Cambios en el patrimonio
Ronda y la silenciosa transformación de su Semana Santa: del trono al paso
En Ronda, la progresiva sustitución del trono por el paso, iniciada hace un siglo, refleja la adaptación de las cofradías a los cambios sociales y demográficos, impulsada por la influencia de Sevilla

Imagen del Ecce Homo de Ronda portado con varales y con el paso de costaleros que lleva en la actualidad. / L. O.
En la mayoría de los municipios de la provincia de Málaga predominan los tronos, esa forma tan característica de portar las imágenes sobre los hombros que se ha convertido en uno de los rasgos más distintivos de la Semana Santa malagueña. Sin embargo, no en todos los lugares ocurre igual. Existen localidades donde conviven dos formas distintas de procesionar: el trono y el paso. Es el caso de Estepona, Arriate, Cañete la Real o Ronda, municipios donde tradición, influencia externa y evolución social han generado un modelo híbrido.
La Semana Santa andaluza nunca ha sido una realidad estática. Desde su origen tras la conquista de estos territorios por Isabel I de Castilla y Fernando II de Aragón, los llamados Reyes Católicos, las manifestaciones penitenciales han experimentado constantes transformaciones. Cambian los estilos artísticos, las formas de organización de las hermandades o incluso la manera de portar las imágenes. Cada comarca y cada pueblo ha ido configurando su propio sello, un modo particular de entender la procesión que combina historia, identidad y sentimiento.
Entre todos los casos, el de Ronda resulta especialmente significativo. Considerada una de las Semanas Santas más potentes de la provincia, la ciudad del Tajo ha vivido en las últimas décadas un proceso progresivo y casi silencioso de sustitución del trono por el paso. Es decir, el tradicional horquillero —quien sostiene el trono con horquillas desde el exterior— ha ido cediendo terreno al costalero que carga el paso desde el interior.
El artista, pintor y cartelista rondeño Alejandro Martín Caballero, profundo conocedor del mundo cofrade local, explica que esta transformación no es reciente ni abrupta.
“Es cierto que Ronda es la ciudad grande de Málaga en la que conviven pasos y tronos, aunque estos últimos están prácticamente en peligro de extinción. Es una transformación natural que se viene produciendo desde aproximadamente un siglo”.
El punto de inflexión simbólico llegó en 1928, cuando la ciudad importó desde Sevilla el primer paso. Se trataba del paso de palio de la Virgen de la Merced, titular de la hermandad de Pasión, bordado por las hermanas Antúnez. Aquella incorporación rompía con la tradición local y abría la puerta a un modelo procesional distinto.

Hermandad de la Soledad de Ronda. / L. O.
Influencias externas y cambios generacionales
Las relaciones entre Ronda y Sevilla se intensificaron especialmente a finales del siglo XX. Tras la celebración de la Exposición Universal de Sevilla 1992, las comunicaciones entre ambas ciudades mejoraron notablemente, lo que facilitó intercambios culturales y sociales.
Según Martín Caballero, este fenómeno tuvo también una dimensión generacional. Muchos jóvenes rondeños comenzaron a estudiar en Sevilla o en Granada, entrando en contacto directo con el modelo sevillano de procesionar. “La mayoría de los jóvenes de la ciudad nos vamos a estudiar a Sevilla o a Granada, y eso hace que nos interesemos más por las tradiciones sevillanas que por las malagueñas”, explica.
El resultado ha sido una lenta pero constante permeabilidad cultural que ha ido transformando la estética y la mecánica de las procesiones rondeñas.
De las pequeñas mesas a los grandes tronos… y vuelta al paso
Hasta la década de 1970, las hermandades de Ronda procesionaban a sus titulares sobre pequeñas mesas con varales, una fórmula sencilla que también era habitual en Antequera.
A partir de esa década llegó una fuerte influencia del estilo malagueño. Coincidiendo con el auge de los grandes tronos en la capital, muchas cofradías rondeñas adoptaron este modelo. Se ampliaron puertas de templos, se construyeron casas de hermandad más grandes y se asumió una estética más cercana a la de la capital provincial.
Sin embargo, aquella tendencia resultó ser relativamente pasajera. Las nuevas generaciones empezaron a demandar el sistema de costal, más vinculado al modelo sevillano y también más viable desde el punto de vista organizativo.
La razón era en parte práctica. “Un trono malagueño requiere entre 60 y 70 horquilleros para poder procesionar con solvencia, mientras que un paso puede ser portado por una cuadrilla de entre 30 y 35 costaleros. En tiempos de cambios demográficos y dificultades para movilizar grandes grupos humanos, la diferencia resultaba determinante”.

Costalero de la hermandad de la Soledad, de Ronda. / Antonio Gómez Ramírez.
Una transformación que continúa en Ronda
El proceso sigue activo. En 2025, dos hermandades de Ronda dieron un paso más en esta evolución. La hermandad del Ecce Homo, el pasado año, transformó en paso las andas del Cristo, mientras que la Virgen continuó saliendo en trono, aunque está previsto que ene este 2026 lo haga también bajo palio a costal. Asimismo en 2025, la hermandad de la Soledad realizó su estación de penitencia ya con sistema de costaleros.
La influencia de este modelo no se limita a la ciudad del Tajo, algo similar ocurre con la Virgen de la Aurora en Cañete la Real.
En conjunto, se trata de una tendencia que se está extendiendo por distintos municipios de la Serranía de Ronda y que, según los propios cofrades, difícilmente revertirá en el futuro.
Una cantera de costaleros
Lejos de interpretarse como una pérdida de identidad, esta transformación se ha asumido en la ciudad con naturalidad.
“Ronda cuenta con una cantera de costaleros muy interesante”, subraya Martín Caballero. Un ejemplo claro es la procesión del Cautivo, que sale el Viernes de Dolores y fue una de las primeras en adaptarse del trono al paso. En torno a ella ha surgido una cuadrilla formada en gran parte por jóvenes, algunos de edades casi adolescentes, que aseguran el relevo generacional.
Los pasos actuales rondeños tampoco reproducen exactamente el modelo sevillano. Suelen ser de mayores dimensiones, manteniendo cierta herencia estética malagueña. En algunos casos incluso se trata de antiguos tronos adaptados para ser portados a costal.
Así, la Semana Santa de Ronda continúa escribiendo su historia en un delicado equilibrio entre tradición e innovación. Una evolución que demuestra que las cofradías, lejos de ser estructuras rígidas, son organismos vivos capaces de adaptarse a los cambios sociales sin renunciar a su esencia.

Alejandro Martín Caballero junto al Papa León XIV. / L. O.
Si algo parece claro en la ciudad del Tajo es que la identidad cofrade no depende únicamente de la forma de portar un trono o un paso, sino de la devoción y el compromiso de quienes cada primavera siguen haciendo posible que la tradición continúe viva. Por tanto, para nosotros esta evolución es algo normal, no lo vivimos como un fracaso identitario o cultural sino que entendemos que las necesidades mandan”, determina el Martín Caballero.
De las catorce hermandades de pasión róndela solo cuatro mantienen actualmente el trono, la Columna, la Sangre, las Angustias y el Santo Entierro.
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