Cualquier otro Martes Santo como el que amaneció este 2021, los teléfonos del Centro de Meteorología habrían echado humo desde primera hora de la mañana, porque el cielo, encapotado, amenazaba lluvia y, de hecho, llegó a chispear durante la mañana. El calor, el pegajoso tan característico también de estos días, de tan mal agüero. La previsión, sin embargo, no preveía que se produjeran precipitaciones. Al contrario, daba sol. La traquilidad de los cofrades, al menos, es que todos los actos programados se desarrollarían de puertas para adentro y no iban a exponer ni su patrimonio ni a sus hermanos a las inclemencias meteorológicas. Y la pena, de nuevo, precisamente por lo mismo. La procesión, un año más, tenía que ir por dentro.

Nueva Esperanza

Las cofradías de barrio están establecidas en parroquias donde basta decir la hermandad, sin precisar cuál, para saber a la se refiere. Esto ocurre en San Joaquín y Santa Ana con Nueva Esperanza. O en San Vicente de Paul con Humildad y Paciencia. Y en la Encarnación, con Mediadora... A las 12.00 comenzaba la Misa Entrevarales en Nueva Málaga, aunque este año fue en el interior de la parroquia, con una nutrida representación de hermanos y cumpliendo todas las medidas de aforo exigidas. Una representación de damas de la peña del barrio asistió con la tradicional mantilla, para hacer una ofrenda floral a los sagrados titulares, que se encontraban en la casa hermandad, entronizados. Los centros de flores no paraban de llegar y de colocarse a los pies del trono de la Virgen de Nueva Esperanza, que lucía la nueva corona que le fue impuesta el pasado mes de diciembre, obra de Joaquín Ossorio y diseño de Antonio Rodríguez.

Por su parte, el Nazareno aparecía flanqueado por los cuatro nuevo arbotantes del trono, ya terminados en cuanto a la labor de talla y a falta de dorar. Un risco de corcho y claveles rojos le servían de Calvario particular en su quieto itinerar. Mientras que el trono de la Virgen aparecía adornado con claveles de color blanco y cera rizada en la candelería.

Los vecinos del barrio, muchos de los cuales han engalanado los altos balcones de sus casas con reposteros, esperaban en el exterior a que pudieran abrirse las puertas, pero dentro se estaba produciendo puede que el acto más emotivo de todos los que tenía reservada esta jornada especial de Martes Santo para sus hermanos, en torno al equipo del trono del Señor. Sonaron tres toques y un cuarto que mandaba pulso y, aunque el trono no se levantó del suelo, esa orden quedará siempre muy arriba.

A las 15.30, la junta de gobierno asistía a un acto privado de celebración de la Palabra previo al encendido de velas y la apertura, de nuevo, de las puertas para proceder a la simbólica de salida de la cofradía, en la que sonaron campanas y campanillas Y posteriormente, tuvo lugar un concierto de la banda de Zamarrilla desde la azotea de la casa hermandad. 

Estrella

Santo Domingo siempre es punto neurálgico de la celebración pasionista durante prácticamente toda la Semana Santa. Y el Martes Santo es una fecha marcada en rojo en el calendario particular de este templo, que viene registrando incontables visitas de fieles desde prácticamente el Viernes de Dolores. En esta ocasión, el reclamo devocional era el que ofrecía la hermandad de la Estrella.

Su hermano mayor, Rafael Retana, trataba de mantener el tipo durante las visitas institucionales en la capilla de los sagrados titulares. En su corazón, un cúmulo de sentimientos difíciles de digerir, en muy pocos días además. Y con los titulares tan cerca. Tan próximos. Tan a la mano... Presidían un altar de cultos sobrio y muy elegante, con una estilizada distribución de la candelería y equilibrada disposición floral junto al Señor de la Humillación, que parecía avanzar como queriendo abandonar su hornacina y echarse a andar por la ciudad.

A mediodía se rezaba el Ángelus a la Virgen de la Estrella en el día, además, de su festividad. Y por la tarde, a las 19.00 horas, se celebraba en el interior del templo la Eucaristía que sustituía a la salida penitencial de la corporación dominica del Martes Santo.

Un paseo por el Centro en Martes Santo

Penas

El Martes Santo empezó temprano en el oratorio de Santa María Reina, con la visita institucional del Ayuntamiento de Málaga, encabezado por el alcalde, que realizó la tradicional ofrenda de flores a la Virgen de las Penas. Las imágenes titulares estaban expuestas en veneración una frente a otra: el Crucificado en un aparato cultual de gran sobriedad, mientras que la Virgen estaba dispuesta bajo palio. Servidores ataviados de librea, tan característicos de la puesta en escena procesional de esta cofradía, escoltaban a ambos.

El momento de mayor intensidad se produjo por la tarde. Una sección de la banda de la Paz se disponía en el coro del templo. Se celebró la Misa de Nazarenos y, al finalizar, se abrieron las puertas para permitir de nuevo las visitas, mientras sonaba 'Cristo de la Agonía' de Abel Moreno, la misma marcha con la que sale el cuerpo penitencial que antecede a la imagen de Buiza cada Martes Santo. "Ha sido muy emocionante", reconocía la hermana mayor, Ángela Guerrero, que admitía que quizás, lo peor estaba aún por llegar: al finalizar la jornada, cuando se atacaría 'Virgen de las Penas' para dar por concluida esta estación de penitencia de 2021 de puertas para adentro.

