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Lunes Santo

"El Cautivo en mi familia es todo. No se puede explicar con palabras": la Trinidad inunda el Lunes Santo en Málaga

Tras la salida del Cautivo, la saeta de Raquel Toro a la Virgen de la Trinidad conmovió a los presentes, mostrando la profunda conexión emocional y espiritual de los fieles

Salida del Cautivo | Lunes Santo de la Semana Santa de Málaga de 2026

Miguel Ferrary

Miguel Ferrary

Miguel Ferrary

Una familia lleva cinco horas en la Plazuela de Jesús Cautivo, Junto a uno de los árboles que hay allí. No es algo extraño el Lunes Santo. Son muchos los que aguantan sol, frío, lluvia, un pesao o lo que se tercie, con tal de tener un buen sitio para ver al Cautivo. Lo que diferencia a esta familia de otros es que han venido de Almería solo para ver al Cautivo. Un largo camino en coche y más larga espera en la plaza para estar apenas cinco minutos viendo pasar al Cautivo. Y otros cinco para la Virgen de la Trinidad. Hay razones que expliquen o justifiquen esto. No. Quizás tampoco sean necesarias las razones. Hay un 'algo' inexplicable. Llámalo devoción, fe o llamada. Ese algo mueve las montañas que la cabeza nos dice que son imposibles. Aguantan lo que la razón argumenta que es inaguantable. Y consiguen lo que los argumentos te invitan a rendirte.

Jesús Molina lleva cinco metros de cadena gruesa ceñida en el cuello y la cintura. Y otros dos metros y medio atadas a los pies. Tiene 22 años y sale de promesa "desde que nací, porque mi madre siempre ha ido detrás del Cautivo y me llevaba". En su caso este es el tercer año que va con las cadenas -"por una promesa"-, aunque reconoce que aunque se le cumpla seguirá saliendo por agradecimiento. ¿Y por qué esta promesa? De nuevo volvemos a ese 'algo' inexplicable que surge alrededor del Cautivo. No hay razones. Hay otra cosa. En él y en su familia. Jesús, que se llama así por Jesús Cautivo, va acompañado de su madre, de una de sus tías y su cuñada. También iba otra tía que falleció y un primo suyo sale en la Banda de Cornetas y Tambores de Jesús Cautivo: "el Cautivo en mi familia es todo. No se puede explicar con palabras".

Así, casi sin pretenderlo, esta familia de Almería y Jesús y su familia se encuentran unidos por ese 'algo' que los ata al Cautivo. Sin conocerse, sin haberse visto, tienen en común algo muy fuerte en su vida y que, de hablar alguna vez, posiblemente les acerque más de lo que uno pensaría racionalmente.

En esta misma unión se encuentran Juan y Fran. Abuelo y nieto. Juan Vallejo lleva 40 años vinculado a la cofradía, como portador de Jesús Cautivo, de la Virgen de la Trinidad y, en los últimos años, promesa del Cautivo. Este año, además, con el aliciente especial de que sale con su nieto por primera vez. Ambos con su túnica blanca, siguiendo la estela del Señor de Málaga. Ambos se encontraban muy emocionados por compartir estas horas de procesión, mientras Fran García subraya que es hermano desde que tenía un mes de vida.

"Vivo en el Puerto de la Torre, pero mis abuelo vivían en la calle Zamorano de toda la vida", asegura Fran, quien destaca que ha salido de nazareno desde pequeño y, cuando cumplió los 18, empezó a sacar el trono detraslado del Cautivo y la Trinidad, mientras espera la oportunidad de salir llevando el trono el Lunes Santo.

Las historias se podrían suceder. Cada una de las miles de personas que llenaban las calles de la Trinidad, Mármoles, puente de la Aurora o las calles Cisneros y Especerías tienen la suya propia. Esa vinculación que los lleva el Lunes Santo a dejar lo que estaban haciendo y encontrarse con Jesús Cautivo. A llorar cuando lo ven pasar. A gritarle "guapo", darle vivas o rezarle una oración a su paso, agradeciendo, pidiendo o rogando. Porque el Cautivo se ha convertido en un puente, en una unión entre personas diferentes, desconocidas, con sus ideas y vivencias. Mientras la tecnología y los algoritmos se alían para dividir y separar, basta que el Cautivo salga a la calle para que existe una unión entre todos y cada uno de las personas que salen a verle. O a la Virgen de la Trinidad, que tiene, como dicen los pequeños reposteros que cuelgan en numerosas ventanas del barrio: "un barrio a tus pies".

Salida del Cautivo

Las puertas se abren tras unos golpes. Giran en sus goznes y dejan entrar la luz del sol. En el interior, algunos parpadean mientras se acostumbran a la luz. Los tronos están montados y los hombres de trono se reúnen un minuto para rezarle a Jesús Cautivo y la Virgen de la Trinidad. Rápìdamente comienzan a bajar largas filas de nazarenos, que van creando un río blanco de capirotes entre una multitud de cabezas que llenan la calle Trinidad, con la iglesia de San Pablo de fondo.

"Tenéis el honor y la responsabilidad de ser sus pies, desde el momento en que os ponéis bajo el varal, es Jesús Cautivo quien anda", arengaba un capataz a los hombres de trono antes de salir. La campana del trono del Cautivo suena y empieza a avanzar. Las cabezas de varal asoman fuera de la casa hermandad y rápidamente los móviles se encienden y empiezan a grabar. Suena la Marcha Real, interpretada por la Banda de Cornetas y Tambores de Jesús Cautivo. Le siguen las marchas 'Él' y 'He aquí el Señor', que acompañaron la entrada del trono en La Trinidad. No había balcón, ventana o hueco en la acera que estuviera vacío. "¿Qué se le dice al Cautivo? ¡Guapo!". En cuanto terminaron las marchas comenzaron los piropos. El Cautivo está en la calle y Málaga le espera.

Saeta, Alma de la Trinidad y emoción

Cuando los nazarenos de la Trinidad ya habían llenado de malva la calle, en la casa hermandad empezó a cantar la devoción de Raquel Toro, integrante de la Banda Sinfónica de la Trinidad. De su garganta salía la oración cantada en forma de saeta a la Virgen. Emoción, rezo y arte unidos por la Virgen. Con la voz rota por la emoción y el esfuerzo, Raquel apenas podía hablar tras cantarle a la Virgen, a su Virgen. Pero estaba feliz. Su sonrisa la delataba.

Poco a poco, el trono fue saliendo a la calle. Las cabezas de varal casi rozaban la pared de enfrente, girando lentamente hacia la calle. La Sinfónica interpreta 'Alma de la Trinidad' y el público calla. No se quieren perder un segundo de la salida. Es belleza, sentimiento y emoción. Uno, dos, tres, cuatro, cinco... empiezas contar a gente con lágrimas en los ojos y no paras. La Virgen de la Trinidad es muy grande. Más de lo que muchos piensan. Es plantarse delante de ella y encontrar una madre, una amiga, una confidente, una vecina. Todo eso y mucho más. Quizás sólo la Virgen María.

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