Macarena sabe que aún le quedan ocho horas de camino por delante. Para cualquiera, ocho horas de procesión podría ser una duración normal, pero para una pequeña de cinco años debe ser un mundo. Sin embargo, a ella no le asusta. Con su pelo recogido por un lazo morado y una cesta llena de ramas de olivo, la pequeña Macarena no pierde la ilusión y las ganas de corretear en su sección de monaguillos que acompaña a Jesús Orando en el Huerto.

 

Los rayos del sol juguetean intentando colarse entre las ramas del olivo que recrea la escena que Jesús vivió en Getsemaní. Son las seis de la tarde, pero el calor no da tregua. Los acólitos que visten dalmáticas moradas intentan aliviarse con buches de agua, mientras los pequeños monaguillos se cobijan bajo la sombra que deja en el asfalto el alto cajillo del trono.

 

Los nazarenos de damasco morado se agrupan en Atarazanas para dejar avanzar al trono del Señor que espera en el centro del puente de la Esperanza. Un retraso en una de las cofradías obliga a la hermandad a compactarse para dejar avanzar a los tronos. Con redobles de tambor, los capataces insisten en que los hombres de trono avancen algo para que no enfríen el hombro.

 

El Señor de la Oración en el Huerto es un deleite para los sentidos al verlo con la luz del sol. La agonía del rostro se opone a la dulzura que transmite su mirada. Sus ojos se elevan al cielo como queriendo encontrar el refugio que no alcanza, pero que sus devotos sí que encuentran en Él.

 

Nuestra Señora de la Concepción espera en los últimos callejones del Perchel a que el Señor logre avanzar algún tramo para dejar espacio a la sección de la Virgen. El trono es una verdadera obra de arte que combina el estilo añejo del bordado del manto con el brillo de las nuevas bambalinas que dibujan ánforas de azucenas entre cada barra de palio.

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Tras varios minutos de espera, a los sones del 'Himno de Coronación de la Esperanza' interpretada por la Banda de Música del Paso y la Esperanza, se levanta el enorme trono dorado del que destaca su color oro viejo. Con una maniobra calculada al milímetro por los capataces, el trono llega hasta el centro del puente de la Esperanza que se tiñe de azul eléctrico por las faraones de los hombres de trono.