Cofradías
Un trono para narrar la subida al Calvario: la Salutación abre el camino de una gran obra
El proyecto de Manuel Toledano Gómez, que sustituirá al actual de su padre y es la segunda entrega de una tetralogía monumental, se presenta en San Julián como un trono barroco, “valiente” y catequético, pendiente ahora del cabildo de hermanos

Presentación del proyecto del nuevo trono de Salutación, obra de Manuel Toledano / Eduardo Nieto

Salutación ha puesto este martes sobre la mesa algo más que un diseño: ha presentado, en la Sala Capitular de la Agrupación de Cofradías una idea de futuro. El dibujo del nuevo trono procesional del Divino Nombre de Jesús Nazareno, firmado por Manuel Toledano Gómez, aspira a convertirse en el soporte material de un misterio que cada Domingo de Ramos sale de la iglesia de San Felipe Neri para poner en la calle una escena de hondura narrativa, en la que Cristo sube al Calvario con la cruz a cuestas, ante las Mujeres de Jerusalén, mientras la Verónica enjuga su rostro.
El proyecto, concebido como segunda entrega de una tetralogía monumental iniciada con el trono del Cristo de la Crucifixión, llega para cerrar una espera que la hermandad arrastra desde hace años. No es, en palabras del hermano mayor, un simple “avance” patrimonial: es una cuestión de identidad. “Para nuestra hermandad, este proyecto es un anhelo y una deuda con nuestro Divino Nazareno”, subraya Javier Castillero.
Un deseo antiguo… con un final todavía abierto
La corporación lo tiene claro: quiere dotar al Señor de unas andas “acordes con la dignidad devocional, la hondura teológica del misterio y la tradición artística de la Semana Santa malagueña”. Pero la hoja de ruta aún tiene estaciones por delante. Castillero insistió en que el respaldo de la junta no cierra el debate: “Aún queda un largo proceso, porque aunque viene avalado por la junta de gobierno, serán los hermanos en cabildo quienes finalmente decidan si se lleva a término”.
Y habrá más voces que sumar. “También hay que hablar con artistas de otras disciplinas para los trabajos de imaginería y orfebrería”, avanzó el hermano mayor, en alusión a un futuro conjunto que requerirá manos especializadas más allá de la talla.

Imagen frontal del proyecto de Manuel Toledano para el trono del Nazareno de la Salutación, presentado este martes. / L. O.
La historia vuelve a empezar por la calle Álamos
Hay un hilo emocional que atraviesa la propuesta y que Toledano quiso traer al presente. Para entender este trono hay que retroceder al 8 de septiembre de 1990, en la calle Álamos, durante la procesión de la Patrona, la Virgen de la Victoria. Aquel día, su padre, Manuel Toledano Vega, recibió la noticia de un encargo determinante gracias a la confianza de un cofrade, Carlos Pardo: un trono de salida provisional para la primera estación de penitencia en recorrido oficial. El mismo que todavía la hermandad utiliza cada Domingo de Ramos.
Aquel trabajo, ejecutado entre octubre de 1990 y febrero de 1991, resolvió una urgencia, sí, pero también abrió un camino vital y artístico. Hoy, con el hijo al frente del proyecto, la historia da la vuelta completa: ya no se trata de salir del paso, sino de construir una obra con vocación de permanencia. Además, el vínculo familiar añade una lectura extra.
Un diseño “valiente” que quiere hablarle al que mira
En el salón de actos de la Agrupación de Cofradías —con las intervenciones de Enrique Guevara y Rafael López Taza, encargados de describir el trono y la obra del autor desde perspectivas distintas— se dibujó una idea central: este trono no busca solo impactar; busca significar. “Es un diseño valiente, muy barroco, lleno de simbolismo hacia la hermandad y la vida cristiana”, defendió Castillero. Y remató la intención con una imagen clara: “Podemos decir que es una catequesis, que te hace reflexionar sobre cómo presenta Dios el camino del creyente a través de la historia de la Salvación en los diferentes pasajes bíblicos de las futuras cartelas”.
El límite de 238 centímetros
Si el diseño sueña en grande, la realidad obliga a medirlo todo. El proyecto afronta un condicionante técnico decisivo: el ancho dedel cancel de la puerta de salida de San Felipe tiene 238 cm. Con el misterio —obra del imaginero sevillano Antonio J. Dubé de Luque— alcanzando una anchura aproximada de 190 cm, la planta debía resolverse con inteligencia: ligeramente sinuosa, depurada, calculada para el tránsito y el equilibrio en calle.
Frente a la verticalidad dominante del proyecto anterior, aquí la escena se apoya en una horizontalidad narrativa más marcada. Aun así, el diseño mantiene dos principios “irrenunciables” en la concepción de las andas: la verticalidad como símbolo de elevación espiritual y la piramidalidad como orden visual que conduce la mirada al eje del misterio.
El proyecto se ha desarrollado durante años, impulsado por sucesivas juntas. En ese itinerario, durante la presentación, se destacó el apoyo del anterior hermano mayor, Manuel Calderón López, y el empuje del equipo encabezado por Javier Castillero, el actual, bajo cuyo mandato se han concluido las labores de diseño.
En lo técnico, Toledano mantiene el mismo lenguaje gráfico de la primera obra de la serie, el proyecto de Crucifixión: aguada de acuarela y plumilla de tinta china, superponiendo línea estructural y mancha cromática para dar profundidad. Pero ha tomado una decisión consciente: moderar el detalle en zonas secundarias para favorecer una lectura más limpia y unitaria.
Para garantizar la fidelidad, el proceso incorporó estudios del natural (modelos reales para figuras, telas, cuerdas y elementos vegetales) y ajustes de escala pensados para una distancia concreta: que el trono se entienda como se verá en la calle, a unos cuarenta metros.

