentos especialmente difíciles. En ese contexto, en 1926, se formaliza la Hermandad de Nuestro Padre Jesús Crucificado y María Santísima de los Dolores, no como un simple inicio, sino como una firme reorganización de una devoción heredada. Un esfuerzo consciente por recuperar, estructurar y proyectar hacia el futuro una fe profundamente arraigada en el pueblo.

Imagen de los estatutos originales de la Hermandad de Casarabonela.

Imagen de los estatutos originales de la Hermandad de Casarabonela. / L. O.

El golpe de la Guerra Civil

La Guerra Civil supuso un duro golpe para la Hermandad, con la destrucción de imágenes, enseres y patrimonio de incalculable valor. Sin embargo, no se perdió lo esencial: la fe ni la voluntad inquebrantable de reconstruir. Aquel espíritu de superación dio lugar a una Hermandad conocida popularmente como “la Hermandad de los Pobres”, un nombre que lejos de ser peyorativo se convirtió en símbolo de orgullo y dignidad. Estaba formada por trabajadores agrarios, carpinteros, electricistas, confiteros y hombres humildes que, con sacrificio personal y convicción, sostuvieron la institución.

No tenían grandes medios, pero sí una profunda fe y un compromiso que ha atravesado generaciones. Esa convicción permitió que la Hermandad no solo sobreviviera, sino que creciera y se consolidara con el paso del tiempo.

A lo largo de estos cien años, la Hermandad ha contado con hermanos mayores que asumieron la responsabilidad de guiarla en cada etapa: Juan Gómez Doblas, José González Ponce, Eleuterio Gutiérrez Miguel, Antonio Rueda del Río, Antonio González Andrades, Margarita Martín Trujillo, Margarita Macías Santiago y, desde 2011 hasta la actualidad, Antonio Galván Florido. Cada uno, desde su tiempo y circunstancias, contribuyó con entrega y vocación de servicio al desarrollo y fortalecimiento de la corporación.

Porque si una palabra define esta historia es “servir”. Servir a la Hermandad, al pueblo y a la fe que los une. Este centenario no es solo una celebración institucional, sino un homenaje sincero a quienes fundaron, reconstruyeron y mantuvieron viva la llama cuando parecía apagarse.

Cien años de la reorganización

Cien años de reorganización, pero siglos de devoción. Un legado que hoy se mira con gratitud hacia el pasado, con orgullo hacia el presente y con responsabilidad hacia el futuro. Porque mientras haya un hermano dispuesto a acompañar, una familia que transmita esta fe y un corazón que se entremezcla al contemplar al Crucificado, la Hermandad seguirá viva.

Y eso, precisamente, es lo que Casarabonela celebra este año: una historia compartida, una fe heredada y un compromiso que continúa.

Cartel de los actos del centenario.

Cartel de los actos del centenario. / L. O.

Calendario para la celebración

La hermandad ha concebido un ambicioso y cuidado programa de actos para conmemorar esta histórica efeméride, un calendario cargado de simbolismo, fe y emoción que se extenderá hasta el próximo mes de mayo y que promete dejar una huella imborrable en la vida cofrade y espiritual del municipio.

Charlas formativas, besamanos extraordinario de la titular mariana, un concurso de dibujo destinado a sembrar la semilla de la devoción entre los más jóvenes y una impactante exposición fotográfica conforman un itinerario cultural y religioso pensado para implicar a toda la comunidad. Cada una de estas citas servirá como antesala de los momentos centrales de esta celebración, concebida no solo como recuerdo del pasado, sino como proyección de futuro.

Besapié al Crucificado

El punto álgido llegará este sábado, 21 de febrero, con el solemne besapié al sagrado titular, que presidirá un imponente Vía Crucis por las calles de la localidad. La comitiva penitencial partirá a las seis de la tarde, envuelta en el recogimiento y la solemnidad que marcan los grandes acontecimientos, acompañada por los sones de la Banda de Música de Tolox y bajo la dirección espiritual del reverendo Juan Manuel Caracuel, director espiritual de la hermandad.

Una jornada llamada a convertirse en un hito, donde tradición, devoción y sentimiento se darán la mano para escribir una nueva página en la historia de esta corporación, reafirmando su papel como columna vertebral de la fe y la identidad colectiva del pueblo.

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