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Salida

La Hermandad del Dulce Nombre sale en procesión entre mucho sol y cornetas

Nuestro Padre Jesús de la Soledad y María Santísima del Dulce Nombre ya recorren las calles de Málaga

Esperanza Mendoza

Esperanza Mendoza

El sol cae con fuerza sobre Málaga. No hay una nube, ni falta que hace. Hace calor, mucho calor. La plaza de Capuchinos está completamente llena; un pleno total en un Domingo de Ramos que abre la Semana Santa por todo lo alto.

La gente se aprieta, se abanica como puede, empieza a remangarse, a quitarse capas, a buscar cualquier rincón de sombra que alivie tantas horas bajo el sol. Aun así, nadie se mueve de su sitio. "Mejor esto que la lluvia", dicen algunos. Y razón no les falta.

El murmullo es constante hasta que, poco a poco, algo cambia. Se empiezan a escuchar las campanas. Dan la señal y salen los nazarenos. Filas de capirotes negros avanzan con solemnidad, no puedo evitar pensar en el calor que tiene que hacer ahí dentro. La gente que estaba sentada en los escalones de la iglesia de la Divina Pastora se ve obligada a moverse, ya que impiden el paso de la procesión.

Son las 14.22 horas cuando el Cristo asoma, al hombro. En ese instante comienza la banda, y todo cobra otro sentido. La música envuelve la plaza y las primeras lágrima se empiezan a ver. Impresiona ver a tanta gente reunida: por fe, por tradición, por devoción o por lo que estaban de paso, pero ahí están, un domingo a la hora de comer bajo un sol implacable compartiendo algo difícil de explicar.

María Santísima del Dulce Nombre se deja entrever, tímida pero con paso firme, en la plaza de Capuchinos.

Hay lágrimas. Gente que llora sin esconderse y miradas que se clavan en el trono. Me es imposible no pensar, con el permiso de la Novia de Málaga, que la Virgen del Dulce Nombre es una de las más bellas expresiones del arte cofrade malagueño.

Entre la multitud, un hombre de trono se hace una foto con su bebé en brazos cuando el capataz da la orden de descanso. Un gesto sencillo, con un hijo vestido como su padre, como si quisiera transmitirle ese momento, esa emoción, para siempre.

Más allá, reconozco a un compañero de la universidad; cruzamos la mirada y sonreímos, sorprendidos de encontrarnos ahí, entre tanta gente. Nunca sabes a quién puedes encontrarte portando un trono.

Y mientras la imagen de la virgen avanza, la plaza sigue el compás. Algunos ya se mueven, otros llegan. Porque esto no termina aquí. La gente sale a buscar más cofradías, a pasar el Domingo de Ramos entre varales e incienso. No creo que haya una mejor forma. La Semana Santa de Málaga solo acaba de empezar.

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