Porta Pía de Miguel Ángel Buonarotti, en Roma. / L. O.
Geometría, barroco y naturaleza invadiendo la arquitectura
La base del diseño es una estructura geométrica clara: un sistema de circunferencias que ordena todo el conjunto. En ese esquema, nada funciona como adorno suelto: cortinaje, maroma, ramas laterales o arco inferior se conciben como piezas que se sostienen entre sí.
El canasto se escalona en niveles: basamento liso, una moldura clásica de ovas y dardos de inspiración grecorromana y, por encima, el cuerpo principal con perfil suavizado de “pecho de paloma”. En la cornisa, el proyecto introduce una reinterpretación de las gotas trapezoidales, un guiño a soluciones históricas poco frecuentes y a la libertad formal que Miguel Ángel llevó al límite en la Porta Pia, de Roma, una de las últimas y más innovadoras obras arquitectónicas de Buonarroti, diseñada entre 1561 y 1565 por encargo del Papa Pío IV.
En el apartado ornamental, el trono apuesta por dos grandes golpes escénicos:
- Un cortinaje barroco a modo de “telón” que enmarca y descubre el núcleo del misterio.
- Dos ramificaciones laterales: un rosal y un espino, inspirados en la talla flamenca y en púlpitos barrocos del norte de Europa, donde la naturaleza parece invadir la arquitectura.
El simbolismo lo explica solo: rosal como belleza y plenitud; espino como dolor, herida y redención. Y en el centro, una cartela rematada con la corona del Sacro Imperio, entendida no como emblema político, sino como alusión a la realeza de Cristo desde el sacrificio.
Madera, dorado mate y una clave bíblica
El proyecto prevé una ejecución íntegra en madera, con refuerzos metálicos solo donde la estructura lo exija —especialmente en elementos delicados como candelabros o ramificaciones de menor sección—. El acabado se plantea con barnices matizados con ceras y toques de dorado mate sin bruñir, tomando como referencia modelos europeos septentrionales.
Y el cierre del relato no está en la talla, sino en el mensaje: un programa iconográfico centrado en la tensión entre libertad humana y Providencia divina, resumido en el proverbio: “El corazón del hombre piensa su camino, pero el Señor dirige sus pasos” (Prov 16,9). La lectura se propone como recorrido: Abraham e Isaac (promesa y obediencia), la elección entre comodidad y entrega (el joven rico y Getsemaní) y, en el frontal, una “clave” formal y simbólica con el Cuadrado Sator, entendido sin superstición, como imagen de caminos posibles sostenidos por un centro estable (TENET).
Un sueño con votación y calendario por escribir
Queda, como recordó Castillero, el paso decisivo: que los hermanos decidan en cabildo y que el proyecto se aterrice, pieza a pieza, con el concurso de los distintos oficios. Pero la hermandad quiere dejar clara la dirección. “Esta junta tiene el firme propósito de hacer realidad el sueño de un nuevo trono para el Nazareno de la Salutación”, afirmó el hermano mayor. A partir de ahí, el dibujo ya no es solo un dibujo: es una promesa. Una forma de decir que la Salutación quiere que su Nazareno camine, por fin, sobre un trono capaz de contar —con barroco, geometría y catequesis— lo que cada Domingo de Ramos Málaga vuelve a mirar.
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