La cola de devotos aguardaba de forma ordenada por el Muro de las Catalinas para poder acceder al oratorio, mientras los músicos de la Paz contiuaban con 'Soleá dame la mano' o 'Pasa la Virgen Macarena'.

Rocío

 El Martes Santo victoriano tiene tres vértices. Pero uno de ellos proyecta desde el Jardín de los Monos una luz clara, brillante y luminosa que es capaz de iluminar hasta en estos tiempos de oscuridad y tinieblas de la pandemia. Y los fieles acuden en masa en su búsqueda, aguardando colas de manera paciente, para entrar en la pequeña capilla encalada donde en Málaga se inicia el Vía Crucis. Y Ella, coronada de estrellas, llena todo el altar mayor, mientras su Hijo, caído sobre un risco de corcho, claveles y lirios, se adelanta hasta el centro del templo haciendo tremendamente accesible la devoción.

Sonaba el órgano desde el coro. Las camareras repartían estampitas. El ambiente en San Lázaro en torno al Nazareno de los Pasos y la Virgen del Rocío no tenía nada que ver con el que se registra bajando la Cruz-Verde. O en la Tribuna de los Pobres. Ni siquiera en la curva imposible de Echegaray. Pero era la misma cofradía victoriana la que estaba haciendo inovidable una jornada de Martes Santo atípica. Y era capaz igualmente de recrearse. De gustarse. De disfrutarlo.

Durante toda la tarde, la hermandad estuvo emitiendo un programa en directo a través de su canal de YouTube, recogiendo testimonios de hermanos y personas vinculadas con la institución. 

El hermano mayor, Juan Lupiáñez, mostraba su orgullo detrás de la mascarilla y mostraba las nuevas cartelas del trono de la Virgen, obra de Juan Vega. Al menos las dos del frontal, sobre el que se levantaba el altar efímero presidido por la imagen, bajo la bambalina frontal de su palio y rodeada de flores y claveles blancos. Esos claveles que este año no han sido donados por sus devotos, y que los han cambiado por más de cuatro toneladas de alimentos recogidos el Lunes Santo.

Rescate

En la calle del Agua la capillita quedaba huérfana porque las sagradas imágenes estaban entronizadas apenas unos metros más allá, en la casa hermandad. La cofradía del Rescate, tras la eucaristía, también quiso simular una salida procesional, encendiendo la candelería y los arbotantes de los tronos. La escena de Getsemaní impacta incluso sin pisar la calzada. Es conmovedora, de una teatralidad catequética asombrosa. Un Evangelio vivo bajo el olivo y sobre una de las obras más aplaudidas de Antonio Martín y Francisco Buiza, que estrenaba tres cartelas en el frontal, realizadas por el escultor-imaginero Manuel Martín Nieto.

Las velas de la Virgen de Gracia tuvieron que se apagadas rápido para no oscurecer el palio de la Virgen, una de las joyas del bordado de la Semana Santa de Málaga. El público se mantenía en fila. Llegaban representantes de los colectivos hermanados con la corporación, la visita institucional de la Agrupación, los hombres de trono, que hicieron sendas ofrendas florales, o de las bandas que acompañan a los tronos en Semana Santa... Y Joaquín González, el hermano mayor, era capaz de atender a varias visitas a la vez, y a los medios de comunicación también, disfrutando, por qué no, de un Martes Santo atípico, pero a la vez, histórico.

Sentencia

La actividad en la parroquia de Santiago fue frenética durante toda la jornada. También en la casa hermandad, donde los más pequeños de la cofradía de la Sentencia pudieron preparar sus ofrendas y depositarlas después a los pies de los titulares, en su capilla, por la tarde. Los actos se sucedieron prácticamente cada hora. Oraciones, ofrendas, celebraciones de la Palabra... Hasta que a las 19.00 horas comenzó la eucaristía conmemorativa de la salida penitencial, cuando la visita quedó temporalmente suspendida. Durante la misa actuó la capilla musical Virgen del Rosario, junto a una soprano, desde el coro del templo.

También se recibieron visitas institucionales, como por ejemplo de Francisco Salado y otros diputados de la Diputación Provincial de Málaga, hermana mayor honoraria de la corporación.

A las 21.00 horas se cerraron las puertas de la iglesia y en la intimidad, los miembros de la junta de gobierno participaron en la lectura de la Sentencia de Cristo, según los Evangelios, una particular manera de despedir el Martes Santo, precisamente ante la recreación del lavatorio de manos de Pilato, tal y como fue dispuesto en ese mismo altar cuando el grupo llegó del taller granadino de José Martín Simón para ser bendecido, altar al que se le incorporaron las imágenes de la Virgen del Rosario y de San Juan Evangelista. Una última saeta rasgó las naves de Santiago a cargo de Pepe Trujillo para dar por finalizada un Martes Santo en el que volvió a haber abrazo, aunque no de terciopelo.