Entrevista | Ignacio A. Castillo Pregonero de la Semana Santa de Málaga 2026
"Espero dar el pregón que creo que Málaga y la Semana Santa necesitan escuchar en 2026"
Ignacio A. Castillo, pregonero de la Semana Santa de Málaga 2026, confiesa , pero también con el deseo de dejar huella y remover conciencias con un discurso sincero

Ignacio Castillo, pregonero y periodista de La Opinión de Málaga, posa en el interior del Teatro Cervantes, donde el sábado hará el pregón de la Semana Santa 2026 / Álex Zea
A pocas horas de subirse a las tablas del Teatro Cervantes, el pregonero de la Semana Santa de Málaga 2026, Ignacio A. Castillo, afronta la cuenta atrás entre nervios, emoción y responsabilidad. Reconoce el vértigo del momento, defiende un texto “sincero y directo” y asegura que su intervención buscará dejar huella e invitar a la reflexión sobre el presente y el futuro de las cofradías.
Quedan pocas horas para el pregón, con todo ya preparado. ¿Qué te queda? ¿Morirte de nervios, no?
A día de hoy, que falta tan poco para subirme a las tablas del Cervantes y pronunciar el pregón, ha sido un poco montaña rusa durante todo este tiempo, desde el 4 de septiembre que me informa el presidente de la Agrupación de la designación ha habido distintos picos de emoción. El principal fue al conocer la designación, sin poder compartirlo con absolutamente nadie, solo lo conocía mi mujer y mi hija. Desde entonces ha habido varios momentos muy bonitos y emotivos, como cuando se hizo público o cuando el 20 de noviembre me entregaron el nombramiento en un acto en la Agrupación de Cofradías. No obstante, he recibido el calor, el cariño de muchísima gente de forma sostenida que me ha hecho sentir extremadamente bien. Es verdad que no tenía ganas de que llegara el momento, porque lo estaba disfrutando mucho. Pero llegados a este punto, confío en que los nervios que me puedan entrar sean positivos, sean buenos y sirvan para transformarme, aunque también voy con cierta tensión que hace que desee que llegue la hora de ponerme en el atril y darlo. Lo necesito.
Entiendo que ser pregonero no es solo escribir un pregón y ensayarlo, que también es estar pendiente de muchos detalles alrededor de este acto.
Sí, y además como soy meticuloso y procuro ser perfeccionista, he estado muy encima de todo. He sido cuidadoso en la elaboración del texto, pero también en la elección de la escenografía, aunque por supuesto he contado con el apoyo y asesoramiento de Miguel Ángel Blanco y de Rafael de las Peñas. Va a ser una escenografía que muy clásica, que me va a representar. También he querido estar muy encima en la propia edición del libro del pregón, por ejemplo. Luego he delegado mucho, que he recibido la ayuda de personas de confianza, empezando por mi mujer, un sostén vital, fundamental incluso, en el tema del pregón.
¿Queda un último repaso o mejor dejar reposar el texto hasta el sábado por la tarde?
Tengo dudas, no sé si dejarlo y el sábado enfrentarme a la prueba de sonido que daré por la mañana y luego pronunciar el pregón por la noche, o volver a hacer un repaso último general. No sé qué hacer, porque todo este tiempo he sufrido también distintas etapas, he masticado tanto el pregón, lo he trabajado tanto que ha habido momentos en el que me he cansado a mí mismo. Entonces he necesitado poner espacio y dejar el texto en barbecho, en reposo, para volver a enfrentarme a él, retomarlo y que me volviera a gustar. Pero entonces claro, lo que no quiero es tener la sensación de cansar. Quiero enfrentarme a algo como una primera vez después de mucho tiempo, pero, por otro lado, temo que puede ser una falta de responsabilidad no volver a dar una lectura e incluso un ensayo. No lo descarto, lo dejaremos un poco a lo que me diga el Señor en ese momento.

Ignacio Castillo en el interior del Teatro Cervantes, donde dará el pregón de la Semana Santa este sábado por la tarde. / Álex Zea
¿Tienes pensado cómo va a ser esas horas previas a subirte al escenario?
