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Inicio de la Semana Santa

Málaga ya está en la calle: la Pollinica abre de par en par el alma cofrade de la ciudad

La hermandad volvió a convertir la calle Parras en el umbral sentimental de la Semana Santa malagueña en la mañana del Domingo de Ramos, com Satué dando los primeros toques y con el destacado estreno de la banda de la Paz tras el trono de la Virgen del Amparo

Salida de la Pollinica desde su casa hermandad

Ignacio A. Castillo

Ignacio A. Castillo

Ignacio A. Castillo

La Pollinica ya está en la calle. Y con ella, Málaga entera. No hace falta más para entender que la ciudad ha cruzado de nuevo ese umbral invisible que separa la espera de la plenitud. Amanece un nuevo Domingo de Ramos en la calle Parras y vuelve a producirse el mismo prodigio de cada año: el instante exacto en que la Semana Santa deja de ser promesa, deseo o cuenta atrás para convertirse en verdad viva, en campanillas al aire, en palmas que se arremolinan, en vestuario recién estrenado para que no se caigan las manos y, sobre todo, en un temblor antiguo que resucita y se vuelve a instalar en el pecho.

La Pollinica no abre solo el día. Abre el alma cofrade de Málaga. La despierta. La sacude. La devuelve, aunque sea por unas horas, a esa infancia luminosa que sigue escondida en cada esquina del corazón. Porque esta hermandad tiene el poder de reconciliar a la ciudad con lo más puro de sí misma. En su cortejo hay mucho de catequesis popular, de celebración compartida, de fe sencilla y jubilosa. Hay niños hebreos que anuncian la entrada triunfal del Señor en Jerusalén, pero también hay mayores que vuelven a mirarlo todo como si fuese la primera vez. Y esa es, seguramente, su grandeza.

Quizás más gente que nunca en la calle Parras. Y eso que el reloj robó una hora de sueño para adaptarse al horario veraniego. Precisamente en Domingo de Ramos. ¿Qué AVE? Desde dentro llegaban los primeros toques. Las autoridades se agolpaban, entre ellas el alcalde, Francisco de la Torree, acompañado de no pocos concejales. O el presidente de la Agrupación, José Carlos Garín, visiblemente emocionado. Las puertas estaban abiertas. Fue el obispo Satué quien se estrenó con el martillo. Y con el tempo apropiado, opositando al ‘cum laude’ desde el primer momento y dejándose contagiar de sentimiento cofrade desde el principio.

Previamente dedicó una oración: “Comienza con esta procesión, que es tan simbólica y que nos invita a seguir a Jesús, a acompañarle, a mirarle, a dejarnos emocionar por sus gestos; a seguirlo no solamente en este momento, sino en toda su trayectoria de pasión, muerte y resurrección. A Él le rezamos. En esta Semana Santa: Señor, déjame ir contigo”.

El alcalde, Francisco de la Torre; el obispo Satué; y el presidente de la Agrupación, José Carlos Garín, en la salida de la Pollinica.

El alcalde, Francisco de la Torre; el obispo Satué; y el presidente de la Agrupación, José Carlos Garín, en la salida de la Pollinica. / I. A. C.

Y entonces aparecía Jesús a su Entrada en Jerusalén, el Señor de la sonrisa serena, montado en el pollino, como quien viene a buscar a Málaga para decirle, una vez más, que le siga. No impone: invita. No avasalla: conquista con dulzura. Su sola presencia basta para que el murmullo se vuelva emoción y la emoción, aplauso. El trono ganaba la calle con esa manera tan propia de la Pollinica de comenzar la Semana Santa sin estridencias innecesarias, con la firmeza de quien sabe que inaugura algo mucho más grande que una procesión. Sonaba la Marcha Real y a continuación ‘Entrando en Jerusalén’, una auténtica declaración de intenciones a cargo de la agrupación musical de la Vera+Cruz de Campillos.

La escena tenía la fuerza de lo simbólico. La palmera alzándose como estandarte natural sobre el dorado del trono. El exorno floral, siempre medido, siempre elegante, este año con característicos tonos en rosa palo - cimbidium rosa pálido, dendrobium rosa pálido, siempreviva rosa y margarita rosa- como uniendo lo letífico aún con la inminencia penitencial, envolviendo el misterio con ese aire de mañana recién nacida. Las campanillas repicando para contagiar su alegría. Y la música detrás del Señor poniendo palabras donde no alcanzan las palabras, empujando a la comitiva por el corazón de un barrio que sabe perfectamente lo que significa este momento. Con ‘Rosario’ para las primeras mecidas polínicas con las órdenes vehementes procedentes de la mesa. O ‘La Clámide Púrpura’ para ganar la estrechez de la curva de Gaona.

