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La Cofradía de Mena y el Jueves Santo renuevan su vinculación legionaria y devoción a la Soledad: "el cielo es la Virgen de la Soledad"

El Cristo de la Buena Muerte y la Virgen de la Soledad protagonizaron una emotiva salida procesional, con la participación de legionarios y el recuerdo a las víctimas del accidente de Adamuz

Salida del Cristo de la Buena Muerte (Mena)

Miguel Ferrary

Miguel Ferrary

Miguel Ferrary

El ambiente es relajado. Diferente al de la mañana, durante el traslado, en la que se veía a hermanos de Mena intentando organizar el protocolo y las visitas. Ya por la tarde hay menos presión de protocolo. Hay algunas familias y amigos, pero menos que por la mañana. Los portadores de ambos tronos conversan y se hacen fotos de forma relajada en los previos a la salida procesional del Cristo de la Buena Muerte y la Virgen de la Soledad. "Buena salida", "que salga todo muy bien"... son las frases más escuchadas en la puerta del salón de tronos de Mena. "¿Nos puedes hacer una foto a toda la familia?", pide Agustín Rivera a un fotógrafo de prensa. Dicho y hecho. "Y una vertical, para redes". Son los nuevos tiempos.

Todo cambia, como si una corriente eléctrica recorriera a todos los presentes, se deja todo lo que se estaba haciendo. Se escuchan los pasos rápidos de la Legión acercándose, con el ritmo acelerado del tambor. Son 200 efectivos de la Compañía de Honores formada por miembros de la Bandera de Cuartel General, Bandera de Zapadores, del Grupo de Artillería de Campaña y del Grupo Logístico de la Brigada Rey Alfonso XIII, II de La Legión. Estos legionarios, con sede en Viator (Almería), acudieron con la Banda de Guerra del Cuartel General de la BRILEG. Rápidamente se forman en la plaza, frente al salón de tronos y piden permiso al capitán de Artillería Pedro Juárez Montoya, que les da permiso para descansar.

Emoción con Adamuz en el recuerdo

Todo vuelve a el ambiente relajado de antes, pero dura poco. Los toques de campana llaman a los portadores. Al poco toma la palabra Susana Atencia, psicóloga de Málaga y congregante, que atendió a las víctimas del accidente de Adamuz durante 32 días. Rota de emoción, Susana Atencia recordó los duros días en los que atendió, acompañó y consoló a víctimas y familiares del accidente. Como esa experiencia le hizo tambalear sus creencias en un primer momento y como luego, encontró precisamente en sus devociones la fuerza para ayudar a los que habían sufrido esa experiencia tan traumática. La dureza del testimonio, que dio delante del Cristo de la Buena Muerte y la Virgen de la Soledad le hizo perder la voz en ocasiones, que fue suplida con el aplausos del público que la escuchaba. Con una rosa blanca en la mano, temblorosa, lanzó un mensaje de esperanza al final de su intervención.

A partir de ese momento, todo se aceleró. Los nazarenos fueron avanzando con rapidez y el trono del Cristo de la Buena Muerte salió del salón de tronos. Sonó la Marcha Real. Los legionarios se pusieron firmes. El trono empezó a maniobrar para dar la curva, lentamente, con elegancia, y comienzan los primeros acordes del 'Novio de la Muerte'. Llega el momento que muchos asistentes a la salida estaban esperando desde hacía tiempo. El trono del Crucificado avanzaba en cada verso de la canción, cantada a pleno pulmón por los legionarios. Y los portadores, los nazarenos, los asistentes e, incluso, los infantes de marina. Muchas voces, muchos corazones, unidos por la Legión.

"El cielo es Ella", la Virgen de la Soledad

Se llama Miguel y no es un congregante cualquiera. Es el 'aguaor', personaje tan imprescindible como el nazareno. Humilde, con una sonrisa de oreja a oreja y dispuesto a llevar agua a quien lo necesita. Lo hace con dos grandes botijos que tienen pinta de pesar lo suyo y que destacan por la belleza y delicadeza de su decoración. Pintados de forma primorosa con elementos de la Congregación de Mena y dos citas. En uno, la letra de la Salve Marinera que acabábamos de oir cantar a los infantes de marina. En el otro botijo, la siguiente leyenda: "Soledad perchelera. Rocío victoriana, mis dos madres del cielo. Las dos reinas de mi alma". Él reconoce que "Dios me ha llamado para otras cosas, pero no para pintar". Son obra de su madre Carmen, de la que no quiere dar su apellido porque "sé que no le gustará".

Miguel, 'aguaor' del trono de la Virgen de la Soledad, de la Congregación de Mena.

Miguel, 'aguaor' del trono de la Virgen de la Soledad, de la Congregación de Mena. / Miguel Ferrary

Pero, ¿por qué alguien quiere ser 'aguaor'? Miguel lo tiene claro. Lleva 40 años trabajando para la Congregación de Mena. Ha trabajado como albacea, mayordomo de trono y en la 'Galera', el submarino de la Virgen de la Soledad. Y ahora de 'aguaor'. Miguel lo resume así: "lo principal es el servicio a la cofradía". Impresiona escuchar esta entrega de esa forma tan clara y vivida. Pero hay más. En un momento Miguel dice: "Dejé el trono por salud y ser 'aguaor' es el sitio más cerca a la Virgen. Para mí el cielo es Ella, la Virgen de la Soledad. Sé que el cielo es así, que he estado muerto". ¿Metáfora de algo? No, sufrió varios infartos y estuvo clínicamente muerto: "pero fui resucitado. De hecho, igual tendría que salir con el Resucitado", explica con una risa. Miguel habla con conocimiento de causa: "estuve muerto y el cielo es así", insiste mirando a la Virgen de la Soledad. Sin un gesto que no sea una sonrisa. Siempre sonriendo. Está cerca de la Virgen de la Soledad, no necesita más. Y lo entendí. Entendí su sonrisa eterna, su alegría contagiosa llevando los botijos, su orgullo al mostrarlos porque ahí estaba el trabajo de su madre... Entendí, y comprendí, que hoy es Jueves Santo y la felicidad se puede encontrar en la Virgen de la Soledad. Continué mi camino, pero con una sonrisa y la imagen de la Virgen de la Soledad grabada en mi cabeza.

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