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Iznate revive la Resurrección con una representación única que mezcla fe y tradición

La representación, instaurada en 1947, se ha consolidado con el paso del tiempo como uno de los acontecimientos más esperados de Iznate. Su carácter participativo, profundamente humano y cargado de simbolismo ha convertido esta celebración en una de las manifestaciones culturales más originales de la comarca de la Axarquía

Vecinos de Iznate con las máscaras para representar a los Apóstoles.

Vecinos de Iznate con las máscaras para representar a los Apóstoles. / Pedro González Conejero.

Josemi Sepúlveda

Josemi Sepúlveda

En el corazón de la Axarquía malagueña, el pequeño municipio de Iznate conserva una de las celebraciones más singulares de la Semana Santa de la provincia de Málaga. Cada Domingo de Resurrección, el pueblo no se limita a conmemorar el momento central del cristianismo: lo representa. Vecinos convertidos en apóstoles, un “huerto” que recrea el sepulcro y la imagen de un Niño Jesús que simboliza al Cristo resucitado forman parte de una tradición que desde hace casi ocho décadas emociona tanto a los habitantes del municipio como a quienes llegan de fuera para contemplarla.

Un origen marcado por la posguerra

El nacimiento de esta escenificación se sitúa en los años posteriores a la Guerra Civil Española. Como ocurrió en muchas localidades, el patrimonio religioso de Iznate sufrió importantes pérdidas, entre ellas la imagen del Cristo Resucitado que se veneraba en el templo parroquial.

Sin embargo, una pequeña talla de Niño Jesús logró salvarse de la destrucción. Según recuerdan los vecinos, fue una mujer del pueblo quién la rescató de la quema de la iglesia y decidió custodiarla en su propia casa. Durante muchos años fue el secreto de esta familia. Desde entonces, la imagen ha permanecido en esta vivienda durante casi ocho décadas, saliendo únicamente una vez al año: el Domingo de Resurrección.

Ante la pérdida del resto del patrimonio religioso, el párroco de la época encontró en esa imagen salvada una forma de mantener viva la celebración pascual. Así nació la idea de emplear aquella talla como símbolo del Cristo resucitado. Lo que comenzó como una solución improvisada terminó convirtiéndose en una de las tradiciones más queridas del municipio.

Desde entonces, generación tras generación, los vecinos han mantenido viva esta representación que mezcla religiosidad popular, teatro simbólico y participación colectiva.

Encuentro de la Virgen de los Dolores con el Niño Jesús el Domingo de Resurrección en Iznate.

Encuentro de la Virgen de los Dolores con el Niño Jesús el Domingo de Resurrección en Iznate. / Pedro González Conejero.

Una procesión diferente

La escenificación comienza al mediodía, tras la misa celebrada en la parroquia de Iglesia de San Gregorio VII. Desde el interior del templo parte una procesión muy distinta a cualquier otra.

Encabezando el cortejo marchan “los doce apóstoles, encarnados por vecinos delmunicipio. Van vestidos con sandalias, mantolín y unas características caretas que representan a cada uno de los seguidores de Jesús. Tras ellos avanza el trono de la Virgen de los Dolores, vestida de luto y con un velo que cubre su rostro”, explica la vecina Reme Cabello, una de las personas que cada año participa en esta tradición.

El cortejo se dirige hacia una pequeña ermita situada junto al cementerio. Allí se ha preparado el escenario de la representación. “Los aledaños de la ermita se decoran con ramas de álamo y palmeras que evocan al lugar donde se depositó el cuerpo inerte del Cristo; a eso le llamamos el huerto”, indica Cabello.

En ese lugar se recrea el momento evangélico en el que los apóstoles buscan el cuerpo de Cristo. San Pedro se adentra en la pequeña iglesia para comprobar si el cuerpo de Jesús se encuentra allí. “A esto le llamamos buscar al Niño”, relata Reme. El apóstol entra y sale de la ermita varias veces mientras, mediante gestos, indica a la multitud que el sepulcro sigue vacío generando expectación entre vecinos y visitantes.

Será a la tercera ocasión —en alusión a las tres negaciones de Pedro— cuando anuncie finalmente, que la imagen del Niño Jesús se encuentra en el interior. Ese instante marca el clímax de la representación. El anuncio de la Resurrección desata una explosión de júbilo colectivo: aplausos, cohetes, salvas de escopetas y música acompañan la salida del trono del Niño Jesús, que simboliza al Cristo resucitado.

La imagen avanza entonces hacia la Virgen de los Dolores en un emotivo encuentro. Cada año, una niña del municipio es elegida para protagonizar uno de los momentos más simbólicos de la jornada: retirar el velo del rostro de la Virgen, gesto que simboliza el fin del luto y el anuncio de la alegría pascual.

La imagen mariana, una talla del siglo XVIII atribuida a la saga de escultores malagueños de Asencio de la Cerda, se convierte así en testigo del paso del dolor a la esperanza.

Retirada del velo de la Virgen de los Dolores en Iznate.

Retirada del velo de la Virgen de los Dolores en Iznate. / Pedro González Conejero.

Del recogimiento a la fiesta

Una vez concluida la representación religiosa, el ambiente en el pueblo cambia por completo. La jornada continúa con una verbena popular organizada por el Ayuntamiento en la plaza del municipio.

Música en directo, convivencia entre vecinos y visitantes y una gran paella popular marcan el ambiente festivo. Incluso se entregan títulos simbólicos como “Miss Visitante” y “Mister Visitante”, una iniciativa que busca integrar a quienes llegan de fuera en la celebración. De esta manera, el Domingo de Resurrección en Iznate se convierte en una jornada que combina tradición religiosa, identidad local y convivencia popular.

Con casi ochenta años de historia, -en 2027 se cumplirán 80-, esta representación se ha consolidado como una de las tradiciones más originales de la Semana Santa malagueña. Más allá de su dimensión religiosa, constituye un ejemplo de patrimonio cultural intangible transmitido de generación en generación gracias a la implicación directa de los vecinos.

En un tiempo en el que muchas tradiciones corren el riesgo de diluirse, el pequeño municipio axárquico demuestra que la memoria colectiva de los pueblos pueden mantenerse viva cuando toda una comunidad decide representarla cada año.

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