Salida procesional de la Pollinica este Domingo de Ramos de 2026

Salida procesional de la Pollinica este Domingo de Ramos de 2026 / Álex Zea

Todo empieza en Parras, junto a San Felipe, sede primitiva, donde cada Domingo de Ramos Málaga estrena otra vez su manera de creer. El Señor, además, luciendo sus mejores 'galas': la túnica roja de de 2004 y manteo de color verde (2006), ambas piezas de su ajuar salidas del taller de María Felicitación Gaviero. Además, en sus ropas, lucía la medalla corporativa que perteneció a Manuel Navarro Ruiz, hermano vetenerano que perteneció al consejo. Por su parte, la Virgen del Amparo hacía lo propio con la medalla de Monserrat Hernández del Pino, también fallecida durante el último año, camarera y una de las tres primeras mujeres que formaron parte de la junta de gobierno de la hermandad.

La Virgen del Amparo

Porque cuando el Señor ya había ganado terreno y la procesión avanzaba con su ritmo de mañana grande, llegaba Ella. Llegaba la Virgen que no necesita lágrimas para conmover. Su rostro, con esa sonrisa apenas insinuada que es seña de identidad de la devoción malagueña, volvía a asomar bajo el palio de malla como una caricia. Con el sol filtrándose por las bambalinas. Siempre hay un instante en que su presencia no se ve todavía, pero ya se presiente. Un rumor. Un estremecimiento. Un silencio expectante. Hasta que aparece. Y entonces todo cobra una dimensión distinta.

Salida procesional de la Pollinica  este Domingo de Ramos de 2026

La Virgen del Amparo de la Pollinica / Álex Zea

La Virgen del Amparo salía a la mañana del Domingo de Ramos con esa delicadeza que parece flotar sobre la calle y con esa elegancia que convierte cada mecida en una declaración de estilo. El palio, tan reconocible, filtraba la luz y la devolvía hecha plata viva, mientras el trono avanzaba con ese compás que en Málaga no se explica: se siente. La devoción se concentraba en su semblante, en la belleza serena de una imagen que inaugura, junto a su Hijo, la semana más intensa del calendario sentimental de la ciudad.

Su trono, como el del Señor, también arreglado con meyeri, flor de cera rosa, clavel rosa claro, dendrobium rosa pálido, fresias rosa pálido, astilve rosa pálido y alelí rosa pálido. Y este 2026 traía una novedad de especial relieve en ese acompañamiento: tras el trono de la Virgen sonaba por primera vez la banda de música de la Paz, incorporándose al cortejo de la Reina de San Agustín y aportando una nueva sonoridad a uno de los momentos más esperados de la mañana. No es un detalle menor. La música, en una procesión como esta, no acompaña únicamente: interpreta, subraya, eleva. Y la llegada de la Paz tras el palio del Amparo añadía un matiz nuevo a una estampa ya clásica, renovando el diálogo entre la imagen, la calle y el pueblo que la espera.

Salida procesional de la Pollinica  este Domingo de Ramos de 2026

Salida procesional de la Pollinica este Domingo de Ramos de 2026 / Álex Zea

Tras la Himno Nacional, los primeros acordes de ‘Virgen del Amparo de Artola’, para seguir con ‘Amparo’, de Molero y ‘Alma de la Trinidad’, justo donde aguardaban las representaciones de Salutación y Santa Cruz con sus guiones.

La Paz se ha quedado a las puertas de la Sangre, ha girado sobre sí misma y ha comenzado a interpretar la marcha mirando hacia la Casa Hermandad, manteniendo esa dirección hasta el último compás.

Los sones de la Paz, que traspasan fronteras, darán este Miércoles Santo un nuevo paso al frente, llegando hasta la Semana Santa de Sevilla para sonar tras el palio de la Virgen del Buen Fin.

Hay cofradías que procesionan. Y hay cofradías que, además, explican una ciudad. La Pollinica pertenece a estas últimas. Porque en ella conviven el fervor y la ternura, la liturgia y la memoria, la catequesis y la emoción popular. Y su paso por Carretería. Y la explosión de la Tribuna de los Pobres, donde un año más, la comparsa de Alhaurín cantó la letra de la marcha 'Reina y Madre del Amparo'. Y la estación de penitencia en el interior de la Catedral. A su paso, Málaga se reconoce en su mejor versión: la que aplaude con sinceridad, la que mira con hondura, la que todavía sabe conmoverse ante una palma, una campana o la leve inclinación de un palio en la curva. Málaga seguirá encontrando en la Pollinica el primer latido de su fe.

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