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Santa Cruz y el silencio necesario para escuchar el Jueves Santo en Málaga

La procesión de la Virgen de los Dolores en su Amparo y Misericordia, con sus nazarenos y banda de música, se abre paso entre el recogimiento y la oración en las calles de San Felipe Neri

Salida de la Hermandad de la Santa Cruz

Miguel Ferrary

Miguel Ferrary

Miguel Ferrary

Son las cinco de la tarde y en el entorno de San Felipe Neri ya hay gente en los laterales. No son las sillas plegables instaladas desde las ocho de la mañana. Tampoco creo que sea algo que busca la cofradía de la Santa Cruz, donde el silencio, el recogimiento y la oración se imponen a otras consideraciones. El sol pega fuerte, ese sol de primavera que empieza a picar y hace que todo se ilumine. Sin embargo, la apertura de puertas de la iglesia trajo un poco más de sombra. Las túnicas negras y los cirios tiniebla de los primeros nazarenos de la Santa Cruz fueron avanzando por la calle y fue como un manto negro que se extiende por la calle, amortiguando los sonidos. Las conversaciones se fueron apagando de forma natural y el silencio se fue haciendo por la calle. El suave sonido de los pasos de los nazarenos pasaron de ser un susurro a ser la banda sonora de la hermandad. Al poco, la Banda de Música Maestro Eloy García empezó a interpretar la marcha 'Dolores en su Amparo y Misericordia'. No había nada más. Ni nada menos.

Al poco, las largas filas de nazarenos ya se han desplegado y los cirios han tornado de tiniebla a blanco. La Virgen ya se atisba entre la penumbra del interior de San Felipe. Cuando sale el grupo de acólitos y turiferarios, también lo hace un nutrido grupo de portadores con su túnica negra y la cara tapada con la faraona. No caben por la estrecha puerta de la iglesia y tienen que esperar fuera. Poco a poco, la Virgen de los Dolores en su Amparo y Misericordia se acerca a la puerta. El incienso refuerza la sensación de penumbra, que se va aclarando según se acerca la Virgen a la calle. El sol empieza a iluminar su cara mientras los portadores tiran del trono creando una imagen curiosa, la Virgen destacando con su corona de procesión y la saya que le bordara Joaquín Salcedo en oro. Y abajo, un mar negro que parece encrespado, formado por las cabezas y rostros de los portadores, cubiertos de negro por las faraonas.

Las órdenes de los capataces y mayordomos de trono resuenan en el silencio de la plaza. El trono se eleva al toque de campana y los varales de apoyan en los hombros. Todos quietos, mientras le vuelven a instalar las patas. El trono se queda listo para la procesión. Poco a poco, gira sobre sí mismo. Suena la marcha 'Santa Cruz' y empieza a girar hacia las calle Gaona y Guerrero.

Semana Santa de Málaga | Jueves Santo: Santa Cruz

Santa Cruz / Álex Zea

Con el sol de la tarde, la Virgen de los Dolores destaca con un tocado nuevo, realizado con un tul antiguo bordado en hilo de oro, perlas y pedrería, enriquecido con canutillos y lentejuelas. Parece una cosa menor, pero en estas calles estrechas y con la luz del sol todavía brillando, resalta el suave rostro de la imagen. En su pecho brilla además un broche en forma de corazón alado, que ha sido donado por un hermano. Son pequeños detalles que realzan la imagen, solitaria al pie de la cruz. Sencilla, pero elegante. Con un exorno floral muy al gusto que se lleva ahora, con una mezcla de colores pálidos que encajan con el carácter de la cofradía y el trono color casi negro de madera. Trono que, por la noche, sorprendía por su oscuridad. Quizás demasiada.

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