Espero que sean tranquilas, pero no lo van a ser. Conociéndome, la noche del viernes al sábado me va a costar conciliar el sueño. Mi cabeza va a estar dando vueltas y eso me va a mantener activo.
También es verdad que llevo mucho cansancio acumulado, porque no es solo el hecho de tener que dar el pregón: en estos días el trabajo diario en la redacción, sumado a la información municipal y cofrade, se multiplica. Ahora mismo la sensación que tengo es de cansancio.
Por eso no voy a desdeñar esos nervios, porque me van a espabilar e incluso creo que me van a transformar. El sábado, por la mañana, el hecho de pisar el Cervantes y hacer la prueba de sonido me ayudará a situarme, a hacerme una composición del espacio. Y luego, por la tarde, cuando empiece el acto, con el concierto y el tiempo que tarde mi presentador en presentarme, ahí habrá bastante nervio. Las primeras páginas del pregón también estarán marcadas por eso, pero creo que después seré capaz de asentarme, y eso me vendrá bien.
Durante tu vida profesional llevas mucho tiempo escuchando pregones, leyéndolos y haciendo entrevistas a pregoneros. Pero ahora lo estás viviendo desde dentro y con una perspectiva diferente. ¿Qué es lo que más te ha sorprendido?
Me ha sorprendido gratamente el cariño recibido. Me he sentido verdaderamente querido.
Entiendo que el mundo de las cofradías es muy particular y que a veces la actitud cara a cara no siempre coincide con la que hay por detrás, pero yo me he sentido querido. Muchas personas me han dicho, directamente o a través de tertulias y medios de comunicación, que consideran que es un nombramiento merecido, un reconocimiento a una trayectoria no solo como periodista, sino también por haber estado al pie del cañón en el día a día de una cofradía como la del Cautivo, de la que he sido hermano mayor y en la que antes ocupé distintos puestos de servicio.
Y me llama la atención que el nombramiento haya llegado precisamente en esta etapa en la que vivo la Semana Santa profesionalmente en primera línea, pero desde la hermandad con cierta distancia, como quien dice, desde la barrera. Eso también te hace ver las cosas desde otra perspectiva. Quizá precisamente por eso el presidente de la Agrupación y su equipo asesor han entendido que era el momento adecuado. Uno es quien es también gracias a la experiencia acumulada, a las cosas buenas y malas vividas. En la vida de hermandad no faltan ni los buenos ni los malos momentos, y mi pregón está muy basado en esa experiencia.
¿Qué vamos a encontrar en el pregón de la Semana Santa de Málaga 2026?
Voy a dar el pregón que considero verdadero, con el mensaje que creo que Málaga y la Semana Santa de Málaga necesitan escuchar en 2026. Será un pregón muy sincero y muy emocionante para mí, porque voy a trasladar mis sentimientos. Todo lo que voy a decir es de verdad, y por eso también es posible que llegue a emocionarme.
¿Es difícil hacer esa introspección, esa catarsis interna y sacar lo que tienes dentro? Entiendo que al final es desnudarte delante de un auditorio de 1.000 personas, más todos los que puedan verlo en televisión, en radio, en prensa y los que puedan leer el texto en el futuro.
A mí no me ha resultado difícil, al contrario, yo creo que es lo que me ha ayudado. Es decir, me ha ayudado el hecho de intentar ser yo mismo delante de ese auditorio. Es que quiero trasladar mi visión de lo que es y debe ser la Semana Santa de Málaga.
La Semana Santa es un fenómeno poliédrico, pero muchas veces desdeñamos el núcleo, lo que realmente significa, la profundidad que tiene, y nos dejamos llevar más por las cosas accesorias que la revisten. Afortunadamente estamos viviendo un crecimiento sostenido en los últimos años, por el que nos tenemos que felicitar, justo además después de una pandemia en la que muchos temimos que provocara cierta desafección, sobre todo entre los jóvenes, y ha sido todo lo contrario. Está aumentando el número de participantes en la fila de nazarenos y no quedan en huecos libres en los varales, pero la pregunta es si realmente estamos asumiendo el papel que deben asumir las cofradías como canalizadoras de la religiosidad popular en una sociedad que cada vez lo pone más difícil.
