Jueves Santo
La Misericordia, entre el silencio y los tambores por calle Cisneros
Entre la estrechez del recorrido y el recogimiento del público, la cofradía deja una de las estampas más íntimas de la jornada

Salida procesional de Misericordia este Jueves Santo de 2026. / Gregorio Marrero
Por fin llegó el Jueves Santo. El Pasillo de Santa Isabel se transforma cuando llega la cofradía de la Misericordia. No es una calle cualquiera en este momento: es un corredor estrecho donde el sonido se amplifica, donde la cercanía obliga a mirar más despacio y donde la imagen se impone ante todo lo demás.
Nunca he sido muy curiosa de esta cofradía. El Jueves Santo se ve ocupado en totalidad por el Cristo de la Buena Muerte (Mena) y la gran Esperanza. Pero hay que saber apreciar los pequeños detalles, y en ese pequeño hueco está la Misericordia.

Salida procesional de Misericordia este Jueves Santo de 2026. / Gregorio Marrero
La gente se agolpa desde mucho antes. No hay apenas huecos. Los que conocen bien este tramo llegan con tiempo, sabiendo que aquí la procesión se vive de otra manera, sin grandes alardes, sin distracciones. Aquí todo está más cerca: los varales, los capirotes, las cornetas.
Cuando aparece Nuestro Padre Jesús de la Misericordia, el murmullo se apaga casi por instinto. No hace falta que nadie lo pida. Y eso es lo más sorprendente. Es un silencio que nace solo, como si el propio trono lo impusiera. La imagen avanza con algo de dificultad, midiendo cada movimiento, rozando casi algunos balcones, obligando a los hombres de trono a un esfuerzo contenido, más preciso.

Salida procesional de Misericordia este Jueves Santo de 2026. / Gregorio Marrero
Hay algo especialmente sobrecogedor en este punto del recorrido. La ligera estrechez de esta calle obliga a una coreografía lenta, calculada. Cada paso me parece más pesado, más consciente.
La iluminación tenue contribuye a esta atmósfera íntima. La luz de los velas dibuja sombras sobre el suelo, y por momentos parece que el tiempo se detiene. Que el tiempo se pare en calle Especería.
Tras el Señor, la presencia de la virgen de la Misericordia aporta un matiz distinto, más dulce, pero igual de recogido. Su paso por Cisneros mantiene esa misma cadencia lenta, ese respeto casi reverencial que envuelve toda esta escena. Algunas manos se alzan tímidamente, otras se entrelazan en silencio. Veo a una pareja que se abraza mientras la virgen pasa por delante de ellos.

Salida procesional de Misericordia este Jueves Santo de 2026. / Gregorio Marrero
Se escuchan pocos sonidos: el leve roce de los pies sobre el suelo, el crujir de la cera que ya lleva varios días pegada a la acera, algún susurro que se pierde enseguida. No hay estridencias. Todo invita a mirar hacia dentro en una Semana Santa que ya anuncia su inminente final.
Porque hay lugares del recorrido donde la Semana Santa se hace multitud. Y otros, como este, donde se hace verdad.
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