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Grupos escultóricos de la Semana Santa de Málaga

La Cena: la lección de juventud de Álvarez Duarte el Jueves Santo

El académico de San Telmo, Juan Antonio Sánchez López, estudia el conjunto escultórico de la Sagrada Cena, que supuso la alternativa en Málaga del joven imaginero sevillano Luis Álvarez Duarte, quien en su madurez restauró y perfiló la obra. Las mejoras y novedades llevadas a cabo por la hermandad hacen que el resultado sea «deslumbrante».

Vista frontal del grupo escultórico de la Cena.

Vista frontal del grupo escultórico de la Cena. / Arciniega

Alfonso Vázquez

Alfonso Vázquez

Aunque en el siglo XVII existió un misterio de la Cena, ligado a la Hermandad de la Pura y Limpia Concepción del convento de San Luis el Real, Juan Antonio Sánchez López recuerda que sólo quedan «referencias documentales sin ningún testimonio gráfico o descripción, más allá de meras alusiones escritas en protocolos notariales de la época».

Por eso, el verdadero punto de partida es la fundación en la Basílica de la Victoria de la Hermandad de la Sagrada Cena en 1924, por trabajadores ferroviarios.

La Cena de Pío Mollar en 1930.

La Cena de Pío Mollar en 1930. / Hermandad de la Sagrada Cena

El grupo escultórico sería el encargado a Pío Mollar, «que reinterpretaba, en clave muy relamida, el misterio de Francisco Salzillo para la Hermandad de Jesús de Murcia, la gran referencia iconográfica de la Cena para la escultura procesional de todo el Levante e incluso de toda España».

A propósito, el catedrático apostilla que, para el escritor y académico Salvador González Anaya, este conjunto estaba compuesto literalmente «de efigies torpes, sin arte ni hermosura, como de falla».

Un misterio nuevo

Destruido en el incendio accidental del Día de los Inocentes de 1969, «se impone hacer un misterio nuevo y cambia totalmente todo el registro», recuerda el catedrático de la UMA, quien señala que, para empezar, las figuras dejaron de ser de talla completa, como las de Pío Mollar, y pasaron a serlo «de vestir».

En la elección del imaginero, Juan Antonio Sánchez López resalta el papel jugado por Lola Carrera y su marido, Carlos Gómez Raggio, quienes recomendaron a un joven sevillano de apenas 20 años por aquel entonces, Luis Álvarez Duarte, quien algo antes, en 1970, había esculpido la nueva Virgen de la Paz. Para el experto el resultado final, bendecido en 1971, supone «quizás, junto con el de la Sagrada Cena de Jerez, el otro gran conjunto procesional de la Sagrada Cena en Andalucía».

Salida de la Cena.

Salida de la Cena. / ARCINIEGA

Como remarca, «no es solamente que un chaval de 20 años sea capaz de hacer 13 figuras y salir más que airoso del desafío, sino que las obras tienen una calidad artística más que aceptable teniendo en cuenta que se trataba de un artista novel, todavía prácticamente en formación». Además, al tratarse de una obra de juventud, Luis Álvarez Duarte tuvo la oportunidad, ya bien entrado este siglo, «de restaurarla y retocarla», con lo que la mejoró en algunos detalles al reencontrarse con ella en su plena madurez.

El autorretrato de Luis Álvarez Duarte en la Cena.

El autorretrato de Luis Álvarez Duarte en la Cena. / JULIO SALCEDO

Con respecto a los apóstoles, el académico de San Telmo detalla que, además de realizar Álvarez Duarte su propio autorretrato en la figura de Santiago el Menor, «hay otros personajes que son retratos de conocidos suyos». Por último, también tomó algunas referencias de figuras de «artistas señeros de Sevilla como Antonio Castillo Lastrucci».

Asimismo, destaca cómo «en el misterio se aprecian otras influencias procedentes de los modelos barrocos, de su propio eclecticismo personal que le induce a modernizar los modelos y, por supuesto, también del retrato del natural, alcanzando estimables calidades al dotar a algunas de las figuras de elegancia gestual y un sorprendente corte actual»

El modelo del Cristo

En cuanto al Cristo, recuerda al de la Cena de Sevilla, realizado por Sebastián Santos, «que siempre ha sido una obra muy reconocida de la Semana Santa; un Cristo en éxtasis místico, en el momento de instituir la Eucaristía».

De cualquier forma, Juan Antonio Sánchez López aboga por la superior unidad estilística del grupo escultórico de Málaga pues, a su juicio, el de la hermandad de Sevilla revela «una disfunción clarísima entre el protagonista y los discípulos», porque Luis Ortega Bru, de quien se cuenta que quería hacer una nueva talla del protagonista del misterio, «exageró su estilo en la figura de los apóstoles, para forzar la situación y crear un contraste brutal que empujara a la sustitución del Cristo», algo que por cierto, no logró.

Detalle del Cristo de la Cena.

Detalle del Cristo de la Cena. / ARCINIEGA

Esto es algo que no ocurre en el grupo escultórico de Málaga, en el que además se escenifica con precisión la institución de la Eucaristía y no el momento en el que Cristo anuncia que uno de sus apóstoles le traicionará (la otra posibilidad iconográfica a la hora de plasmar una Sagrada Cena, como en la famosa obra de Leonardo da Vinci, secundada por Ortega Bru en el paso de Sevilla).

La renovación

Juan Antonio Sánchez López quiere también remarcar el papel de quien fuera hermano mayor de la Cena, Rafael López Taza, porque durante su mandato el conjunto se ha revalorizado en varios frentes.

Así, junto a la profunda restauración acometida por el propio autor del grupo, se ha jugado con los movimientos de las figuras, que tienen los brazos articulados, y ahora, algunos apóstoles «interactúan unos con otros o intercambian gestos»; aparte de que también algunos han cambiado de ubicación. Por este motivo, cree el experto que el conjunto «se ha enriquecido compositiva, iconográfica y expresivamente».

Vista posterior del conjunto de la Cena.

Vista posterior del conjunto de la Cena. / ARCINIEGA

Por otro lado, también ha sido fundamental, en tiempos de Rafael López Taza, el ir dotando de vestiduras bordadas a todos los apóstoles, así como cuidar la mesa, y los elementos que la adornan, sin olvidar «la propia presentación del Cristo».

Además, se acometió la terminación del trono de Manuel Guzmán Bejarano y se culminó la talla y el programa iconográfico con obras de Alberto Pérez Rojas. El conjunto final, sentencia el catedrático, «es sencillamente deslumbrante».

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