¿Estamos realmente asumiendo el papel que tenemos las cofradías como canalizadoras de la religiosidad popular en una sociedad que creo que nos lo pone cada vez más difícil? ¿Somos las cofradías realmente instrumento de la Iglesia? ¿Podemos presumir de ser diques de contención de un fenómeno como la secularización cada vez más presente y que nos perjudica si no somos capaces de defendernos a nosotros mismos? Son preguntas que me hago y que quiero trasladar al auditorio del Cervantes y a quienes sigan el pregón por otros medios
"En la vida de hermandad no faltan ni los buenos ni los malos momentos, y mi pregón está muy basado en esa experiencia"

Ignacio Castillo: "la única manera que tenemos los cofrades de no tener miedo es siendo puros en nuestra función como instituciones dentro de la Iglesia" / Álex Zea
Has leído y analizado muchos pregones en los últimos 30 años. ¿Ha cambiado la forma de hacer los pregones?
Quiero recordar que desde el año 93 ó 94, si no fue el primero el de Pedro Luis Gómez sería el de Leopoldo García Sánchez, he visto todos sin fallar ninguno. Y desde 2001 trabajando en los medios, con la obligación no solo de asistir y escucharlo, sino de leerlo, de analizarlo, diseccionarlo, hacer un comentario de texto y publicar un punto de vista, que, dentro del género de la crónica periodística, te permite cierta licencia subjetiva también. Eso hace que tenga muy presente muchos de los mensajes que en estos últimos años se han ido compartiendo. Muchos pregones me llaman la atención y de hecho he querido incluir citas textuales a modo de homenaje a esos pregones que me han marcado en este tiempo.
Creo que la mayoría de las veces el pregonero ha tenido la habilidad de centrar el mensaje nuclear de su intervención en lo que Málaga necesitaba escuchar en cada momento. Y yo, en ese sentido, creo que hago lo mismo. Quizá rizo un poco más el rizo en cuanto a la reivindicación: algunas son muy directas, otras más subliminales, pero el texto está plagado de reivindicaciones de principio a fin, mezcladas con el canto a las distintas devociones, vocaciones y cofradías, haciendo un compendio entre mensaje y exaltación de la Semana Santa, y también de la ciudad, con sus cosas buenas y sus cosas malas, porque creo que el género obliga a hacer referencia a Málaga.
¿Hasta qué punto puede calar un pregón en la sociedad cofrade?
Hay pregones que marcan un antes y un después. El de Jesús Saborido, en 1978, en plena Transición, dejó huella porque las cofradías estaban entonces en el punto de mira, asociadas al antiguo régimen, y él se encargó de actualizar su función. Fue un pregón que dejó huella. Tendría más o menos calidad literaria, pero fue muy bien escrito, muy bien dicho y dejó huella.
Creo que esa es la clave de los pregones que de verdad importan: que sean capaces de dejar huella. Y espero que el mío la deje también, que dentro de unos años se diga que en 2026 se dio un pregón que Málaga necesitaba escuchar en ese momento.
Habrá gente que esté a favor y gente que piense que he sido exagerado, pero es lo que pienso. No me oculto, no me voy a revestir. No va a ser un pregón con doblez, sino directo.
De hecho, hay veces que he llegado a pensar en todo este proceso de elaboración, si no me estaré metiendo en demasiados charcos. Pero confío en que sí, en que sea capaz de trasladar el mensaje a los cofrades y que les invite a reflexionar, sobre todo porque creo que la única manera que tenemos los cofrades de no tener miedo es siendo puros en nuestra función como instituciones dentro de la Iglesia.
"Quizá rizo un poco más el rizo en cuanto a la reivindicación: algunas son muy directas, otras más subliminales, pero el texto está plagado de reivindicaciones de principio a fin"
¿Qué prefieres: que te digan “qué bonito” o que discrepen contigo pero te hablen con sinceridad?
Prefiero que me digan la verdad, siempre. De hecho, hay personas a las que les he pedido precisamente eso: que me digan la verdad, tanto lo que les guste como lo que no.
Sé que voy a recibir felicitaciones, pero a mí me animaron, sobre todo, a que hiciera un pregón valiente. Yo siempre decía que mejor un pregón valiente que un "valiente pregón". Y creo que lo es.
