Rotundo. Determinante. Contundente. Son cientos los adjetivos que se pueden emplear para calificar cómo se mueve el trono de la Virgen de la Paloma cuando sale en procesión. Aplastante, en una palabra. Una catedral de madera dorada que avanza de manera irrebatible por malagueñas, que arranca en el fuerte de cornetas de los compases de Rafael Hernández que mejor definen la Semana Santa de Málaga y que saben interpretar como nadie la banda de los Verdes de Alhaurín. Que provoca un terremoto devocional con cada mecida de su palio y deja absortos a quienes observan el movimiento acompasado de sus ricas bambalinas bordadas y el crujir de los varales y el chasquido de las cruces de los rosarios sobre las barras, pero sobre todo, a quienes no pierden la mirada a la Virgen de los ojos verdes.

En ellos se condensa todo el aparato externo que la rodea: la luz de la candelería, la cera rizada que la remata, las rosas y orquídeas en las ánforas, los grandes arbotantes en las esquinas y que se han de plegarse en la plaza de San Francisco para salir a la inmensidad de Carretería... Ella es la que llama y atrapa, la que convence, la que persuade, la que enamora. Hasta al alcalde de Madrid, José Luis Martínez Almeida, que volvió a Málaga, como el pasado mes de octubre, para participar en la procesión. "Volver siempre es muy emocionante, pero hoy especialmente", reconocía el regidor madrileño, que ya había estado en la capital malagueña cuatro Miércoles Santo anteriores como concejal. "La vinculación es muy estrecha y queremos cuidarla. En Madrid, la Virgen de la Paloma es nuestra patrona popular", explicaba a los medios minutos antes de que se echara a andar la procesión desde la capilla de la cofradía. Este año, además, junto al jefe de procesión y hermano mayor, Diego Hermoso, Almeida pidió la venia cuando la cabeza de procesión llegó a la Tribuna Principal. La cofradía estrenaba así el nuevo recorrido oficial, al revés de siempre, cuando se reservaba para lo mejor: el paso por la plaza de la Constitución, que antes estaba al final, ahora es ya el principio.

Paloma | Miércoles Santo 2022

Paloma | Miércoles Santo 2022 Ignacio A. Castillo

La salida de los nazarenos del Señor de la Puente fue como recibir un soplo de libertad después de cuatro años sin poder hacerlo: los dos de la pandemia y el 2019, cuando la lluvia frustró también la salida de la cofradía. El Cristo de Miñarro aparecía más elevado sobre la puente, sin que ni el popular 'Berruguita' ni el romano que le azota le hicieran sombra, ganando en presencia como bien se merece el titular, sobre su trono de Guzmán Bejarano resplandeciente, con clásico clavel rojo ejerciendo de monte y flores variadas en morado, conformando el vistoso friso.

La banda de cornetas del Carmen repetía tras el Señor y, tras el Himno Nacional, enlazaba Evocación, toques clásicos para la primera maniobra. Poco faltaba para el milagro que se repite cada Miércoles Santo. El público se impacientaba y empezaba a sacar de sus cajas a las palomas que en pocos minutos iban a ofrecer a la Virgen a su paso. Las más privilegiadas conseguían llegar a la crestería del palio o al manto, que se resistían a abandonar. El alcalde de Madrid también dio los primeros toques de campana y el trono, nada más salir, cambió el entramado urbano de la plaza, haciéndola aún más pequeña. Sonaba el Himno Nacional por 'La Pepa' y a continuación 'La Virgen de la Paloma', de Cristóbal López Gándara. El trono embocó el pequeño callejón y, a paso racheado, sin mecida, salía a Carretería eso sí ya, a sones de malagueñas, rodeada de palomas, entre vítores y aplausos del público que se concentraba en las aceras de esta emblemática vía desde hacía horas para verla y gritarle viva y llamarla guapa.