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La Sangre se hace aún más grande en la tarde del Miércoles Santo de Málaga

La salida vespertina favoreció el lucimiento del Cristo de la Sangre y la Virgen de Consolación y Lágrimas, que destacaron por la precisión en sus maniobras y la estética de sus imágenes

Miguel Ferrary

Miguel Ferrary

Trabajar en la Semana Santa de Málaga no siempre es una oportunidad. A veces uno está sujeto a las exigencias de lo que hay que hacer y no de lo que uno quiere hacer. Es un peaje que hay que pagar por disfrutar las procesiones en una posición privilegiada. Hay que reconocerlo. A cambio se está pendiente del horario a cumplir, el plan establecido, el cierre de páginas (sí, todavía se editan periódicos en papel) y actualizar el directo, obligando a mirar demasiado hacia abajo y poco hacia arriba. Por eso tenía ganas de ver a la Sangre este Miércoles Santo. El año pasado no pude ver su salida procesional por la tarde. En ese momento estaba en El Rico y el don de la bilocación, de estar en dos sitios a la vez, no lo tengo muy desarrollado, por mucho que intente imitar al fotógrafo Eduardo Nieto. He de reconocer que iba con muchas expectativas. Y que se vieron cumplidas.

Viendo a la Sangre maniobrar para entrar en Tejón y Rodríguez se me vino a la memoria -en uno de esos tontos juegos de palabras que a veces hacemos los periodistas- la frase de 'la letra con la sangre entra'. En este caso para decir: "la curva, con la Sangre entra". Qué espectáculo y qué forma de llevar dos tronos nada sencillos, en una curva que es una trampa si no se hace bien. Los mayordomos de Cristo y de la Virgen, cada uno en su momento, coincidieron ambos en definir la entrada en esta calle con una palabra: "curvón". Lo fueron.

Tejón y Rodríguez

Pero volvamos al principio. Bajaban los primeros nazarenos de Salesianos por Carretería, después de salír de la calle Ollerías, cuando el cortejo de la sección del Cristo de la Sangre se desplegaba en dirección a la plaza del Teatro, el pequeño rodeo obligado para dar paso a la cofradía capuchinera. La salida del trono de la Sangre fue todo un ejemplo de cómo dar una curva. De curvas les vas a hablar a la Sangre, que parece que todos llevan un compás para trazarla. Lo mismo ocurrió con Consolación y Lágrimas, con una maniobra compleja, con un giro de 180 grados que llevó a la Virgen también a la plaza del Teatro, parando cerca de la Librería Proteo.

En ese tramo, entre la librería y la salida de Tejón y Rodríguez con Carretería se comprimió la procesión. Nazarenos muy juntos para que entrara todo el cortejo en ese tramo, mientras pasaba la procesión de Salesianos bajando delante de ellos. Cuando el Cristo de las Penas dejó sitio, pudo avanzar el cortejo de nazarenos rojos por una abarrotada calle Carretería. Detrás, el trono del Cristo esperaba que se hiciera espacio para comenzar la maniobra. Dos toques de campana y hombros al varal. Otro más, y el trono se eleva. Las imágenes del trono se mueven, pero no mucho. Los portadores se mueven con suavidad. Pasos cortos y muy lentos. La Agrupación Musical Vera+Cruz de Campillos comienza a interpretar la marcha 'Sangre en tus clavos', que enlazará con 'Duodécima estación'. El trono se mueve con precisión. Los capataces dan las órdenes justas a los portadores: "suene lo que suene, vamos a lo nuestro". La cabeza de varal pasa cerca de la pared de enfrente, mientras que el varal izquierdo va dando pasos hacia su lado para enderezar el trono. Todo con suavidad. Sin perder el ritmo, sin rectificar. Terminan la curva y siguen andando hasta mitad de la calle. Curvón.

Luego le tocaba el turno a la Virgen de Consolación y Lágrimas. Bajó a tambor la plaza del Teatro, reservando fuerzas para la curva que les esperaba. El trazado es engañoso, porque tiene un leve desvío que obliga a calcular bien el giro para no fallar. El trono se baja a la altura del supermercado Mas que hay en la zona. Los hombres de trono respiran y cogen fuerzas. De nuevo las campana los convoca y empieza a sonar 'Margot', por la Banda de Música de Zamarrilla. De nuevo el trono empieza a trazar la curva con precisión, sin tirones raros, todo es suave y fácil. Encaran Tejón y Rodríguez con solvencia. Alguno pensará que no era para tanto, pero esa es la virtud de estos dos tronos: hacer que lo complicado, lo que te hace dudas y sudar la gota gorda, parezca fácil. Y con dos tronos que no son precisamente pequeños. Curvón.

Una tarde que le favorece

Salir por la tarde le favorece a esta cofradía. El trono del Cristo de la Sangre destaca y aguanta sin despeinarse el escrutinio del entendido. La forma de vestir a las figuras del grupo escultórico a cargo de Francisco Miguel Navarro Arjona les ha hecho ganar en peso y realzar un conjunto, que se encuentra bajo el sol. Merece la pena tener el máximo de luz para disfrutar de todas las imágenes, que han dejado de ser meras secundarias a tener una mayor importancia para darle dramatismo a la escena.

Lo mismo ocurre con la Virgen de Consolación y Lágrimas, que con un exorno floral contenido, luce el trono a una hora mucho más tempranera. La Virgen iba con un rostrillo de encaje perfectamente ajustado y realzando su condición de Reina.

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