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Grupos escultóricos de la Semana Santa de Málaga

La Paloma: el prototipo centenario y malagueño de la Puente del Cedrón

El catedrático de Historia del Arte de la UMA, Juan Antonio Sánchez López, estudia el grupo iconográfico de la Puente del Cedrón, un prototipo que es «un tema iconográfico propio» y «una invención de Málaga», que surge en el siglo XVII, influenciada por la literatura mística. El prototipo irá evolucionando tras la invasión francesa, de la mano de Salvador Gutiérrez de León

El grupo escultórico de la Puente del Cedrón, un Miércoles Santo.

El grupo escultórico de la Puente del Cedrón, un Miércoles Santo. / Paloma Segovia

Alfonso Vázquez

Alfonso Vázquez

Para el catedrático Juan Antonio Sánchez López, el de la Puente del Cedrón es «un grupo emblemático», no sólo de la Semana Santa de Málaga, sino de «la Semana Santa mundial».

Además, tiene la particularidad de ser «un tema iconográfico propio; podemos decir que es una invención de la ciudad de Málaga que evoca el trágico retorno de Jesús a Jerusalén después de su captura en Getsemaní, empujado por sus verdugos en dirección a la casa de Anás a través de un imaginario puente elevado sobre el curso del torrente Cedrón».

Su origen hay que buscarlo en el siglo XVII, cuando prende la afición por la literatura mística y religiosa como las ‘Meditaciones de la pasión’ de San Buenaventura, o las obras de los jesuitas Luis de la Puente y Luis de la Palma quienes mencionan «el paso por el Cedrón».

El grupo escultórico de la Puente del Cedrón en San Juan, en 1868.

El grupo escultórico de la Puente del Cedrón en San Juan, en 1868. / La Opinión

Como recalca Juan Antonio Sánchez López, es «el ingenio malagueño» el que le añade el puente, que en el siglo XVII se decía en femenino -la puente- cuando se trataba de uno de pequeñas dimensiones. Hay que resaltar que el Cedrón «es un torrente que se puede cruzar a pie sin necesidad de una pasarela, aunque se añadiría por cuestión de decoro sacro para dignificar la escena.

De todas formas, el puente sí que figura como «elemento paisajístico en composiciones pictóricas flamencas e italianas del siglo XV, pero no como elemento propio de una escena de la Pasión como sucederá en la escultura procesional de Málaga».

Aprovechar los intermedios

La aparición del paso por el Cedrón, remarca el experto, se explica por la frecuencia con la que la literatura mística aprovecha «intermedios o vacíos argumentales entre los grandes pasajes para introducir reflexiones o evocaciones piadosas en torno a situaciones especialmente dramáticas donde quedan más de relieve la mansedumbre y la indefensión de Cristo».

Y así, apresado el Señor en el huerto, para ir a Jerusalén tiene que cruzar el Cedrón, algo que no está demostrado; «pero bien que pudiera haber sucedido y, de hecho, tuvo que suceder».

En este sentido, la Semana Santa de la ciudad siciliana de Trapani cuenta con el paso de la ‘Caduta’ (la caída) de Jesús en el Cedrón (sin puente en este caso), perteneciente al gremio de navegantes, que surge de una consideración y una sensibilidad religiosa similar al misterio malagueño.

Trapani (Italia), la Caída o 'Caduta' al Cedrón.

Trapani (Italia), la Caída o 'Caduta' al Cedrón. / Facebook

Además, en las constituciones originales de la Hermandad, de 1655, aparece entre sus fundadores Juan de Ovando Santarén, «uno de los grandes poetas culteranos y del barroco andaluz», un dato que para el catedrático supone «una conexión evidente» con esa influencia de la literatura mística.

La evolución iconográfica

Otra particularidad es que, gracias a la documentación histórica de la Hermandad de la Paloma, se sabe que, en esos inicios, «el Señor estaba solo en el trono, que además se sabe era de talla dorada con ocho ángeles niños».

El titular, algo muy clásico en el XVII, iba acompañado delante del trono «por judíos vivientes que formaban una levantisca cuadrilla con carátulas en el rostro y ataviados con vistosos morriones».

El grupo escultórico de Gutiérrez de León de la Puente del Cedrón, en los años 20 del siglo pasado.

El grupo escultórico de Gutiérrez de León de la Puente del Cedrón, en los años 20 del siglo pasado. / La Opinión

Como recuerda el académico de San Telmo, fue a raíz de la invasión francesa, al desaparecer el Cristo primitivo y encargarse la nueva talla a Salvador Gutiérrez de León, cuando entre 1810-1815 se realiza el primer grupo escultórico con las tres figuras clásicas: Cristo, el Berruguita y un soldado romano. La obra, que consagró definitivamente la iconografía de la Puente del Cedrón, fue destruida en los incendios anticlericales de 1931.

Lo bello y lo feo

Del grupo del imaginero malagueño, Juan Antonio Sánchez López llama la atención sobre la ‘kalokagathía’, el concepto griego que establecía «la conformidad formal entre lo bueno y lo bello», algo que se trasladó al arte cristiano desde la Edad Media y que consiste en asociar el aspecto físico con el interior del individuo.

De esta forma, lo malo era a su vez «lo feo, grotesco y monstruoso que asocia, sobre todo al Berruguita, características físicas nada agraciadas como reflejo de su alma carente de todo atisbo de nobleza».

El contraste entre el Berruguita y Jésús de la Puente del Cedrón.

El contraste entre el Berruguita y Jésús de la Puente del Cedrón. / La Opinión

El concepto se aprecia con claridad en la «antítesis» entre la imagen de un Cristo «muy frágil y delicado», y las dos figuras que le acompañan, en especial el Berruguita.

Otro aspecto interesante que debe destacarse de este primer grupo escultórico es que Gutiérrez de León plantea las figuras, que eran de talla completa, «con un toque castizo y pintoresco» muy relacionado con la estética de los barros malagueños que hacían furor entre los viajeros extranjeros desde finales del XVIII, incluso como souvenir turístico.

Tras la Guerra Civil, José Navas Parejo recibe el encargo de reproducir el grupo, y hay «un interés extraordinario en que fuera lo más fidedigno posible al de Gutiérrez de León».

El trono de la Puente del Cedrón sale de su casa hermandad.

El trono de la Puente del Cedrón sale de su casa hermandad. / Eduardo Nieto

Por cierto que, en realidad, el autor del nuevo Berruguita fue Antonio Cano Correa, un escultor sevillano que por entonces trabajaba en el taller de Navas Parejo.

Con la llegada de la nueva y soberbia talla del Cristo en 1988, obra de Juan Manuel Miñarro, el contraste entre Jesús de la Puente del Cedrón y las figuras secundarias «se acentúa más», remarca el académico de San Telmo, que también apunta que, con los años, el puente pasó de colocarse de horizontal a longitudinal en el trono.

Como última curiosidad, la Hermandad de la Milagrosa de Sevilla ha mimetizado y transferido «literalmente» el esquema iconográfico de Málaga, el prototipo más único y acabado del asunto, en el núcleo argumental de su paso de misterio de Jesús de la Esperanza en el Puente Cedrón realizado por José Antonio Navarro Arteaga hacia 2008, informa el catedrático.

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