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Lunes Santo

La Crucifixión ilumina las primeras horas del Lunes Santo

La cofradía de El Ejido pone en la calle un cortejo con una estética remozada a partir del estreno de la mejora del cajillo de Señor y el palio de la Virgen

F. J. Cristófol

F. J. Cristófol

Pocos momentos pueden emocionar más que ver a un pequeño dando los toques de salida de un trono. Tanto más si esta pequeña es Victoria Esperanza, la niña de seis años que el mes de enero recibió un transplante de médula ósea como cura de una leucemia. Ojos emocionados, más los de quienes contemplaban el momento que los de la niña, en cuya cara se reflejaba una gran sonrisa.

Salía el Crucificado con la marcha Réquiem, de Pacheco Palomo. Junto a la Parroquia del Buen Pastor el sol impactaba de frente al remozado trono que lucía un clásico adorno de lirios morados en las nuevas jarras laterales y un monte vegetal enmarcado por el sencillo juego de candelabros que realza muchísimo más la esbeltez de la imagen de Bonilla.

Al avanzar hacia la curva de calle Los Negros, esa de la que con tanto orgullo hablaba el Padre Cacho al relatar los inicios de la hermandad, la banda de cornetas del Carmen interpretaba la marcha Señor de los Milagros.

La cofradía llegaba a la intersección de Cruz Verde con Frailes y Peña donde esperaban para el saludo las representaciones de la Sentencia y tres nazarenos ya revestidos, con capillo incluido, de la cofradía de la Columna, con dos bastones y el guion.

Llegaba la Virgen del Mayor Dolor en su Soledad con una estampa clásica y enriquecida con el nuevo techo del palio. Sin duda, la vista frontal del trono es ahora mucho más rica y luminosa merced a la interpretación de Raúl Berzosa y el sencillo pero efectista juego del bordado en oro y la orfebrería que enmarca la pintura.

La banda del Nazareno de Almogía bajaba desde Los Negros con Auxilium Christianorum y aliviaba con un tramo a tambor antes del saludo a las hermandades de calle Frailes, por donde avanzaba con la marcha Madre Hiniesta compuesta hace 29 años por Manuel Marvizón.

El sol de justicia de la primera hora de la tarde ayudaba a iluminar el contraste entre la oscuridad del manto y el palio y la claridad del elegante adorno floral en tonos rosa del trono de la Virgen.

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