¿Te da vértigo pensar que tu nombre va a quedar asociado al de otros pregoneros históricos?
Claro que me da vértigo compartir escenario, aunque sea simbólicamente, con nombres de tanta importancia, no solo por haber sido pregoneros de la Semana Santa, sino por el papel que han tenido en la evolución de la propia Semana Santa de Málaga.
Pero también me da vértigo pensar que he sido nombrado pregonero cuando hay otras personas cofrades a las que considero absolutamente merecedoras y que no lo han dado. Siempre pongo el ejemplo de Lola Carrera. Para mí fue una mujer adelantadísima a su tiempo, que sabía escribir, autora de libros, archivera, una de las personas más influyentes del siglo XX en el ámbito cofrade, muy relevante también en radio, y que ayudó con su opinión autorizada a que las cofradías evolucionaran desde el punto de vista estético y de fondo. Y no dio el pregón. Se me ocurren muchos más nombres, como Juan Rosén. Por eso siento vértigo, tanto por compartir esa nómina con grandes pregoneros como por pensar en tantos cofrades históricos que no tuvieron esa oportunidad.
Uno de los grandes enemigos del pregonero es el tiempo. ¿Te va a quedar mucho por decir?
He tenido que quitar cosas. He suprimido parte de los mensajes. En algunos casos era complicado, porque afectaban a la métrica y a la modulación. No es un pregón en verso, pero sí es una prosa versada, y si quitaba determinadas partes podía perder completamente el sentido. He tenido que modificar incluso algunas cofradías enteras y suprimir parte del mensaje que quería trasladar.
Sí, el tiempo me preocupa. Creo que todo debe tener su justa medida, pero también es verdad que ahora estamos hablando de 41 cofradías, que son el doble de las que existían, por ejemplo, en los años 80, cuando el pregón podía durar una hora.
He calculado que el mío rondará una hora y media, aproximadamente, más los aplausos por los que pueda ser interrumpido. Ojalá sean muchos, aunque dudo que baje de la hora y media.
Me preocupa, sobre todo, porque vivimos en una época en la que la capacidad de atención es cada vez más reducida. Estamos acostumbrados a las redes sociales, a TikTok, a los reels de Instagram, a pasar vídeos en cuestión de segundos. Siempre se ha dicho que la capacidad de atención del ser humano ronda los 50 minutos; por eso duran eso las clases. Mantener la atención de un auditorio durante tanto tiempo es complicado. Intentaré hacerlo no solo por lo que diga, sino por cómo lo diga.

Ignacio Castillo será presentado por el pregonero de 2026, José Manuel Ferrary / Álex Zea
"Me da vértigo pensar que he sido nombrado pregonero cuando hay otras personas cofrades a las que considero absolutamente merecedoras y que no lo han dado. Siempre pongo el ejemplo de Lola Carrera"
¿Crees que el pregón cambiará en el futuro por esos cambios sociales y de consumo?
Pienso que el pregón ya ha cambiado. Antes el sábado del pregón era solo el día del pregón; ahora también hay procesiones en los barrios, de grupos parroquiales y otras realidades, y eso ya reparte la atención de mucha gente que no tiene entrada para el Cervantes, que al fin y al cabo son la mayoría de los cofrades.
Además, el acto del pregón se ha convertido también en un fenómeno social. No sé hasta qué punto mucha gente va al Cervantes a escuchar el pregón o a que la vean en el pregón. Eso también complica la atención del espectador. Por otro lado, he recibido como estímulo que mucha gente deposita grandes expectativas en mí. Eso me ha dado alas, me ha permitido crecer, pero también tiene un arma de doble filo: si no alcanzo el nivel mínimo que esa expectativa ha generado, puede parecer peor de lo que realmente sea.
Y el déficit de atención nos afecta a todos. Hoy el consumo audiovisual se ha acelerado muchísimo. Todo se ha adaptado a eso y, sin embargo, el pregón continúa como género literario, con dos partes muy definidas: el texto y la interpretación de ese texto.
¿Qué esperas de esta Semana Santa?
Que no llueva.
Y, desde el punto de vista personal, ¿cómo esperas vivirla?
De una manera distinta. Mi trabajo va a ser diferente.
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