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Novedad

La Esperanza incorpora una antigua figura al cortejo procesional: los maceros

La Archicofradía de la Esperanza incorporará maceros, inspirados en los antiguos heraldos, y una nueva bandera pontificia en su procesión para reforzar su vínculo con El Vaticano

Hubo heraldos, en los que se inspiran los actuales maceros, que salieron en procesión en los años 50, en el cortejo de la Archicofradía de la Esperanza.

Hubo heraldos, en los que se inspiran los actuales maceros, que salieron en procesión en los años 50, en el cortejo de la Archicofradía de la Esperanza. / Archicofradía de la Esperanza

Miguel Ferrary

Miguel Ferrary

La próxima salida penitencial de la Archicofradía de la Esperanza contará con una novedad en su cortejo, ya que incorporará la figura de los maceros, una recuperación simbólica que remite a la figura de los heraldos que desfilaban en la hermandad durante el siglo pasado. La medida se enmarca en el propósito de reforzar el carácter ceremonial y tradicional de la procesión, sumando un elemento de gran carga histórica.

En la actualidad, los maceros mantienen un papel eminentemente protocolario en instituciones, presentes en actos solemnes y ceremonias oficiales. Sin embargo, en su origen abrían paso y acompañaban a representantes de la realeza, con una misión protectora y de afirmación de autoridad.

Actualmente, figuras similares perviven en las instituciones, como en el Ayuntamiento de Málaga, que incorpora a los maceros en los grandes eventos que requieren de un mayor nivel protocolario.

Inspiración artística: “La rendición de Granada”

La estética elegida por la Archicofradía de la Esperanza bebe de una referencia artística concreta al conocido cuadro de 'La rendición de Granada', obra del pintor Francisco Pradilla y Ortiz (1882), que representa el instante en el que el rey Boabdil entrega las llaves de la ciudad a los Reyes Católicos tras la Guerra de Granada.

Esa iconografía, ligada a la solemnidad del ceremonial histórico, sirve de guía para la imagen que adoptarán los maceros en el cortejo.

“La rendición de Granada”, obra del pintor Francisco Pradilla y Ortiz (1882)

“La rendición de Granada”, obra del pintor Francisco Pradilla y Ortiz (1882) / L. O.

Antecedente en la hermandad: los heraldos de los años 50

En el ámbito propio de la Archicofradía, la presencia de heraldos se remonta a los años 50 del siglo XX. La idea surgió para que dos hombres de trono, ataviados con indumentaria de corte ceremonial, portasen en la procesión el gran escudo corporativo de la Archicofradía. Su cometido era el de tenantes, término heráldico que designa a las figuras humanas que flanquean y sostienen una insignia.

Un atuendo cargado de heráldica y simbolismo

El conjunto que conserva la Esperanza destaca por su riqueza ornamental y simbólica. Consta de un tabardo de terciopelo carmesí, decorado en su parte frontal y posterior con un blasón cuartelado que integra las armas históricas de los reinos peninsulares y los elementos propios del escudo de España, incluyendo el motivo de Granada. En el cuello se incorpora el Collar de la Orden del Toisón de Oro, un detalle de fuerte impronta ceremonial.

El atuendo se completa con un birrete de terciopelo carmesí y un penacho de plumas —conocido como airón—, además de unas antiguas mazas de madera que refuerzan la imagen de autoridad y dignidad característica de esta figura.

Estreno junto a la sección de la Virgen y la bandera pontificia

Los maceros se integrarán en el cortejo escoltando a la bandera pontificia, otra de las novedades de este año, y lo harán dentro de la sección de la Virgen. Con esta disposición, la Esperanza busca imprimir al tramo un tono especialmente solemne y subrayar sus vínculos con la Santa Sede, en una línea que se ve reforzada tras el último Jubileo de las Cofradías, cuando la imagen mariana estuvo expuesta a la veneración de los fieles en la Basílica de San Pedro del Vaticano.

Con la incorporación de maceros y el estreno de la bandera pontificia, la Archicofradía de la Esperanza suma al patrimonio inmaterial de su procesión un lenguaje visual reconocible: tradición, ceremonial e identidad, al servicio de una puesta en escena que aspira a engrandecer el discurrir de su estación de penitencia.

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